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McIlroy rectifica y pide al PGA Tour, al DP y al LIV que se sienten a negociar

Dicen que de sabios es rectificar, aunque sería mejor intentar no caer en el error en muchas ocasiones y, por si acaso, no hablar más de lo necesario para luego no tener que pasar por el bochorno de explicar que «donde dije digo, digo Diego». Le ha pasado en ocasiones a Sergio García y, en esta ocasión, le ha sucedido a Rory McIlroy, número 1 del mundo, convertido en «portavoz/defensor» del PGA Tour frente al LIV Tour saudí, que no ha parado de despotricar contra los responsables del LIV Tour, en especial contra Greg Norman, la cabeza visible del circuito saudí, del que llegó a pedir su dimisión porque vino a decir, más o menos, que no sería interlocutor válido.

En opinión del número 1 del mundo, que no participa esta semana (5-8 enero) en el Torneo de Campeones del PGA Tour, a pesar de haberse proclamado adalid del circuito norteamericano, y que ha cargado con furia contra los jugadores que han apostado por el LIV Tour saudí, el PGA Tour, el DP World Tour y El LIV Golf Invitational Series van a tener que llegar a un acuerdo parece cosa de sentido común. Ahora, el norirlandés ya no critica a esa decena de los mejores jugadores del mundo que han preferido unirse al LIV Tour -para ganar más dinero, todo hay que decirlo, pero en aras de su libertad profesional-, ni pide la cabeza de Sergio García, ni de Greg Norman, sino que es partidario de que entre los circuitos haya un diálogo lo más rápidamente posible.

Según ha declarado McIlroy, el golf profesional «está cada vez está más fracturado y 2023 parece que va a ser un año muy importante a la hora de que este distanciamiento entre los tres grandes circuitos mundiales pueda solucionarse. «Creo que no hay más tiempo que perder, el PGA Tour y LIV tendrán que encontrar un compromiso y hablar por el bien de nuestro deporte».

Atrás han quedado las diatribas e, incluso los insultos contra los profesionales que han querido jugar con la liga saudí y que han sido «castigados» por el PGA Tour, con una expulsión inmediata y una actitud prepotente, ante una situación que el propio circuito americano ha convertido en normal, cuando se refiere a atraer a los mejores de los circuitos menores -europeo, asiático y sudafricano- gracias a los premios que conceden sus torneos, infinitamente superiores al resto.

Cuando eso mismo lo ha hecho el Circuito saudí, el PGA ha montado en cólera. Y no ha sabido reaccionar de otra manera que con la punición y el escarmiento. Y así les va; su propio «representante» en la tierra, Rory McIlroy, ha izado las velas y se ha colocado a favor del viento. Si hubiera sido más prudente en sus declaraciones, ahora no tendría que arrastrarse y rectificar, lo que los más prudentes han dicho siempre: hay que dialogar porque si no, el golf va a encontrarse en un callejón sin salida. Ya lo dijo Jon Rahm, cuyas declaraciones siempre han sido moderadas e inteligentes: «cada jugador es dueño de jugar donde quiera». Y lo dijo no solo en defensa de Sergio García, sino de todos sus compañeros. El español ha elegido el PGA Tour, y lo ha hecho en uso de su plena libertad.

Lo cierto es que, como ha sugerido McIlroy, «no hay más tiempo que perder. El PGA Tour y LIV tendrán que encontrar un punto de encuentro y hablar por el bien de nuestro deporte».

Y es verdad que hay mucho que dialogar y que mejorar, porque el LIV Tour es un advenedizo y se ha convertido en los Globetrotters Troters del golf. Los saudíes tienen el dinero, público, por cierto, pero el PGA, el DPO World Tour e, incluso, el Asian Tour y el circuito sudafricano, tienen la organización, la base de la que surgen todos los jugadores, mejores y peores, sin la cual no es posible que existan los circuitos profesionales. Aunque no deja de ser un tópico, la unión debe hacer la fuerza para que el golf siga siendo el deporte más deseado del mundo, tanto por los profesionales, como por los aficionados.

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