Opinión

Del fracaso de la sede Ryder, al incierto año olímpico

 

 

(En la imagen, Marta Figueras Dotti y Manuel Piñero, los capitanes de los equipos españoles, femenino y masculino para los JJ.OO de Río de Janeiro).

 

Era el fracaso de una sede anunciada: enfrentar a un campo a cien kilómetros de la ciudad que daba nombre a la petición -Barcelona – Costa Brava-, en una región autónoma cuyo gobierno tiene una «hoja de ruta» para desconectarse del país -España- que pide la Ryder Cup de 2022, a una ciudad que ofrece un campo desde cuyos tees se ve la cúpula de San Pedro en el Vaticano, y a un país como el italiano, volcado con un acontecimiento mundial que en España nos avergüenza nombrar, era poco menos que un suicidio colectivo: de la Real Federación Española de Golf y de las escasas instituciones nacionales que lo apoyaban.

Y así las cosas, también nos quedamos sin Ryder 2022, igual que nos quedamos sin los JJ.OO 2016 para Madrid y sin la Ryder 2018 para la todavia capital de España, a pesar del apoyo de Severiano Ballesteros, que dedicó sus últimos esfuerzos, con la muerte pisándole los talones, para que el mayor acontecimiento del mundo del golf viniera a España por segunda vez.

EL ERROR DE LA RFEG

Se equivocó la RFEG al pedir la Ryder para España desde una sede catalana. Un gran campo, eso sí, el PGA Catalunya Resort, pero un campo no es un país (ver otros artículos de Basilio Rogado en el «histórico» de la sección de Opinión, en esta misma web-, y menos si está situado en medio de un conflicto político con carácter separatista. Y se equivoca al poner como excusa para la posible desaparición del Open de España, la pérdida de la sede «española» para tamaño espectáculo de carácter mundial, que aquí parece una caricatura a los ojos de la mayoría. Y sigue empecinada en el error cuando sigue sin reaccionar a los problemas de muchos campos de golf, algunos de los cuales están en concurso de acreedores, y a la constante perdida de jugadores aficionados ya que cada año baja el número de licencias, tal y como se recoje en el informe de la propia RFEG que puede verse en esta misma página web.

Si no hay Open de España 2016, es porque el golf no les interesa a las distintas facciones políticas que gobiernan el país. Y si es cierto que el golf está mal visto en casi toda España, no lo es menos que este deporte y es el que ha ayudado, en gran medida, a lograr que los turistas que vienen a la Costa del Sol malagueña y a las costas de Almeria, Huelva y de Cádiz, vengan fuera de la estación veraniega, a jugar al golf, con un clima envidiado por el resto de Europa.

Y son las autoridades de Andalucía, igual que se preocupaban antes de la crisis, las que tienen que fomentar la existencia del golf en toda la zona mediterránea y aledaños, porque es muy importante para el turismo invernal, que es el motor de gran parte de Andalucía.

Pero se ha abusado tanto y se le han puesto al golf tantas etiquetas negativas que, al final, los que pagan el pato son los campos y no los que verdaderamente se exceden con los negocios urbanísticos y las corruptelas municipales.

Y es que, no solo no se deben prohibir los campos de golf, sino que habría que hacerlos obligatorios para todas aquellas macrourbanizaciones que cubren las necesidades deportivas de miles de personas, hacinadas en cientos de pisos, con cuatro pistas de padel.

EL INCIERTO AÑO OLIMPICO

Dos jugadores españoles irán este año a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, poco antes de la disputa de la Ryder Cup. Uno de los golfistas que representarán a España será Sergio García, salvo lesión u otro percance imprevisto, que no sería deseable. Para el segundo puesto se postula -y es el primero en el ranking mundial, después del castellonense- Miguel Ángel Jiménez (ver más información en esta misma página).

Y no es malo que sea el Pisha el segundo español en Brasil; pero no lo mejor para el golf español. A mí, personalmente, no me desagrada que vaya el Pisha -sin el puro, eso sí-, pero su presencia en Río será la demostración del estancamiento del golf profesional en España, donde los jóvenes valores brillan por su ausencia.

Si un golfista de 52 años tiene que ir a Río, porque se lo ha ganado en buena lid, de lo cual tenemos que congratularnos, será la prueba palpable de que la política de «cazatalentos» de la RFEG no está dando ningún resultado.

Salen jugadores jòvenes que triunfan en el Challenge Tour europeo, y en los torneos amateurs de los Estados Unidos, pero cuando llegan al European Tour, se acabó lo que se daba. Es una lástima, pero el golf profesional español, igual que el amateur -cada años con menos licencias- tiende a la baja de una manera alarmante, un año tras otro.

Y mientras un senior de 52 años, como el Pisha -aparte de Sergio- es el que mantiene vivo el interés por el golf internacional, por su carácter, personalidad y resultados -aunque este año que ha terminado no haya acabado bien para él-, en el terreno amateur cada vez se leen noticias más negras para el futuro de los campos de golf: concursos de acreedores, problemas con los nuevos ayuntamientos de izquierdas que, en su infinita ignorancia golfística, quieren acabar con «un deporte de ricos».

A pesar de todo, siempre nos quedará -no París, que fue el que nos quitó la Ryder de Madrid- sino algún campo rústico donde podamos practicar los golfistas proscritos.

 

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