Opinión

El calvario de Tiger

Serio, amable, resignado a pasar el trago Tiger Woods, el hombre que no permitía que, tras un torneo, se le hiciesen más de tres preguntas, se ha sometido en Augusta a un extenso interrogatorio a cargo de los periodistas acreditados en para informar del desarrollo de torneo que se iniciará el jueves en el prestigioso campo de golf norteamericano.
"Ganar torneos de golf no servirá para compensar el daño que he producido" aseguró con expresión de jugador de póquer, sin alterar el gesto.
Antes había asegurado que estaba en Augusta para ganar "Tendré en cuenta a los aficionados" apostilló.
Nada tenía que ver este Tiger con el que a finales de febrero se presento en un acto, más parecido al velatorio de su propio cadáver, para dar su versión sobre todo lo ocurrido el día de Acción de Gracias después de que su mujer descubriese sus, al parecer sistemáticas, infidelidades.
Lo de esta tarde, teóricamente, era más lógico teniendo en cuenta de que estamos hablando de un jugador de profesional. Bien por Tiger, pero mal por los periodistas acreditados que tardaron más de veinticinco minutos en hacerle la primera pregunta sobre golf.
Para mi es irrelevante que el jugador número uno del mundo pida perdón a su mujer y sus hijos, confiese que se dedica a meditar y reflexionar religiosamente con su madre, o lamente no haber podido celebrar en familia el cumpleaños de su hijo el pasado ocho de febrero.
Yo no sigo a Tiger por su amor filial, por su sentimientos paternales o por el amor o desamor hacia su esposa, a mi eso me importa un bledo, como aficionado, yo sigo a Tiger por su forma de jugar al golf y por ende todo lo que le relacione con este deporte.
Por ejemplo pienso que es importante que desmintiese su relación con el doctor Anthony Galea, implicado, presuntamente, en tráfico de productos dopantes. También que confesase que había tomado tranquilizantes tras la muerte de su padre o que se había sometido a PRP, tratamiento para enriquecer la sangre. Este método ha sido prohibido desde el uno de enero en el Circuito Norteamericano. "Nunca he tomado nada para mejorar mi rendimiento" afirmó de manera rotunda.
¿Se imaginan el escándalo que supondría que alguien hubiese podido demostrar que Tiger se ha dopado? Eso sí que sería decepcionante, eso sí merecería la repulsa y el aislamiento no ya por la trampa, que es importante, sino por el ejemplo.
Me ha sorprendido que afirmase estar en forma plena para el regreso, un mes después de asegurar que no estaba suficientemente preparado para la vuelta. Quizá en toda esta evolución esta, más que una realidad, la economía de mercado.
El caso es que Tiger vuelve al tee de salida del hoyo uno de Augusta y si no gana, nada ha de ocurrir. Lo que ha hecho Woods ha sido pasar un calvario para lanzar un mensaje. Aquí estoy, pregunten sin la menor limitación, tómense el tiempo que necesiten pero después, cuando todo haya terminado, dejen a un lado mi vida privada y si tienen que escribir sobre mi, que sea por lo que hago en los campos de golf.
Es difícil que consiga este objetivo. Escarbar en el morbo es rentable para las empresas de comunicación porque sale barato y se puede alargar mucho. Esto es penoso pero es así, y cualquiera, por muchos méritos profesionales que tenga puede ser elevado a la categoría que con tanto esfuerzo alcanzan los pedorros protagonistas de la prensa del vómito que otros denominan del corazón.
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