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Tiger (Poderoso Caballero Woods) justificó sus tres millones de dólares al ganar el bolo de Melbourne

Tiger Woods fue a Australia por segunda vez en su vida. Lo de Melbourne era un bolo en toda regla y el número 1 justificó sus ingresos fijos con una victoria y más trabajo del previsto.

El JBWere Masters, jugado en el clásico Kingston Heath Golf Club, ha sido un torneo metido con calzador en el calendario del Tour Europeo, a mayor gloria de Woods, y del golf australiano. Con un total de premios tan escaso que ni siquiera aparecía la cantidad en el calendario oficial, y con un primer premio de 173.117,54€, cien mil menos de lo que ganaba el vencedor en Hong Kong, la presencia de Tiger era solo un señuelo para atraer al público australiano.

Y a fe de los organizadores que eso sí lo consiguieron. Además, Poderoso Caballero Woods, justificó con creces sus honorarios fijos, que parecen rondar la cifra de tres millones de dólares por bolo, y consiguió una victoria más o menos cómoda, aunque en la tercera jornada, que terminó al par, tuvo que sobrevivir a base de oficio, cuando no de alguna que otra genialidad.

El caso es que Tiger venció en Melboure (-14), con dos golpes de ventaja sobre el australiano Greg Chalmers que fue el único que inquietó al Tigre durante la última jornada.

Un torneo con 114 australianos de los 143 jugadores en liza, que hubiera pasado con más pena que gloria sino llega a ser por la presencia de Tiger Woods que acudió por segunda vez al Novísimo Continente para jugar al golf.

A pesar del esfuerzo económico hecho para llevar a Woods, los organizadores deben estar dando saltos de alegría porque más de cien mil personas acudieron en Kingston Heath Club para presenciar los golpes del norteamericano.

Si el aficionado a los deportes prefiere el rugido del tigre, a las galopadas de las manadas de búfalos, habrá que hacer rugir al tigre en los cinco continentes. Complicado está.

Crónica previa al torneo

Esta semana, del 12 al 15 de noviembre de 2009, se juega en la localidad australiana de Melbourne, solapado bajo la capa del UBS de Hong Kong, el JBWere Masters, un torneo que se han sacado de la manga los jerifaltes del Circuito Europeo, que a última hora decidieron situarlo en la Carrera hacia Dubai, y cuyos premios en metálico, ni siquiera figuran en el calendario oficial del European Tour.

Este de Melbourne es un torneo local, con 114 jugadores australianos de los 143 que figuran en la lista, sin otro valor que el añadido por Tiger Woods que -¡oh misterios de la política socioeconómica- es uno de los participantes en esta competición que, eso sí, se juega en el Kingston Heath Golf Club, que es uno de los mejores del novísimo continente, par 72 de 6.455 metros.
¿Qué hace un jugador como él en un torneo como éste, donde el ganador “solo” aspira a llevarse 173.117,54€, cuando si hubiera jugado en Hong Kong esta misma semana hubiera podido conseguir 279.288€, casi cien mil más?
Esta sería la pregunta del millón, si no fuera porque la respuesta es demasiado fácil. Como el que hace la ley hace la trampa, aunque no parece que los “fijos de salida” sean una práctica que deba ser admitida en las competiciones deportivas, Tiger Woods, como es lógico, no va a ganar solo el dinero del campeón, si es que llega a vencer en el torneo, como es muy posible, sino una cantidad que debe estar muy por encima del montante de premios del torneo.
Sí, todo está muy claro: el mercado es el mercado. Tiger en Australia, donde ha estado pocas veces, una o ninguna, es un atractivo para los patrocinadores, como no lo es ningún otro jugador. Es lógico, si se piensa desde el punto de vista de los que pagan los premios y el torneo; lo es, también, desde el lado de los espectadores -tanto en el campo como en tv- y lo es, igualmente, si se piensa en lo importante que es para el golf australiano, el espectáculo Tiger, deportivo y mediático.
Pero en el aire queda otra pregunta: ¿estamos haciendo lo correcto? ¿Es bueno que haya tanta diferencia entre la cumbre y la base? ¿No alimentamos a la gallina de los huevos de oro, mientras dejamos de dar de comer a las gallinas que nos ponen los huevos a diario y nos sirven para mantenernos vivos?
La verdad es que tomar decisiones desde cualquiera de los puntos de vista es muy complicado. Tiger no hay más que uno y no puede estar en todas partes a la vez porque, a pesar de todo, aún no es Dios. Pero Tiger aporta con su presencia -aunque sea debido al papanatismo, la candidez o la sumisión de la sociedad actual ante los ídolos deportivos y el espectáculo que ofrecen-, un valor que, aunque no pueda medirse económicamente, seguro que es superior al dinero que se invierte para conseguir su presencia en un acontecimiento determinado. Y, sobre todo, si alguien tiene que ganar el dinero que genera, ese es precisamente el protagonista del hecho que se admira, el corifeo al que siguen los millones de participantes en esta antigua y nueva farsa que es el teatro del mundo.
Conclusión: El espectáculo, sea cual sea, tiene un precio, y el que quiera a Tiger que lo pague. Y esa es una divisa que podría colgarse en el frontispicio de la Casa Club de Finca Cortesín, si es que el próximo año pretender tener al número 1 en el Volvo World Match Play. Quizás tendremos que dejarnos de hipocresías y pensar que ¿por qué si es bueno que Tiger vaya a Melbourne, no lo va a ser que venga a Málaga, a la Costa del Golf?
Pues si es lo mejor para la mayor gloria del golf en La Costa, en Málaga, en Andalucía y en España, que venga Tiger y lo vea.
Por cierto, se me olvidaba. Tras la primera jornada del JBWere Masters de Melbourne, Tiger es ya líder con 66 golpes (-6), empatado con dos desconocidos para el público europeo: el australiano James Nities y el sudafricano Brendan Grace. Si, como decía al principio, 114 de los 143 jugadores son australianos, dieciséis de los veinte primeros, también lo son.
El único español en liza, Alejandro Cañizares, que busca ganar puestos en el ranking del Tour Europeo para poder tener la tarjeta el año que viene, ocupa el puesto 59 (+1).
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