Opinión

Sergio y Tiger: cena en el Kentucky Fried Chicken

Cuando en 1939 Harland D. Sanders comenzó a preparar pollo frito crujiente en un restaurante de North Corbin, en Kentucky, a partir de una receta con once especias y aromas diferentes, a nadie se le ocurrió denunciar a Mr. Sanders por preparar un plato, para muchos exquisito, que lleva casi un siglo alimentando a los norteamericanos y a más de medio mundo, y que ahora resulta que es una comida racista.

Es más, poco tiempo despúes, el gobernador del Estado, otorgó a Sanders el título honorífico de “Coronel Sanders”, con el que se sigue conociendo al creador de los restaurantes conocidos como Kentucky Fried Chickens (KFC), que siguen teniendo éxito en muchos países.

Y ahora resulta que porque a Sergio García se le ocurre “invitar a cenar pollo frito todas las noches a Tiger Woods” durante el US Open que se disputará en el Merion Golf Club, en Pensilvania, los días 13 al 16 de junio, aparecen los guardianes de la tierra queriéndose comer al de Castellón que puede ser de todo… menos racista.

Es que -dicen los puristas, los que van a salvar al mundo desde la falsa progresía y ven como mueren miles de niños a diario en todo el mundo sin que nadie le ponga freno a las hambrunas, las matanzas, los sectarismos y la hipocresía- “el pollo frito, en los Estados Unidos, es un estereotipo racista, al referirse a los afroamericanos, y se refiere a la comida básica en la dieta de dichas personas durante la época previa a la abolición de la esclavitud en Norteamérica, tras la Guerra de Secesión.

¿Y para esto se hizo una guerra que causó tantas muertes? Aquellos días no solo quedan lejos sino que, en cualquier caso, se referían a los afroamericanos y, mientras no se demuestre lo contrario, Tiger Woods, aunque sea de raza negra,  no es un afroamericano propiamente dicho: su padre, Earl Woods, veterano del Ejército de los Estados Unidos, era de ascendencia china y amerindia, y su madre, de origen tailandés, pero también con ascendientes chinos y holandeses.

Sacar ahora a colación a los esclavos del siglo XIX no deja de ser una soberana estupidez. Claro que a Sergio se le podría haber ocurrido contestar a la pregunta, medio en broma, medio en serio, que un periodista le hizo durante la Gala del European Tour en el hotel Sofitel del aeropuerto de Heathrow en Londres, antes de comenzar el BMW PGA Championship, en Wentworth, invitando a Tiger a comer langostinos de Vinaroz y no habría pasado nada, al margen de haber hecho publicidad de tan rico crustáceo, tan cercano a su tierra natal de Borriol, en Castellón. Pero dijo lo primero que se le vino a la cabeza, mientras estaba acompañado por los jugadores de la Ryder Cup 2012, y solo los malintencionados y retorcidos pueden creer que en ese momento Sergio se acordaba de los esclavistas que azotaban a los africanos que llegaban a los puertos de Norteamérica para ser parte, quiérase o no, de la historia de los Estados Unidos.

LA FALSA POLÉMICA HA TERMINADO

Aunque las divergencias entre Sergio García y Tiger Woods parecían haberse acabado, después de la polémica iniciada tras un dropaje equivocado del norteamericano en el Masters de Augusta (ver la información titulada “Lanza rota” en esta misma página web), la citada, y desafortunada frase del jugador español volvió a destapar la caja de los truenos entre los dos jugadores.

Sergio García y Tiger Woods que al comienzo del siglo XXI tuvieron algún que otro acercamiento profesional, más o menos amistoso, han enfriado sus relaciones, como tantos otros jugadores que no tienen a Tiger en un altar, entre otras cosas porque “la distancia es el olvido” y no son muchas las ocasiones que los profesionales tienen de entablar amistad entre sí, y menos con el número 1 del mundo, solicitado desde todas las esferas y resguardado por su entorno, hasta de sus amistades.

Tras las discrepancias de Sergio por la forma de actuar tras el citado dropaje de Woods en el Masters -“debería haberse retirado”-, el español culpó a Tiger de los gritos de la muchedumbre que observaba al jugador, que cambió su hierro por una madera mientras García daba su segundo golpe en el hoyo 2, en la tercera ronda en «The Players Championship», en Florida, lo que provocó que el castellonense fallara su tiro a green.

A partir de entonces se sucedieron una serie de críticas personales, promovidas en las ruedas de prensa por los periodistas que preguntaban sobre el tema, que provocaron sucesivas réplicas y contrarréplicas que, realmente, no eran en absoluto relevantes. Pero dada la atonía del mundo del golf en lo que se refiere a la escasez de noticias que produce este deporte, al margen de los resultados de la competición, las palabras de uno y de otro subieron el tono de la información, hasta llegar al punto de conflicto y al “pollo frito”.

DISCULPAS INMEDIATAS

En cualquier caso, Sergio García rectificó de inmediato, explicó su respuesta y recogió velas ante la tormenta sobre el vaso de agua: «me disculpo por cualquier ofensa que haya podido causar mi comentario durante la celebración de los premios del European Tour. Respondí a una pregunta que fue hecha claramente en tono de broma, pero de ninguna manera fue un comentario en tono racista».

Y claro, enseguida se volvieron a recordar hechos anteriores, como los comentarios Fuzzy Zoeller en 1997, cuando bromeó con los periodistas tras la victoria de Woods en el Masters de Augusta, la primera vez que un jugador de raza negra ganaba en el más tradicional y discriminatorio de los escenarios del golf.

Al referirse Zoeller a la comida del siguiente año y al menú que deben elegir los campeones del año anterior para ofrecerlo a los invitados, el ganador del Masters de 1979 hizo el siguiente comentario: «le das una palmada en la espalda, lo felicitas, lo disfrutas y le pides que no sirva pollo frito el año próximo, o repollo o lo que demonios sea lo que ellos coman». Zoeller se disculparía más tarde, pero eso no le salvó de perder dos patrocinadores.

WOODS: TEMA ZANJADO

Woods ha tratado de zanjar el tema a través de Twitter. «El comentario no fue tonto. Fue equivocado, dañino y claramente inapropiado», escribió Tiger que, a continuación, añadió: «confío en que existe un arrepentimiento real en la declaración realizada» y, finalmente: «The Players acabó hace dos semanas y hay que mirar adelante y hablar de golf».

Total, la sangre no ha llegado al río… y es que ni siquiera había sangre. Ahora, donde tienen  ambos que reunirse a cenar, auque sea de forma virtual, para darse la mano -quizás un abrazo sea demasiado- es en el Kentuky Fried Chicken más cercano.

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