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Tiger Woods: I aniversario del 27-N. El drama, un año después, resumido en dos romances y un soneto

Del 2 al 5 de diciembre se celebra, como es tradicional desde hace varios años, el Chevron World Challenge, un torneo benéfico que organiza la Fundación Tiger Woods, cuyos beneficios van destinados a los jóvenes necesitados de ayuda. Participan 18 jugadores que se disputan los 5.000.000 $ en premios, de los cuales 1.200.000 $ son para el ganador. El año pasado, el vencedor fue Jim Furyk y Tiger no disputó el torneo por razones obvias, dadas las fechas en las que se celebra.
Este año, sin embargo, Tiger vuelve al campo de las afueras de Los Ángeles, diseñado por Jack Nicklaus (par 72 de 6.300 metros), el Sherwood Country Club, donde no encontrará a Robin Hood en los bosques del mismo nombre que el campo de golf californiano, pero sí espantará a muchos de los fantasmas que estaban en su mente ahora hace un año. 
EL DÍA DESPUÉS
 
Este es el primero de los romances escritos por Basilio Rogado tras el “accidente” de automóvil de Tiger Woods en su casa de Florida. En el primer aniversario de fecha tan señalada en el mundo del golf, www.golfinone.es lo recuerda en dos romances: el primero de los publicados y el último, tras el divorcio millonario de la pareja
     ROMANCE DEL TIGRE DE MADERA
(I ACTO)
Era el Tigre de Florida
por sus hazañas temido,
no había golfista en el mundo
que le quisiera enemigo.
Desde Augusta hasta Pekín
y de St Andrews a Vigo,
todos temblaban de miedo
al verlo tan aguerrido.
Al entrar al tee del uno
ya se daban por vencidos
y sabían de antemano
que nadie había conseguido
derrotar a ser tan bueno,
en lo humano y lo divino.
Los niños, en su candor,
adoraban al felino
y los padres, embobados
como ejemplo le han tenido.
Pero un día de noviembre,
veintisiete por mal sino,
el ídolo se derrumba
en medio del desatino.
Descalzo y en plena noche
por su mujer perseguido,
el Tigre busca escaparse
huyendo despavorido.
Con un hierro cinco dicen,
o un siete, que es más preciso,
doña Elin, la gran burlada
revancha tomarse quiso.
En su precipitación
el Tigre tomó el olivo,
que no era burladero,
sino finca de un vecino.
Mas dura fue la caída
y en el hospital amigo
le restañaron con puntos
de sutura, por supuesto,
no del stableford mismo.
Más bogeys que birdies hubo
en la cara del herido
pero a las pocas jornadas
era el Tigre redivivo,
ya no de ébano puro
sino de madera pino.
Aquí no acaba la historia
sino que empieza el peligro
y aquel ser tan especial,
tan rico y tan buen marido,
se convierte en un bellaco,
en un gran desconocido.
Ni sus amigos entienden
ese cambio producido:
el esposo Mr. Jeckyll
en Mr Hyde convertido,
con las cartas boca arriba
ahora hemos conocido
al tigre que no rugía
mujeriego y atrevido,
otro hombre diferente,
jugador y desprendido
que se dejaba los cuartos
en los bares y casinos.
no eran bienes gananciales,
según luego hemos sabido,
pero al fín dineros eran
que salían del mismo sitio:
los greenes y los anuncios
y de los torneos, los fijos.
¿De dónde sacaba el tiempo
tan popular y tan visto
para compartir gimnasio,
golf, amigas y buen tinto?
Algún día lo sabremos,
Si el tigre vuelve al recinto
porque hasta su entrenador
cree que es difícil seguirlo,
tanto como a Bin Laden,
también desaparecido.
Ya son muchas las jornadas
que lleva el Tigre perdido.
Y como el mal está hecho,
si es un mal lo acontecido,
-que ahora ya no se sabe
si el mal y el bien son distintos-
esconderse como un ave
tiene muy poco sentido.
Salga el Tigre de la jaula
y cuente lo sucedido.
No hay mal que por bien no venga
y el público, agradecido,
sabrá perdonar las faltas
que el personaje ha tenido:
los hombres porque son hombres;
las mujeres, por instinto
de conservación primero,
por interés lo segundo.
Aquí sí acaba la historia
aunque con punto y seguido
que Tiger debe volver
a pagar con pajaritos
todo el daño que le ha hecho
a su mujer, a sus hijos
y, además, al medio mundo
que ama al deporte del golf
más que se ama a sí mismo.
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En julio de 2010, Basilio Rogado escribió que "Tiger no volverá a ser el mismo hasta que no solucione sus problemas personales".  En agosto llega la noticia de su divorcio que, al parecer le costó al golfista entre 70 y 100 millones $.
Al final, todo era cuestión de dinero. Tiger no quería darle 300 millones $ a Ellin Nordegren, su mujer, y estuvo a punto de tener que pagarle 750 millones, lo que suponía el divorcio más caro de la historia de la humanidad. Además, Ellin quería la custodia de los dos hijos, a los que Tiger no podriá presentar a ninguna otra mujer, a no ser que fuera su nueva esposa. La sueca se quedaría con la casa de Orlando, donde empezaron los incidentes, el 27 de noviembre pasado y la residencia de ambos en Suecia. Al final, parece que han sido "solo" entre 70 y 100 millones $, lo cual no está nada mal.
Todo este asunto dio pie a Basilio Rogado para escribir el siguiente soneto que fue premonitorio.
LA GRAN DECISIÓN DE TIGER (SONETO)
(II ACTO) 
En el amor no hay nadie imprescindible
y el sexo se convierte en un calvario
cuando solo queda el cariño diario
y la pasión resulta un imposible.
 
Si la vida conyugal es insufrible
y tu ardor se transforma en un bestiario,
al afecto le queda un telediario
y solo hay una solución posible.
 
Cualquier transición es dolorosa,
y separarse deja alguna herida,
aunque peor es una vida pesarosa.
 
Tienes, Tiger, que tomar una medida,
paga, olvida y pon pies en polvorosa:
¡Y deja un cheque al salir de estampida! 
Estrambote:
Y luego, Tiger, indiferente,
requirió el putt, miró la caída y preparó la jugada.
Embocó, la bola, claro, como si no hubiera pasado nada.
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Después de su separación Tiger Woods se fue a vivir a Nueva York, al sur de Manhattan, mientras su ex mujer y los dos hijos vivirán entre Florida y Suecia. Todavía no ha vuelto a ser el que era, pero pronto recuperará la confianza y con el tiempo, que todo lo olvida, volverá a ser el Nº 1 en el deporte del golf.
 
ROMANCE DEL TIGRE DE MADERA
 
(III Acto)
 
Una casa en Nueva York
y este cuento no ha acabado,
que no ha hecho más que empezar
cuando Tiger se ha instalado
en un ático de lujo
en un lugar afamado:
Manhattan es una isla,
pero no hay un fracasado,
un Robinson, un Crusoe,
que allí haya naufragado.
Tiger Woods, al final,
vida nueva ha comenzado,
dejando atrás la Florida,
donde la historia ha quedado
detenida en un segundo
con un coche golpeado
contra una boca de riego
que le dejó amoratado,
no solo en sus carnes vivas,
sino en el alma clavado
el dolor de la mentira,  
tanto daño provocado,
tanto sentimiento falso,
por el vicio desatado,
por su apetito sexual
de caballo desbocado.
Fue tantas veces por lana
que terminó trasquilado,
si era amor lo que buscaba,
el sexo solo ha encontrado
y ahora, otra vez soltero
pensará, contrariado:
"voy a tener que volver
al hospital visitado
porque quiero tener ganas
como todo enamorado
por si me vuelve a surgir
otro apaño deseado".
"¡Mira que si ahora puedo,
pero se queda callado
quien lleva la voz cantante
en el momento anhelado!
¿Y si aquel doctor del sexo
para el arrastre ha dejado
aquello que yo tenía
como mi bien más preciado?
¿Podrá el órgano sonar
cuando, el momento llegado,
tenga que elevar la nota
a su límite esperado?"
Ya se conoce de sobra
por los textos publicados
que aquel Tigre de madera
dejaba el nivel muy alto.
 ¿Y después de la terapia,
si el vicio se le ha acabado
para qué quiere en Manhattan
un pisito, un loft soñado
por cualquier hombre soltero,
famoso y adinerado,
si no puede conseguir
 aquello que es tan preciado
que las señoras ofrecen,
bien a los que han pagado
con creces unos servicios,
o porque han enamorado
a ese hombre de sus sueños,
a ese galán delicado
que empieza en Príncipe Azul
y termina, con los años
en un azulón barbado?
EPÍLOGO
"Tú a Suecia con los dos niños,
yo en Manhattan, solitario".
Si la pareja se rompe
porque el amor se ha acabado,
los que de verdad lo sufren,
los que están desamparados,
son los niños que se quedan,
sin los padres tan amados.
Porque por mucho dinero
que le llegue al separado,
divorciada, en este caso,
porque ella lo ha cobrado,
no hay capital suficiente
ni hay un cariño comprado
que sustituya la ausencia
de un padre que se ha marchado.
Tiger ha puesto un puente,
en Manhattan, alejado,
y aunque sea de ley la plata,
ni en un avión privado
estarán cerca los hijos
para poder abrazarlos
cuando en las noches de invierno,
que en Suecia son de cuidado,
necesiten a su padre
que estará, de triunfo en triunfo,
pero sin poder besarlos.
                                                        
…Y colorín colorado,
este cuento entristecido
todavía no se ha acabado,
porque el dolor llega a todos,
aunque tengan muchos cuartos.
TELÓN
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