Opinión

Hoyo en uno, que son dos… en siete meses

Cuando un periodista le dijo a Miguel Ángel Jiménez, tras embocar un preciosos eagle -creo que en Augusta con un golpe de más de doscientos metros- que eso era pura suerte, el malagueño, con su habitual sorna, explicó:
-Desde luego… pero hay  que mandar la bola más o menos por donde está el hoyo
Tenía toda la razón pero desde luego ese no es mi caso. Yo creo que en mis veinte años de jugador de Golf, jamás he mandado la bola donde yo quería… ¡hombre! con quince metros de error hacia derecha e izquierda quizá sí pero en casos excepcionales, en los que me digo a mi mismo
-¡Que golpazo!
Es lo que tiene esto. Pero vayamos al grano, lo que intento decirles es que mis dos hoyos en uno son fruto de la más evidente casualidad que me han producido una mezcla de satisfacción y pudor.
El caso es que después de tanto tiempo jugando sin hacerme más que hoyos en siete u ocho golpes, en los últimos siete meses he hecho dos hoyos en uno y además en el mismo par tres de Somosaguas, el 7.
La suerte es que en los dos casos jugaba con amigos. El colmo de la mala suerte es que un evento de esta magnitud te pille jugando solo, luego no hay quien te lo crea, es más yo no se lo hubiese contado a nadie.
El primero fue un buen golpe con la madera siete, recto, alto y que alcanzo mi única aspiración, llegar a green, pero la bolita siguió rodando hacia la bandera y desapareció.
Yo me quedé sin saber ni que hacer ni que decir, para mi que había entrado pero quien era capaz de decir tal cosa, fue uno de mis compañeros, Juan Luis Morandeira el que me dijo:
-Creo que ha entrado
No lo se – respondí sin poderme creer lo que creía.
Y llegamos a la bandera y mi otro compañero, Álvaro Alepuz confirmó:
-Está dentro.
Felicitaciones, alegría, invitaciones y compromiso:
Esto me lo tenéis que firmar– les pedí y guardé la bola para nombrarla, solemnemente, bola emérita.
Y siete meses después… esa si que fue una carambola bochornosa.
Jugaba con Gonzalo Vallejo, Félix Cabañas y Federico de Juan. Al llegar al hoyo 7, en Somosaguas, mi club madrileño de toda la vida, alguien, no fui yo, comentó algo de los hole in one y entonces yo sí dije que en ese hoyo yo tenía esa hazaña. Federico contó:
Ni me he hecho hoyo en uno ni he visto a nadie hacerlo.
Y salió el primero llegando a green.
Así se hace hoyo en uno, llegando a green  – comenté mientras me preparaba para dar el golpe.
Y lo di, y lo de siempre, pendiente de descolgar los brazos y no mover la cabeza deje quieta la cadera y la bola me salió hacia la izquierda, voló sobre una hilera de árboles, comenzó a abrirse llegó a green y entró.
Los que estaba en el tee del 8 comenzaron a aplaudir y yo a sentir un enorme pudor pues esa bola había merecido más engancharse en un árbol, salirse de límites o perderse entre las bolas del campo de prácticas, porque esa bola no la había mandado más o menos donde estaba el hoyo
Pero este deporte es así, por eso volvemos un día y otro a dar golpes como se puede. Por supuesto que guardé la segunda bola y también fue nombrada bola emérita.
Para la ocasión elaboré unos diplomas a fin de que fueran certificados ante los demás y ese documento fue firmado generosamente por los testigos. Hasta ahora lo tenemos Basilio Rogado, nunca me hubiese atrevido a hacer hoyo en uno sin que antes lo hubiese hecho mi director, y yo.
¡Bueno! pues está bien que te pasen cosas como estas ¡caramba!
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