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BEN HOGAN Y EL “MILAGRO DE MERION”

(En la imagen, la placa que conmemora, en el hoyo 18 del Merion G.C. la hazaña de Ben Hogan al ganar el US Open, en 1950).

El accidente de Tiger ha hecho que muchas personas recordaran el que tuvo Ben Hogan, en 1949, cuando viajaba en coche, la mañana del 2 de febrero, con su mujer, Valerie, camino de un torneo en el que debía participar esa semana.

Debido a la niebla, Hogan circulaba a escasa velocidad, pero un autobús que circulaba en dirección contraria se atravesó en su carril y el golfista giró el volante a su derecha y, a la vez, se echó encima de su mujer, lo que le salvó la vida… y la suya, porque la barra de la dirección se clavó en el asiento del conductor, en una época en la que los automóviles no llevaban airbag.

El matrimonio fue trasladado a un hospital de El Paso, en Texas, cerca de donde se produjo el accidente. El peor parado fue el golfista, cuyo parte de daños no dejaba mucho margen a la esperanza: doble fractura de pelvis, una clavícula rota, fractura del tobillo izquierdo, dos costillas astilladas, múltiples coágulos y otras complicaciones hematológicas que acabarían forzando a ligar la vena cava.

MAL PRONÓSTICO

Y el pronóstico tampoco era nada esperanzador. Los médicos le aseguraron que nunca se recuperaría del todo que, desde luego, no podría volver a jugar al golf y que, hasta era posible que terminara en una silla de ruedas. Afortunadamente, ese no fue el final de su carrera ya que, poco tiempo después los médicos le dieron mejores noticias, aunque no tan buenas como el golfista hubiera querido: “podrá volver a caminar y a llevar una vida relativamente normal, pero las lesiones le impedirán pasar excesivo tiempo de pie y sentirá el cansancio con mayor rapidez.

En 1949, Ben Hogan (1912-1997) tenía 37 años y ya había ganado más de treinta torneos en el PGA Tour, incluido un Grande. Dieciséis meses después de su terrible accidente, en 1950, el mítico jugador texano, conquistó el Open USA, su segundo Major, en Merion, Pensilvania, donde una placa en el hoyo 18 recuerda su hazaña.

Aunque no se puedan comparar los dos accidentes, ni el físico de ambos golfistas, debido al paso del tiempo, a las nuevas técnicas médicas y al avance de la cirugía, y a la fabricación de los automóviles, es cierto que Hogan tenía 37 años y no había sufrido la cantidad de operaciones que llevaba Tiger sobre su cuerpo antes de esta última, y que tiene 45 años.

De todos modos, si Hogan pudo, dieciséis meses después de su grave accidente volver a ganar un Grande, no hay que perder la esperanza en cuanto al ex número 1 del mundo.

FUERTES DOLORES Y 36 HOYOS EN UN DÍA

Si se llegó a denominar “el Milagro de Medinah” a la victoria de Europa en la Ryder Cup, en 2012, cuando el equipo del Viejo Continente lo capitaneaba Chema Olazábal, con mayor motivo se llamó “el Milagro de Merion” a la victoria pírrica de Hogan en el US Open de 1950.

Hogan tardó dos meses en salir del hospital y, aunque las lesiones le habían dejado secuelas en las piernas y fuertes dolores con los que tuvo que convivir hasta su muerte, empezó con una dura rehabilitación que le llevó a caminar con cierta facilidad a finales del verano de 1949, tanto es así que la PGA le nombró capitán del equipo norteamericano de la Ryder Cup que, ese año, derrotó (7-5) a los británicos -entonces aún no se había incorporado el resto de Europa-.

A principios de 1950, Hogan volvió a la competición; al principio solo jugaba torneos por invitación donde no tenía que esforzarse al máximo, pero cuando se acercaba el US Open, se atrevió a inscribirse. Era el mes de junio y a los expertos comentaristas les pareció una locura.

HIERRO UNO PARA UN FINAL APOTEÓSICO

El comienzo del torneo, que se celebró en Merion, en la localidad de Ardmore, en Pensilvania, no fue el mejor posible ya que se quedó a ocho golpes del líder; pero en la segunda jornada ya era quinto, a solo dos golpes del primero. Lo malo venía después.

El reglamento del torneo preveía que el sábado fuera la última jornada y debían disputarse 36 hoyos, lo que haría imposible -según los expertos- que Hogan pudiera aguantar… pero lo hizo, vaya si lo hizo: Dieciocho hoyos por la mañana y otros dieciocho por la tarde… y pudo con ellos… a pesar de los tremendos dolores que le provocaba tal caminata.

Tras los primeros 18 hoyos, Hogan seguía tercero, a dos golpes de la cabeza; pero por la tarde firmó… la peor vuelta de las cuatro y, a pesar de eso, en el hoyo 18, el 36 del día, envió la bola al green con un hierro 1, y logró empatar con Lloyd Mangrum y George Fazio, con los que tuvo que salir a jugar un play off el domingo. Y ya no hubo más que un jugador: Ben Hogan, que logró su segundo Major, de los nueve que ganó a lo largo de su carrera.

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