Opinión

El golf español, de capa caída. En cinco años se han perdido 45.000 jugadores y ya hay menos de 300.000 federados

 

 

(En la imagen, Gonzaga Escauriaza, presidente de la RFEG entregando un premio a la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en la Gala 2012. Aguirre es la única política -o una de las pocas- que no esconde su afición al golf y no se siente avergonzada por ello).

 

Es muy fácil echarle la culpa a la crisis, pero el descenso cada vez mayor del número de federados al gol en España, no solo es achacable a la crisis económica que afecta, por supuesto, a todos los sectores de la sociedad, sino a la mala política de la Real Federación Española de Golf, cuyo presidente, Gonzaga Escauriaza, es muy dado a hablar de la "excelencia" de las cosas, pero no ha sabido situar en el punto "excelente" a un deporte que, además de Olímpico, tiene pretensiones de ser popular, pero cuya realidad es bien distinta. No crecen ni los campos privados y los que existen, cada vez son más privados, y la posibilidad de los campos públicos, entre la mala prensa, el miedo de los políticos al qué dirán y la precariedad económica de las administraciones oficiales, se ha quedado en el olvido.

 

Según una nota de fecha seis de mayo de 2013, facilitada por la RFEG, "el número de federados al golf en España se ha asentado por encima de los 285.000 –en concreto 288.315– según se desprende de los datos del último recuento oficial realizado el pasado 1 de mayo".

 

Dicho en positivo lo que en realidad es un dato negativo, el hecho de "haberse asentado por encima de los 285.000 federados" no es sino un retruécano que disfraza el sentido de las cifras. En realidad, y según la propia Federación, "esta cantidad supone una disminución en el número de licencias de 26.986 con respecto a primero de año, una vez efectuado el procesamiento de bajas anuales por devoluciones bancarias en el mes de marzo, una acción que se ejecuta tras una notificación de aviso, lo que significa que a partir de este momento el número de federados se irá incrementando poco a poco conforme transcurra el año".

 

Por muchos paños calientes que se le quieran poner a la situación, el hecho cierto es que en 2010 la RFEG festejaba por todo lo alto la llegada al máximo histórico de 338.588 licencias -las 300.000 se habían conseguido en 2007- y, desde entonces, el número de federados ha descendido en 45.503.

 

 

Volviendo a los datos federativos, la RFEG explica que "en términos porcentuales el decrecimiento experimentado en el periodo enero-mayo supone un 8.5% en relación con el recuento efectuado a primero de año, cifras que se explican por la actual coyuntura de crisis económica que afecta a todos los ámbitos de la sociedad española y que en el mundo del golf español es especialmente palpable desde 2010.

 

Con esta dinámica, teniendo en cuenta las curvas experimentadas en años recientes, las previsiones apuntan a que el año 2013 concluya entorno a las 290.000 licencias, las que existían a mediados de 2006, últimos coletazos del boom económico antes del inicio de la crisis mundial en 2008".

 

Por muchos paños calientes que se le quieran poner al enfermo y, a pesar de considerar, una vez más a la crisis económica culpable del descenso de practicantes en España -turistas que vienen del extranjero a jugar al golf, aparte- la RFEG debería hacer examen de conciencia a la hora de enfrentarse a cifras tan negativas.

 

El aumento de las cuotas federativas -aunque no excesivo, sí motivo suficiente para muchas personas-, el fracaso de políticas como las del "bautismo de golf" o el "golf en los colegios" y el excesivo gasto que supone la ayuda a los profesionales por parte de la RFEG, cuando las licencias las pagan los aficionados, son parte importante, también de la desaparición de aficionados.

 

El mantenimiento de un Open de España cuyo gasto se cuenta en millones de euros, aunque una parte la pague la empresa de seguros que cubre la póliza de los federados, es un tema a plantear. ¿Es necesario un gasto como ese? ¿Sirve en realidad para promocionar el golf entre los aficionados? ¿Es oportuno invitar a tantos profesionales españoles, la mayoría se queda fuera del corte?  Preguntas como éstas y otras más deberían plantearse en el seno de la RFEG, aunque no parece que sus directivos estén muy dispuestos a enfrentarse a ellas porque, posiblemente, no tengan respuestas adecuadas.

 

La RFEG en su nota termina constatando lo siguiente: "atendiendo a los datos con mayor perspectiva histórica, el golf sigue siendo una de las especialidades deportivas de mayor crecimiento en las dos últimas décadas. No en vano, en 1994 el número de federados ascendía a 81.000, algo menos de 200.000 que en la actualidad.

 

En el marco de este entorno decreciente, destacar que la Comunidad de Madrid concentra un tercio de los federados –en concreto el número asciende a 85.790 a primeros de mayo–, mientras que Andalucía, segunda en el Ranking de Federaciones Territoriales, se sitúa cerca de las 45.000, afianzando este puesto por delante de Cataluña, tercera en este listado con casi 33.500 federados.

 

Ya a cierta distancia se encuentran Comunidad Valenciana –casi 20.000 federados–; País Vasco, casi 19.000; y Castilla y León, con casi 15.500. Galicia, con cerca de 11.000 licencias, se suma al grupo de Comunidades Autónomas que cuentan sus licencias de golf con cinco dígitos, un listón que tiene a su alcance Asturias, con casi 9.500".

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