Torneos

Phil Mickelson (-28) ganó, de principio a fin, el Waste Management Phoenix Open que finalizó el domingo 3, en Arizona

Ver resultados y clasificación del Phoenix Open

Siete birdies, como siete soles, cuatro de ellos en los últimos cuatro hoyos del recorrido, llevaron a Phil Mickelson en volandas, el sábado 2 de febrero, hasta la jornada final del Waste Management Phoenix Open. Y el domingo 3, en la cuarta y última ronda, otros cinco birdies -con un bogey en el hoyo 2- transportaron al zurdo de San Diego a la gloria en el TPC de Scottsdale, en las cercanías de Phoenix, en Arizona.

Cuatro tarjetas de 60, 65, 64 y 67 golpes, para un acumulado de 28 bajo el par 71 del TPC de Scottsdale, sirvieron para igualar el record de golpes en 72 hoyos y poner en su haber 41 victorias en el PGA Tour. Mickelson brilló de principio a fin, fue líder durante las cuatro jornadas y hace que el golf en los Estados Unidos vuelva a tener como referentes a Tiger Woods, ganador la semana pasada en el Farmers Insurance Open y a Phil Mickelson vencedor esta semana en  Arizona, que se coloca a la cabeza de la Fedex Cup.

La segunda posición (-24), a cuatro golpes del ganador, fue para Brandt Snedeker, un digno rival que también piensa estar en los lugares de privilegio este año 2013, en el ranking mundial.

No había empezado bien el año pero al llegar a Arizona, Phil Mickelson dijo: "ya está bien. Si Tiger ha ganado la semana pasada, ésta me toca a mí". Bueno, no sé si lo dijo o, al menos, lo pensó, lo cierto es que, nada más iniciarse el Waste Management Phoenix Open, dotado con 6.200.000 $, de los cuales 1.098.000 $ han sido para él, presentó sus credenciales. Este torneo, que se celebra todos los años en el TPC de Scottsdale, comenzó con un día de niebla que obligó a suspender la primera ronda, lo que no afectó al zurdo de San Diego que entregó una tarjeta que era para no creerla: 31 y 29, total 60 golpes, once bajo el par 71 del Stadium Course. Y bien que se celebró esa cifra en el escandaloso campo donde miles de aficionados se encierran en las gradas del hoyo 16 -el Stadium Hall-, un par tres no demasiado largo, de alrededor de 150 yardas, según se coloquen las banderas y los tees de salida, que espera entre abucheos de los "cerveceros" espectadores a los jugadores que no son capaces de entrar en el green con el golpe de salida.

LA PRIMERA RONDA

Se dice pronto: once birdies y siete pares solo en la primera ronda. Se cuentan mejor los pares, en los hoyos 2, 5, 6, 8 y 9, en la primera vuelta, y en el 14 y 15 de la segunda, que los birdies logrados por Mickelson. Y es que cuando el zurdo de 42 años tiene un buen día, apaga y vámonos. Y eso les pasó a algunos ya que, debido a la niebla, no pudieron terminar la primera ronda. Pero la suerte ya estaba echada y no había ninguna posibilidad de alcanzar la fabulosa cifra de Mickelson.

LA SEGUNDA RONDA

Y llegó la segunda jornada, el viernes 1 de febrero, y Phil Mickelson continuó con sus cifras de ensueño: cinco birdies (dos en la primera vuelta) y tres en la segunda, más un eagle en el par 5 del hoyo 15. El record de 123 golpes en las dos primeras jornadas de un torneo del PGA Tour estaba a punto de caer… En el hoyo 16, en medio del estruendo de los espectadores del Stadium Hall, Mickelson hizol el par y ni sus más acérrimos seguidores le perdonaron que su bola se saliera unos centímetros del green. Otro par en el 17… y a por el record. Pero entonces apareció el agua del hoyo 18, a la que se fue su bola golpeada por la madera tres desde el tee de salida: total, un doble bogey que le dejó sin record, pero con una tarjeta de 65 golpes, seis bajo el par 71 del campo, para un acumulado de 17 bajo par. A cuatro golpes, como queda dicho, Bill Haas, y a cinco, cuatro perseguidores cuyo solo nombre haría temblar a cualquier líder: Ryan Moore, Brandt Snedeker, Padraig Harrington y Keegan Bradley.

EL ESCANDALOSO STADIUM COURSE

Lejos quedan las epopeyas de los centauros que cabalgaban por el desierto de Sonora, en Arizona. Los westerns parecen salidos de otra época pero ahí siguen en las programaciones de todas las televisiones del mundo occidental… y en algunos países más orientales. Ahora, en el desierto del Oeste americano no se atracan diligencias, ni el Séptimo de Caballería combate contra los indios, sino que, en Scottsdale, cerca de Phoenix, en Arizona, lugar de reposo de enfermos que necesitan ambientes secos, y jubilados, los vaqueros se han vestido de golfistas y disputan, del 31 de enero al 3 de febrero, un torneo de golf muy especial: en el TPC de Scottsdale, par 71. Robado a las arenas del desierto, se alza el Stadium Course, donde se encuentra el hoyo 16, un par 3, diseñado por Tom Weiskopfs, de apenas 150 metros, que es lo más parecido a un estadio de fútbol, rodeado de tribunas que acogen a miles de espectadores que, con un ruido ensordecedor, animados por las cervezas y otras bebidas, jalean a los jugadores que ponen la bola en green y abuchean a los que fallan el golpe desde el tee.

Durante la tercera ronda del Waste Management, una empresa dedicada al reciclaje de residuos, los espectadores del torneo, especialmente los del party hole, el hoyo 16 convertido en estadio durante la competición, celebran de manera estrepitosa el Green Day, el día verde, donde ese color es el que predomina en las gradas y en el vestuario de muchos de los jugadores participantes. Casi todos regalan gorras o viseras a los espectadores y los caddies tienen ante sí un reto: correr para llegar antes que sus compañeros al green del hoyo, una vez que sus "jefes" han dado sus respectivos golpes. Los vencedores tienen premio y los que no corren -que son muchos- son abucheados por los espectadores.

No es posible comentar.