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El material de golf y la sostenibilidad de los campos

Hace pocas semanas Bill Bushman publicaba en Golf Course Industry Magazine el artículo Lean & Green: Golf’s future – Real environmental impacts en el que exponía una serie de interesantes reflexiones que personalmente comparto casi en su totalidad.
El autor comentaba la relación que existe entre el material de golf actual (sus características y prestaciones) y los campos de golf (tanto las valoraciones de los campos clásicos como las exigencias de los nuevos diseños), enfocándola a la incidencia que el material tiene sobre los diseños de los campos. Reflejando una de las ideas principales, si tenemos en cuenta que el vuelo de la bola actual es bastante más largo que hace 50 o 100 años se puede entender que los actuales diseños de campos deban ser cada vez más largos y anchos, con las implicaciones ambientales que ello conlleva (mayor ocupación de terreno, mayor consumo de materiales, mayores necesidades y costes de mantenimiento, etc.). El Open de 1873 se jugó en el Old Course de Saint Andrews midiendo 5.748 metros, el de 2010 sobre el mismo campo pero ya con 6.648 metros.
¿Es correcto este planteamiento “de cada vez más y más largo”? ¿Es sostenible? Algunos jugadores llevan ya un tiempo planteando que se ha perdido la esencia del golf, el toque, la habilidad, la destreza, que ya sólo vale el partirla en el tee. Los diseños actuales y las remodelaciones que se están desarrollando en algunos campos clásicos (los cambios anti-Tiger de Augusta, las yardas ganadas a algunos tees de links escoceses) tratan de combatir a los espectaculares avances tecnológicos del material moderno. Muchos hoyos par cinco en campos de todo el mundo son asequibles para jugadores amateurs pegando driver y madera tres, o driver y hierro.
Alargar y/o ensanchar los campos no debería ser la solución. Muchos recorridos están encajados en sus territorios, delimitados por bosques, humedales, ríos, dunas, calderas volcánicas u otros elementos naturales que les confieren un valor especial y harían imposible e inaceptable su ampliación. El coste ambiental de estas actuaciones sería mucho mayor que los beneficios, además de alimentar la imagen depredadora de recursos naturales que tiene la industria del golf en gran parte del planeta. Organizaciones como la USGA o la Royal & Ancient deberían valorar esta carrera entre material y campos, por ejemplo limitando la distancia máxima de los nuevos recorridos y desarrollando otras normas como las recientes de las estrías en los wedges (para promocionar la precisión del driver en calle) o del coeficiente de restitución en los drivers (para limitar la distancia conseguida).
La actual industria del golf posee muchas herramientas para trabajar, muchas áreas en la que continuar desarrollándose y muchas opciones entre las que elegir su futura orientación, sería de esperar que las variadas iniciativas lanzadas desde diversos sectores contribuyan a alcanzar un equilibrio entre tecnología y sostenibilidad ambiental.
Alejandro Rodríguez Nagy
Biólogo – Consultor Ambiental 
alejandrorodrigueznagy@eoi.es

La foto del Real Club de Golf de Las Palmas es del autor de este informe.

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