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Bryson DeChambeau y su moraleja tras el Masters: no es distancia todo lo que reluce

(En la imagen de archivo, Bryson DeChambeau, todo un ganador… pero sin Chaqueta Verde).

LA MORALEJA DE LA DISTANCIA

Este atípico Masters de otoño nos ha permitido contar, entre otras cosas, con una moraleja: «no es distancia todo lo que reluce». Bryson DeChambeau venía a ganar de calle este Masters. Hasta el mismo lo decía, aplaudido por los más incondicionales; se había preparado a conciencia para la ocasión: le pegaba al driver más que nadie, se puso más fuerte que un toro y… al fin y a la postre al terminar la cuarta ronda (70, 74, 69 y 73) acumuló un -2 y acabó en el puesto 34, a ¡¡¡18golpes!!! del ganador. Y, aunque para él fuera una excusa, la pérdida de una bola en el hoyo tres, la segunda jornada, que le supuso firmar un siete en la tarejeta, no fue lo que le dejó fuera de combate, sino su supuesta superioridad en un deporte en el que la humildad es imprescindible para competir. No cade duda de que el «físico loco» va a ganar muchos torneos durante su carrera deportiva, pero de ahí a pensar que en el golf todo se consigue a base de palos, va un abismo.

Y es que no es «distancia too lo que reluce», insisto. En la segunda ronda, que se terminó en la mañana del sábado, Danny Willet rompió su driver e inició la «jornada del movimiento» con la madera tres. Empezó sus 18 hoyos con un doble bogey, pero sin driver y con la madera tres como «macho alfa» firmó 66 golpes, seis bajo el par del campo… Y sin pegar «golpazos» de 350 metros desde la salida. Moraleja: «el que mucho alarga… poco llega», versión más o menos golfística del popular «el que mucho abarca, poco aprieta».

Al golf se puede ganar -y perder- de muchas maneras, pero lo importante, aparte de pegarle bien a la bola y saber elegir en cada momento qué golpe es el necesario para hacer menos, es tener una mente lúcida en cada momento de un partido. El golf es un deporte endiablado -«el golf y la madre que lo parió», en el que la paciencia y una mente bien organizada son fundamentales. Un profesional no debe -puede, pero no debe- dejarse llevar por un problema concreto durante una vuelta. Hay que ir hoyo a hoyo y olvidarse, tanto de los malos momentos, como de los buenos, porque cualquier cosa, buena o mala, puede repetirse a lo largo de tantas horas en el campo. DeChambeau se hundió en el hoyo 8 de la segunda jornada, al perder su bola en el rough y firmar un triple bogey. ¡Pero aún quedaban 46 hoyos para finalizar el Masters! Si se hubiera olvidado de ese incidente podría haber luchado por la victoria, o el top ten, el domingo. Prefirió esconderse tras su mala suerte, en lugar de pensar en las muchas posibilidades que aún le quedaban.

Es fácil decirlo, pero siempre hay que mirarse en el espejo de los mejores y no pararse a rumiar la desgracia y compadecerse de uno mismo. Hay que pensar en lo que hacen los grandes deportistas como Tiger Woods, capaz de hacer un diez en un hoyo (el doce, par tres de Augusta, y luego terminar con ¡¡¡¡CINCO BIRDIES!!!! en los seis últimos hoyos, cuando no le valían para nada ya que terminó (-1) a 19 golpes del ganador.

Pero Tiger no bajó la guardia y, aunque ya no le servían para nada, en lo que a la clasificación en el Masters 2020 se refiere, tuvo la gallardía de enfrentarse a su propia desgracia y terminar como el GRAN CAMPEÓN que es.

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