Opinión

De raf en raf: Un obús, mas… alelado

Estaba yo tecleando
y me preguntó Rogado
si le escribiría en prosa
o en un verso bien rimado.
Saltóme la duda al punto
¿lo haré bien, o será malo?
el verso digo, no el cuento
pues casi nunca lo hago.
Así que, junte mis fuerzas
las pocas que habían quedado
tras recordar aquel día
de un comienzo malhadado.
Fue en Portugal, a fe mía
un lugar por mí adorado,
estando yo con el driver
en aquel tee aposentado.
Era el uno, nada menos,
el público había llegado
y el spiker recitó:
“En el uno, don Laureano”
Tomé el driver tembloroso,
me cimbreaba en la mano
y me dispuse a asestar
un golpe siempre soñado.
Planté la bola en el tee
miré de reojo al lado
y allí sólo había silencio
sonar que me dejó helado.
Dispuse un stance abierto
tomé aquel palo en la mano,
dibujé un violento swing,
quizá un punto demasiado
y aquello fue el acabose
y aunque muertos no hubo, al cabo
aquella bola maldita
salió como un buey alado.
Voló, sí, la muy ladina
tocada de medio lado
hacia una vecina red
que protegía un tejado.
Subió la bola por ella
como un obús alelado
y bajó, luego, después
yaciendo, allí, justo al lado.
Esas son las consecuencias
del jugador presionado
cerrado su entendimiento
como si un recio candado
le aprisionara las mientes,
le aflojara el brazo armado.
Aquel episodio raro
fue una lata, voto a bríos
que hizo que en aquel tee
la risa corriera a ríos,
para vergüenza y oprobio
de aquel golfista, ¡qué tío!
que en el tee del uno quiso
imitar, válgame el cielo,
el swing de Seve, ¡Dios mío!
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