Opinión

España ha perdido el swing

ESPAÑA HA PERDIDO EL SWING
Por Miguel Ángel Nieto
He leído un informe médico, confieso que ante estos informes yo siempre me muestro escéptico, en el que se asegura que cuando un profesional de golf hace un swing perfecto pone en funcionamiento 420 músculos.
Es decir, que cuando pasamos la cadera antes que los brazos o los brazos antes que la cadera o movemos la cabeza o no sacamos bien los brazos hacia adelante etc. quizá estamos moviendo 435 ó 342 músculos. Toda una incógnita.
El caso es que, aún sabiendo todo lo necesario para hacerlo bien, tan solo un pequeño porcentaje de aficionados hacen el swing perfecto y los demás, pues lo hacemos mal.
Pero no siempre, ahí está la magia del golf porque durante un partido en el que las cosas no salen bien, de pronto damos un golpe magistral e incluso hacemos un par. Eso es lo que nos anima a no vender la bolsa de palos al primero que se nos cruce.
Los verdaderos aficionados a este maravilloso deporte nos pasamos la vida pensando en el swing y entablamos una lucha con nosotros mismos para conseguirlo.
Cuantas veces nos ponemos ante la bola y después de trastear con el grip recitamos como una silenciosa letanía:
Subir hacia adentro poniendo el peso en la derecha y girando la cintura con ayuda de la pierna izquierda, pasar los brazos al tiempo que desgiramos y pasamos el peso a la izquierda y sacar los brazos hacia arriba sin mover la cabeza. Recordar que el hombro izquierdo debe estar a la altura de la barbilla al subir y podemos mirar la bola cuando sea el hombro derecho el que esté a la altura de la barbilla.
Y una vez sale y cincuenta no, pero cuando estamos días y días sin que nos salga comenzamos a querer arreglar el desaguisado y llegamos no a dar mal a la bola, es que llegamos a no darla. Es entonces cuando debemos acudir a un profesor como única solución. Hemos perdido el swing.
Bueno pues algo así le ha ocurrido a España, que ha perdido el swing y debemos encontrar el remedio a este desaguisado que nos puede llevar a una situación dramática.
Pero ¿dónde está el profesor? Parece que no lo hay ¿Y quién puede hacer al menos el diagnóstico? Cualquier persona con un poquito de criterio. Veamos.
La pequeña y mediana empresa que da trabajo a más del 80% de la población activa y son más del 90% del tejido empresarial, se ahoga en una crisis que no es igual para todos. Los bancos les restringen los créditos y ponen con ello en peligro miles de puestos de trabajo.
Mientras, las cinco grandes entidades financieras del país tienen en los nueve primeros meses de 2009 más de 13.000 millones de euros de beneficio. Eso si, pobrecitas, es un 3%, por redondear, menos que en el mismo periodo del pasado año.
Tenemos unos de los gobiernos más ineficaces de la historia de España -e incluyo los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX, XX y XXI- que tras negar que hubiera crisis no da pie con bola a la hora de tomar medidas y que de seguir así nos puede llevar a una ruina cierta.
Tenemos la Oposición más tonta que ha existido desde que nuestro país es una ¿democracia? Ya que en lugar de dedicarse a crear una alternativa creíble que nos diese la esperanza de que con un cambio las cosas mejorarían, se dedican a pelearse entre ellos para ver quien es el que tiene más poder en un ejercicio de ambición personal vergonzoso e irresponsable.
Tenemos un Parlamento que, gracias a los pactos de legislatura, ya no representa, porcentualmente, la voluntad popular manifestada en las urnas por los electores y desde el que se nos pide sacrificio mientras una gran parte de los señores diputados no asisten a las sesiones o se ausentan cuando el orador no es un primer espada, es decir, que cobran un sueldo de nuestros impuestos y no cumplen con su obligación. Son los únicos españoles que trabajan menos que un jubilado o un parado.
Tenemos una justicia lenta, mal dotada, poco moderna y para colmo con ciertos jueces que actúan más para su mayor gloria que para garantizar el Estado de Derecho.
Tenemos unos medios de comunicación desquiciados, pesebreros y totalmente subjetivos estando, todos, al servicio de una idea, una postura política o un interés empresarial ajeno la función social que deben desarrollar.
Tenemos, por si todo esto fuera poco, una clase política que cada día nos ofrece nuevos casos de corrupción, de atraco, de robo. No voy a caer en la trampa de generalizar pero a las pruebas me remito.
Los primeros casos de corrupción que conocimos fueron los del Partido Socialista Obrero Español, en el Gobierno, en su última legislatura con Felipe González.
En esa ocasión se procesa y se condena a un ministro, a un secretario de estado, dos directores generales y a un presidente autonómico.
A saber: Barrionuevo, Vera, Roldán, Rodríguez Colorado y Urralburu. Se desmantela una red montada para la financiación irregular del PSOE, FILESA, MALESA y TIME EXPOR.
El sucesor de Urralburu al frente del Gobierno de Navarra, Juan Otano, fue juzgado y absuelto porque su delito había prescrito.
Ahora ya no es corrupción de un partido, ahora ya son todos. PP, PSC, CIU, casos como el del chivatazo a ETA…
¿Y a esto quién le pone freno? Porque hay otros problemas sociales graves. En 30 años cinco Leyes de Educación que han ido edulcorando progresivamente la cultura del esfuerzo.
La degradación moral es manifiesta y que quede claro que no me refiero a la moral católica o musulmana, me refiero a ética, a la moral que debe presidir la convivencia en una sociedad civilizada.
La falta de una educación elemental esta corrompiendo los cimientos de una España que se desmorona. No se respetan ni leyes ni personas porque hemos entendido mal lo de la libertad.
Una democracia tan sólo se sustenta en sus leyes y hay que someterse a ellas sin peros o excepciones. En un sistema democrático las leyes emanan del Parlamento y este debe ser, otra cosa es que lo sea, la institución que permita a los ciudadanos participar en los asuntos del país. Por ello no se puede argumentar que el sometimiento a las leyes sea una forma de coartar la libertad porque, por el contrario, es garantizar la libertad en orden y convivencia.
¿Y a esto quién le pone freno? Nosotros, los ciudadanos, los votantes, los electores. Pero llegada la situación a tal estado de emergencia y no vislumbrándose alternativa posible, debemos ejercer nuestro voto con responsabilidad, no votando.
No se trata de hacer una frase ingeniosa. La abstención es uno de los derechos de los electores y no existe manera más contundente de mostrar el malestar ante la clase política actual que despreciándola.
Si en las próximas elecciones hubiese una abstención del 60%, muchos se esforzarían en recuperar el swing. Hay que provocar un Gobierno de concentración donde todos aborden los grandes problemas de esta España que zozobra.
Lo de los nacionalistas, La ley Electoral y los acuerdos de legislatura hay que tratarlo aparte.
Pie de foto.- Parece que las posturas golfísticas de la Presidenta Esperanza Aguirre son buenas ¿y las posturas políticas?…
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