Opinión

Laureano Palos tijeras’ o ‘El handicap siempre sale’

Esto marcha. En mi última salida a un campo de golf no pisé el raf. No sé si es un mérito pero a mí me pareció sublime. Claro que, muy a mi pesar, en el nueve visité el agua. Bola perdida.
Con todo, ese sucinto resumen de un partido es esperanzador. Ya contaba en anteriores monsergas que había acudido a un “gurú”, para tratar de corregir mis erráticos swines. Y a fe que sus consejos lo están consiguiendo.
Pero, queridos compañeros, no todo el monte es orgasmo ni toda calle la panacea. Todos sabemos aquello de “después de verdi, merdi” o “al final, el hándicap sale”. Y es cierto, al final sale. Para mi fortuna, ni un verdi hice. Lo que me libró del merdi, según reza dicho pero, aún así, apenas pude hacer 95 golpes en un par 73, esto es: 22 golpes sobre el par. A mí, el hándicap me da 23. Por eso comencé diciendo que “esto marcha”: uno menos.
Hasta aquí lo bueno. ¿Y lo malo? Ay amigo, todo esto tiene un precio. Para empezar, me cuesta mucho colocarme. Ahora estoy con el tronco más inclinado, más lejos de la bola y alineado un pelo a la derecha. Una postura inhabitual que me cuesta. Para decir verdad, me siento un poco ridi. Pero, entre el ridículo y el desacierto, prefiero sonrojarme.
Hacía mucho que no fallaba una calle desde el tee. Y ver volar ese drive haciendo un poco de draw es realmente una sensación nueva y gratificante. No obstante, este deporte maravilloso y puñetero, te juega malas pasadas: tras una salida espectacular, bola bajo un árbol y segundo golpe a mitad de potencia. Tras una llegada brillante en regulación, de dos en green, cinco puts.
Pues eso, que el hándicap aparece y recortarlo es tarea interesante pero ardua. Y en eso estoy. En recortar. Tendré que ir pensando en un nuevo título para la sección y si me va bien, tal vez la llame “Laureano palostijeras”, o más simplemente: “Ministerio de Economía”.
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