Opinión

Golf de Lerma: el campo del Séptimo Día

(En la imagen, el campo de golf de Lerma, donde comienza el 14 de octubre una nueva edición del Santander Golf Tour  (ver información en esta misma página). Foto: Luis Corralo).

Durante la última década del siglo XX un grupo de empresarios locos por el golf -bendita locura- se adelantaron a su tiempo y vieron las enormes posibilidades que la finca La Andaya, situada a las puertas de la localidad burgalesa de Lerma, una ciudad desde la cual se dirigió el mundo durante buena parte del siglo XVII y que era, según las crónicas de la época, “un paraje de amplios y luminosos horizontes, de orografía sobria y vegetación poderosa, con encinas sabinas y robles…”

Hablamos de una Castilla vieja pero también de una Castilla joven, muy joven, tanto como para sumarse en una época aún más difícil para el golf que la actual, al futuro de un deporte que no hay quien pare, a pesar de la crisis.

A principios de la década de los Noventa del pasado siglo, lo que parece una eternidad, aunque no han pasado ni veinte años, se llamó a Pepe Gancedo, uno de los diseñadores de campos de golf más conocido en España, para que viera las posibilidades de la finca “La Andaya”, de cara a la construcción de un campo de golf.

Y cuando llegó el que iba a ser el encargado de proyectar el campo, sus primeras palabras fueron: “el campo ya está hecho; lo hizo Dios”. Así que Gancedo, convencido de que Dios no dedicó unicamente el Septimo Día a descansar, tras la Creación del Universo, únicamente tuvo que diseñar el Golf de Lerma sobre el papel y poner a los operarios a trabajar en el campo del Septimo Día.

Y en 1992, sobre las 220 hectáreas de La Andaya, lo que era una finca de caza, pero nacida para ser campo de golf, se convirtió en lo que es ahora, el Golf de Lerma, una maravilla en plena y anchurosa Castilla, donde las escopetas se han trocado en palos… de golf y donde los jugadores disfrutan del paisaje y de su deporte favorito, viendo corretear las liebres, oteando el vuelo de los pájaros y contemplando las bandadas de patos y gansos que reposan y se alimentan en alguno de los ocho lagos y dos riachuelos que jalonan el recorrido de dieciocho hoyos (par 72) y seis mil metros de largo.

Siempre he dicho -y he escrito- que el Golf de Lerma es el mejor campo de Madrid, a pesar de estar situado en la provincia de Burgos. Y eso lo pueden constatar los muchos madrileños que se acercan a jugar hasta este entorno idílico. Su único problema, que es a su vez una de sus ventajas, son los doscientos kilómetros de distancia desde la Puerta del Sol. Pero eso, ya digo, es más que un inconveniente, un valor añadido: el del silencio, la ausencia de ruidos externos que no sean los trinos de los pájaros y el propio eco del susurro de la naturaleza hecha tranquilidad que dan al jugador, tanto los espacios abiertos como la ausencia de casas en construcción alrededor de los tees o de los greenes.

Y en lo que se refiere al juego, Lerma es un campo para todos los gustos y para todos los hándicaps. Como diría Perogrullo, se pueden hacer muchas, o pocas, pero siempre el recorrido es lo suficientemente gratificante como para volver a la primera ocasión que se presente.

NOTA BENE

(Se recomienda a los jugadores cuyo hándicap no tenga un solo dígito no tirar directamente a green en el hoyo 18, par cuatro, donde la bandera está protegida por un lago. En esta ocasión, la línea recta no es el camino más corto para llegar al objetivo).

 EL PALACIO DUCAL DE LERMA

Pero hablemos de la excursión que nos proponemos hacer. Podemos iniciar viaje desde Madrid, pero igualmente desde el Norte de España, especialmente desde el País Vasco, Navarra y Cantabria, que llegan desde autovía, sin ninguna dificultad.

Vamos, a situarnos en la capital de España: A I, autovía Madrid-Burgos- Irún.

Saliendo de Madrid y antes de llegar a Lerma se recomienda hacer una parada en el Ärea de Servicio de Boceguillas, en la provincia de Segovia, situada entre los kilómetros 115 y 118 de la citada A I, donde se puede disfrutas, en la cafetería del hotel Las Casitas, de un magnífico desayuno, comida o refrigerio, según el horaroo elegido por cada cual, en un lugar donde los Servicios están tan limpios como en el Ritz de París, y con eso queda resumido todo el elogio.

Llegamos a Lerma, nos alojamos en el Palacio Ducal, un gran edificio de planta cuadrada, de estilo herreriano, con cuatro torres en sus esquinas y un magnífico patio porticado central, cuya portada es un claro ejemplo de arquitectura renacentista con frontispicio y columnas. Iniciada su construcción, en el año 1601 por encargo del Duque de Lerma, su arquitecto fue Francisco de Mora. Desde 2003 es un magnífico Parador de Turismo, donde el viajero es siempre bien acogido*.

A la mañana siguiente nos espera el Golf de Lerma desde temprana hora. Un buen partido de golf con los amigos: cuatro jugadores con la buena y la mala en juego, para que intervengan todos y con un ocho puedas ganar un punto. La mejor idea… Bueno, la mejor, no, ya que lo más importante viene en el hoyo 19, cuando en la Casa Club –o en cualquiera de los magníficos restaurantes de Lerma o de Burgos, nos espera el lechazo churro asado en horno de leña, con sus entrantes de morcilla de Burgos y chorizo y ¡cómo no! la desengrasante ensalada de la Casa.

PORTIA, LA BODEGA DISEÑADA POR NORMAN FOSTER

Otra posibilidad es la de parar de vuelta para comer y visitar las Bodegas Portia, diseñadas por el arquitecto Norman Foster, eso sí, con el cuidado de que uno de los cuatro amigos no beba para que pueda conducir con tino, de regreso a la capital de España, sin pasar de los límites de velocidad previstos, que ahora están en el límite de los 110 kilómetros por hora,  y teniendo mucho cuidado, sobre todo, al paso por Somosierra, donde los radares hacen su agosto todo el año.

Claro que todo esto es una sugerencia de mínimos. La excursión puede alargarse con la visita a la propia Lerma, convento de Clarisas incluido para comprar los productos que elaboran las monjas y, con un poquito más de tiempo, una escapada al monasterio de Santo Domingo de Silos, a solo 31 kilómetros, donde se puede admirar su espléndido claustro románico y, sobre todo, escuchar el rezo de las vísperas de los monjes benedictinos.

A 22 kilómetros está la villa medieval de Covarruvias, a 35, la iglesia visigoda de Quintanilla de las Viñas… Y si aún no hemos visitado Burgos con detenimiento, es recomendable acudir a la Catedral, al Monasterio de las Huelgas y a la Cartuja de Miraflores.

Y muy cerca de Burgos, por si nos faltara algo, se encuentran los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, cuna de los primeros pobladores de España.

*El Parador Nacional Duque de Lerma ofrece una oferta conjunta de hotel & golf.

Información en el teléfono 947 17 71 10

Reservas en el teléfono 947 17 12 14

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