Rimas

Romance: Europa hace historia en la Ryder Cup… hasta cuando pierde

La Ryder Cup, tiene como protagonista al equipo europeo que, hasta cuando pierde, como en Wisconsin, hace historia. El palizón nunca visto (19 & 9) y la espera de dos años hasta la revancha de Roma 2023, merecen este romance actualizado tras la victoria estadounidense.

I

Europa que es un equipo

solo cuando juega al golf

puede, con la Ryder Cup,

grandiosa competición,

demostrar al mundo entero

lo importante de la unión

en un Viejo Continente,

donde el deporte es pasión

y necesita de todos

para poder ser mejor.

Desde el mago Ballesteros

siempre hay un español,

o dos, con Sergio García,

y el vasco llamado Jon,

que aúnan a toda Europa

con el deporte del golf.

II

 Ya llevábamos tres veces,

seguidas, y del tirón,

quitándoles a los yanquis

de sus rostros el color,

amén de guardar la Copa

Ryder, que fue su creador,

el señor del gran invento

toda una revolución.

América contra Europa,

con una bola de golf,

como símbolo del triunfo

para quien tenga el honor:

aquel que más birdies haga,

el que sea superior

y mande la bola al hoyo

sin la menor dilación.

III

 Sí, fueron los europeos

en el año del Señor,

octubre de dos mil diez,

y en medio de un chaparrón

de los que suelen caer

en Gales, con intención,

los que ganaron la Copa

al casi eterno campeón.

Y fueron los europeos

otra vez, sí señor,

los que en aquel 2012

y contra toda opinión,

volvieron desde Chicago,

con la copa en el zurrón.

porque ya la habían ganado

en la anterior edición.

Y no acaba la mención

ya que hubo otra victoria,

dos años posterior:

2014 en Escocia

que a América sometió.

 

IV

Volvamos al 2010,

aquel triunfo tan molón;

a los norteamericanos

nada bueno les pasó:

ni el regreso de Tiger

a la gran competición,

ni Stricker, el estirado,

con ese swing del montón,

ni la presencia de Furyk,

ni hasta el mismo Mickelsón,

-así, como mejor suena,

con su acentito en la ó-,

pudieron con los muchachos

de Colin el bonachón.

-Monty le llaman los fans-,

que cumplió con su función

para vencer en Gales,

y bajo su dirección

a los doce jugadores,

toda una selección.

De acuerdo: no era la Roja

pero se le pareció

porque tuvo sus momentos

llenos de gran emoción.

V

Cuatro ingleses y hasta un sueco,

un alemán, un español,

dos del Norte de Irlanda,

otros dos de Italia son

y por último quedaba

el irlandés Harringtón

-otra vez, y con la venia,

con su acentito en la ó-.

Jiménez ganó su punto

y la bandera mostró:

la de España por supuesto,

que España es una nación,

por más que les pese a aquellos

que solo tienen pendón.

Y el Pisha, que es malagueño,

al saberse vencedor,

se fumó su puro habano

fuera de competición.

Los hermanos italianos

apoyaron con ardor

pero su fuego de inicio

en artificio quedó.

El caso es que entre todos

lograron ver triunfador

al equipo europeo,

el del color azulón

con su bandera estrellada

como símbolo de unión.

VI

De nuevo los europeos,

pasados dos años, dos,

repitieron sus hazañas

en campo del anfitrión,

concretamente en Chicago,

y con gran oposición.

Cuando nadie daba un euro

por el equipo campeón,

que recibía en los dobles

un tremendo palizón;

los doce individuales

rompieron la tradición;

los muchachos de Chema.

otra vez un español,

volvieron una tortilla

que daba mala impresión

terminaron campeones,

y perdonen la expresión,

esta vez con dos cojones,

un palito y un adiós.

VII

Fue el “vascorro” por más señas,

que así el “Pisha” le apodó,

el que sacó de la crisis,

aunque solo sea en el golf,

a este Viejo Continente

con más cuerda que un reloj.

Europa, que es un equipo,

solo cuando juega al golf,

y si vuelvo a repetirme

les pido humilde perdón,

al conjunto americano

ganó sin vacilación.

América contra Europa,

en otra competición:

septiembre de dos mil doce,

y en Chicago, el poblachón

donde miles de personas

aprecian muy bien el golf,

los que birlaron la Copa

al otrora campeón

que la pensaba ganada

al comenzar la edición.


VIII

Y es que los primeros días,

de dura competición,

América nos ganaba

sin ninguna compasión.

En los dobles nos dejaron

perdidos sin remisión,

o al menos eso creyeron

los rivales del copón.

Pero Seve, con su espíritu

y Chema, con su pasión

estuvieron bien al quite

para arreglar el horror

que sentíamos casi todos

al mirar el marcador.

El “milagro de Medinah”

todo el mundo lo llamó.

IX

 Porque aquel domingo treinta,

de septiembre el colofón,

los doce de nuestra Europa

salieron del callejón

y no iban al patíbulo

sino al triunfo arrollador.

Empezó Donald la racha

y Bubba no tuvo opción.

Poulter, como Ballesteros,

al público enardeció

y pudo con el tal Simpson

que como Hommer, se hundió.

McIlroy le hizo la cama

a Bradley, el nerviosón

y Rose dejó sin habla

hasta al zurdo Mickelsón.

Y Lawrie, “Don Chip” llamado,

al tal Snedeker, barrió.

X

Colsaerts, el rookie belga

fue el primero que cayó

no sin ponerlo difícil

a Johnson, Dustin, actor.

Y Zach, el otro Johnson,

nuevo punto consiguió

y los norteamericanos

soñaron de viva voz.

Pero allí estaba don Sergio,

el “Niño” de Castellón

que con sus mágicos putts

a Furyk desarboló.

Dufner, mascatabacos

le ganó a Peter Hansón

-como dicen en la tele

acentuado en la ó-.

Y otra vez, por si hace falta,

les vuelvo a pedir perdón

por la cuestión del acento,

y poner tilde a la ó

XI

Y ya para terminar

los “malos” del pelotón:

Westwood pudo con Kuchar

y Kaymer cuando embocó

el putt en el dieciocho

para el trofeo campeón,

dejó a Stricker vencido

derrotado y perdedor.

Peor fue lo de Tiger

que cerró la procesión

de las bocas que callaron,

del silencio atronador

de las primeras jornadas,

afónicas de estupor,

al ver como aquel Tiger,

entre todos el mejor,

se quedaba sin sus garras,

sin su punto y sin su ardor

ante un italiano listo,

bajito y emprendedor.

XII

 Luego vinieron los besos,

y el minutito llorón,

los abrazos, los recuerdos

y el ratito de bajón.

Pero fue muy poco tiempo,

porque enseguida volvió

el ambiente ganador

totalmente merecido,

superado ya el temor

de una derrota anunciada

en la jornada anterior.

Y Sergio ganó su punto

y la bandera mostró,

la española por supuesto,

que España es una nación,

por más que les pese a aquellos

que solo tienen pendón.

Al manjar se suman todos

cuando el fruto está en sazón

y hasta Pep, el ex culé,

que paraba en Nueva York,

 se fue para Chicago

y al capitán abrazó.

Que estamos siempre unidos

cuando hay capital “pa tós”.

XIII

De acuerdo, era la Roja

esta vez sí la igualó

porque tuvo sus momentos

llenos de gran emoción.

Tiene más aficionados

el fútbol que nuestro golf

pero el deporte no entiende,

cuando corea al Campeón,

de pelotas, ni de palos,

ni de un driver y un balón.

No es tanta la diferencia

solo la “efe” posterior

que le falta al rey del fútbol

y es Su Majestad, el gol.

XIV

Y faltaba la tercera,

que en Gleneagles se saldó:

derrota incontestable

y sin darles una opción.

En Escocia, sin clemencia,

ni venia, ni compasión,

Rory se marcó el tanto

que a Rickie le desarmó.

Cinco puntos de ventaja

y la Copa al talegón;

estaba McGinley al mando

y había solo un español,

Sergio García, como siempre;

Jiménez fue el que faltó

porque el dedo del capitán

al Pisha no señaló.

Pero, también como siempre,

Sergio su punto ganó:

uno arriba, la victoria

que a Jim Furik derrotó.

Lo sentí por Tom Watson

capitán del perdedor,

porque a sus 63 años,

don Tom era merecedor

de un empate, cuando menos,

por mor de la tradición.

XV

Dicen que no hay dos sin tres

y sin cuatro… que es mejor;

pero el gozo se fue al pozo

porque Europa tropezó

al llegar a Hazeltine

y no encontró solución

para ganar a un conjunto

con golfistas de a millón.

Seis novatos en el tee,

con ellos, un canarión

Rafael Cabrera Bello,

con Sergio otro dúo español.

Pero vinieron mal dadas

y al tercer día se llegó

con tres puntos por debajo;

un milagro se esperó

pero ya había habido uno

en la anterior edición

y aunque mucho se rezara,

 no hubo repetición.

Las escasas esperanzas

de remontar el marrón

se vinieron pronto abajo

-11 & 7 nos ganaron-

y la Copa se escapó.

Pero nos quedó el consuelo

ya que Cabrera ganó,

en un magnífico encuentro,

a Jimmy Walker 3 & 2,

y con Mickelson, el zurdo,

empató el de Castellón.

Pero no fue suficiente

para evitar la derrota

de nuestro equipo azulón.

XVI

Pero si en Minnesota

la Copa se devolvió,

en el Viejo Continente

tuvimos nueva ocasión,

en París para más señas,

sin rencores, ni perdón,

de tomarnos la revancha,

recuperar el honor.

El caso es que entre todos

logramos ver triunfador

a nuestro equipo europeo,

el del color azulón

con su bandera estrellada

como símbolo de unión,

como quería Ballesteros

y todo el pueblo español.

Porque los europeos

nos dieron otra lección

de deporte, gallardía,

elegancia y pundonor.

El equipo de esta Europa,

-el Brexit fue posterior-

recuperó la gloria

al vencer por palizón

XVII

París bien vale una misa 

y más en esta ocasión 

cuando los nuestros de Europa 

ganaron a mogollón, 

porque en Francia, la victoria

tuvo gran repercusión.

El gran danés Thomas Bjorn

ejercía de capitán 

 y otra vez dos españoles

intervenían en la acción.

Sergio, una vez más, 

cumplió con su obligación:

derrotó a Rickie Fowler

2&1 sin darle opción.

Jon Rahm, por su parte,

novato en esta edición

no jugó bien los dobles

pero dio la solución 

al ganarle, nada menos

que a Tiger, el gran patrón,

el número uno eterno, 

el que ha sido el mejor.

Pero 2&1, al final

y el vasco defenestró

al líder más aclamado, 

a todo un vencedor

que en esta Ryder francesa

la rodilla hincó

ante el joven de Barrika,

que no es de Bilbao, no,

pero se crió muy cerca

del lugar donde nació.

Total, 17.5 & 10.5

una derrota, un clamor;

el equipo americano 

volvió a casa perdedor,

esperando en 2020

recuperar el honor.

pero llegó la pandemia

y nos invadió el horror,

el golf y demás deportes

fueron a la suspensión,

la vida, en todas partes

no encontraba solución

y el mal, en forma de virus

de todos se apoderó.

La Ryder del 2020

Al veintiuno pasó

y será en Wisconsin,

en un campo muy cabrón

donde América pretende

rescatar lo que perdió

y XVIII

Y aquí se inicia otra historia

distinta de la anterior

porque el caso de París

merece un buen colofón:

mucho es lo que perdimos,

madrileños y afición.

al no conseguir la Ryder,

tras hacer la petición

para el dos mil dieciocho.

Pero la resolución

de tema tan importante

en Francia se apalancó.

Madrid bien vale una Ryder

Pero Madrid se quedó

con la miel entre los labios

y sin pizca de sabor.

No la querían en Tres Cantos

los listillos de alcanfor

y entre dimes y diretes,

hecha ya la petición

entre todos la matamos

y ella sola se murió.

Han pasado varios años,

se olvidó la decepción

y como la vida sigue,

la Ryder resucitó,

aunque no fuera en España,

sino en vecina nación.

Ya solo nos quedaba

esperar con ilusión

que el domingo 24

embargados de emoción,

celebrar una victoria

y cantar el alirón;

pero acabó la semana

con enorme decepción.

XIX

Esta vez no pudo ser,

el equipo nos falló

desde la primera ronda

el torneo se torció:

ni Rory, ni Fletwood…

la madre que los parió,

ni Casey, ni Hattón

-y vuelvo con su permiso-

a poner acento en la ó,

y lo pongo con tristeza

hasta al mismo Harringtón,

el capitán que, en mala hora,

al barranco los mandó

XX

Solo los dos españoles,

Rahm y García, sí señor,

intentaron en los dobles

salvar de Europa, el honor.

Pero ni esas victorias,

cuando el domingo llegó

sirvieron para otra cosa

que fue mucho peor:

una derrota increíble,

un total palizón

para dejar la Ryder

en casa del ganador.

Era un campo endemoniado,

donde USA nos metió,

una trampa con mil bunkers,

y una excesiva afición,

en Wisconsin, el llamado

“Estado del Tejón”.

COLOFÓN

Fuímos un equipo, sí,

pero esta vez perdedor

y sin ánimo ninguno

para defender el color

de esa bandera azul

que es de Europa la unión.

No tuvimos lozanía,

bizarría, distinción

y nos faltó la alegría

la mágica sensación

que el espíritu de Seve

en milagro convirtió

aquel triunfo de Medinah

que a todo el mundo asombró.

Ya no nos queda París,

solo el recuerdo mejor,

hay que pensar en Roma

donde espera la ocasión

de recuperar la Copa,

que digo Copa, Copón,

porque la Ryder, esquiva,

nos aguarda a la sazón.

Y dentro de esos dos años

que faltan para el perdón

de estos pecados de hoy,

tendremos la absolución

-con el Vaticano cerca,

y qué otra ayuda mejor-

en el campo italiano

del Marco Simone Golf.

Allí buscarán revancha

los de la eliminación;

no serán los mismos doce,

eso seguro que no,

pero los seleccionados

-siempre habrá un español,

o dos, tres mucho mejor-,

lucharán para vengarse

del tremendo revolcón

que, en una semana aciaga

EE.UU nos propinó.

Olvidemos lo pasado

y hagamos la predicción

para un futuro a dos años

en la Itálica nación:

18 & 12 vence Europa…

y menudo notición,

nos llevaremos la Copa,

que digo Copa, el Copón,

para que vuelva a gozar

con el triunfo la afición

que entonces podrá entonar

el anhelado alirón.

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