Campos

La Faisanera, un nuevo y espléndido campo de golf, diseño de Olazábal, junto a La Granja de San Ildefonso, en Segovia

La Faisanera Golf, situado en el término municipal de Palazuelos de Eresma, a tres kilómetros de La Granja de San Ildefonso, en la provincia de Segovia, a tan solo 45 minutos de Madrid por carretera,  y al lado de las bodegas de DyC, es una de las sorpresas más agradables que hemos tenido oportunidad de disfrutar en los últimos tiempos. Y lo es por muchos motivos. El primero porque el recorrido de La Faisanera es un primor.
Chema Olazábal se ha lucido y ha conseguido hacer de una finca rústica, donde antiguamente correteaban a sus anchas los faisanes que, después de su caza correspondiente se servían a los invitados de los Reyes españoles en el palacio de verano de La Granja. La Faisanera es  un espacio, que además de hermosos horizontes, se ha convertido en un recorrido de golf espléndido. Sobre todo porque, siendo un campo largo y salpicado de obstáculos sabiamente ubicados, transmite confianza. Vamos a ver si nos explicamos.
Cuando se entra al recinto del campo, la primera impresión, la primera idea que a uno se le ocurre es ¡bah!, campo planito y facilón. Y sí, es planito, pero, lo cierto es que facilón, facilón… no es. Porque, claro, está tierno y las masas arbóreas (se han plantado 997 ejemplares de diversas especies), todavía están poco crecidas, poco frondosas, aunque algunos hoyos están bien surtidos por los árboles que ya existían en la finca. Además, las calles, cuando uno se sitúa en el tee del uno, aparecen anchas, despejadas. Así que, lo dicho, aquello transmite confianza y uno se agarra al drive con la seguridad de que la bola, bien o mal, terminará en buen lugar.
Hay que darle
Y sí, todo eso es cierto, plano, despejado y, al fondo, un paisaje espléndido, con la sierra de Guadarrama como cierre y, al fondo, la Bola del Mundo ya vestida de blanco en esta época del año. Pero en el golf, como todos los aficionados sabemos, no es pájaro todo lo que vuela. Porque las bolas, en La Faisanera, han de volar. Y algunas mucho, porque los pares cuatro se las traen. Vean: el tres: 422 metros (366 desde amarillas, 354 desde rojas); el cinco, 427 metros (387 amarillas, 341 rojas); el once y el catorce, 450 metros (407 y 401 amarillas, 358 y 357 rojas); el dieciséis, 402 metros (365 amarillas, 321 rojas). Sólo baja de los 400 el ocho, con 309, así que, para aficionados como el que escribe no es nada sencillo alcanzar el green de dos. 
Pero, a pesar de esto y de que hay agua -el campo cuenta con cuatro lagos, terror de muchos aficionados- lo cierto es que, en general, y teniendo el cuenta que el rough (raf para los íntimos de Cervantes y sus seguidores) no estaba crecido, el campo es una gozada. Hay algunos hoyos espectaculares. El seis es un par cinco con dog leg a la izquierda festoneado de árboles a ambos lados, un gran hoyo. Similar es el mencionado ocho, corto pero con dog leg a la derecha y un segundo tiro con árboles guardando el green por todos lados. El diez, un par tres de 180 metros con agua a la derecha. El doce un par tres cortito cuesta abajo pero con un arbolazo justo en medio de la calle y un gran bunker frontal, muy bonito. El 17, un par tres precioso con agua a la izquierda o el 18, un par cinco para terminar con el green también asomado al lago y un último tiro que ha de ser preciso para quedarse desairado en bunker o darse un lindo chapuzón.
Dificultades
En la primera vuelta, el uno anima: par cinco ancho y recto. El dos, par tres corto, handicap 18. El tres, par cuatro: agua a la izquierda a la caída del drive. En el cuatro, par tres, no hay que pasarse (134 m. amarillas), agua detrás del green. El cinco, handicap 2, par cuatro, largo, largo, hay que ir recto. El seis, par cinco: si se sale bien, cómodo para llegar de tres. El siete, par tres largo. Si no eres pegador hay que jugar madera para asegurar que se llega de primero. En el ocho, par cuatro, si juegas por la izquierda de salida es más despejado pero más largo. En el nueve, los pegadores pueden llegar de uno (249 m. desde amarillas) pero hay que ser preciso, hay mucho bunker de protección.
En la segunda vuelta se empieza con un par tres espectacular: 160 m. desde amarillas y agua desde el tee al green por la derecha. Tela. El once, par cuatro, es muy, muy largo. Complicado llegar de dos. El doce, par tres corto, solo hay que salvar el bunker y un árbol en medio de la calle. El trece, par cinco, largo. No es difícil llegar de tres. El catorce, par cuatro complicado por lo largo. El quince, par cinco muy largo (494 desde amarillas). Si se va por calle, no es complicado. El dieciséis, es un par cuatro muy bonito. El peligro es pasarse al tirar a green, hay agua detrás. El 17, par tres, uno de los más atractivos. Si la bandera está a la izquierda es peligroso por el agua que hay delante. El dieciocho, par cinco, permite dos golpes rectos en calle. Al final, gira a la derecha para llegar a green bordeado por el agua en el lado derecho. Agua a la derecha, bunkers a la izquierda, bonito, pero no muy fácil. 
Aunque es par 71, el campo tiene lo suyo: 6.471 metros, repartido en 3.098 los primeros nueve y 3.373 los nueve últimos, medidas correspondientes a las barras negras (profesionales circuito internacional). Tiene como queda dicho, cuatro lagos que garantizan dos semanas de riego en las épocas de mayores necesidades. El agua utilizada procede de aguas recicladas en la depuradora de San Ildefonso y se distribuye por aspersión, en calles y greeenes, y por goteo en zonas ajardinadas.
Inauguración
Creo que es preciso destacar el exquisito respeto que los diseñadores y los constructores han tenido sobre el terreno desde el punto de vista paisajístico y ecológico. Se ha preservado una zona de olmos al lado de la cancha de prácticas y se han plantado 210 fresnos (Fraxinus Angustifolia); 18 encinas (Quercus ilex); 206 cedros (Cedrus Deodara) especie conocida como “Cedro del Himalaya”; 134 Cedros del Líbano (Cedrus Libani), con cuya madera, se dice, construyó Salomón su templo; 209 Pinos de la especie Pinus Nigra que pueden alcanzar hasta 55 metros de altura; 180 Pinus Silvestris, los conocidos en la zona como “pinos de Valsaín”, árboles golfísticos, por cierto, ya que también es conocido como “pino de Escocia”.
Y, finalmente, 40 olmos de la variedad Ulmus Laevis.
Y, por si todo esto no fuera suficiente, al final, además del consabido hoyo 19 (de momento pequeño y provisional) justo a la salida del campo está el Hotel Restaurante Santana donde se pueden tomar unos magníficos judiones de La Granja y un cochinillo que no merece menos honores. Un final acorde a una espléndida jornada de golf, como la que disfrutamos los periodistas que acudimos a jugarlo, justo la jornada anterior a su inauguración oficial, en la mañana del 13 de noviembre de 2010.
El acto, al que acudió el diseñador del campo, José María Olazábal, junto con distintas autoridades locales y regionales, además de los representantes del accionariado de Segovia 21 -Diputación Provincial, Caja Segovia y Cámara Oficial de Comercio e Industria- supuso la “salida” oficial desde el tee del uno, del nuevo campo de La Faisanera, aplaudido no ya por los numerosos socios con que cuenta , sino por todos los aficionados al golf, tanto de Segovia, como de Madrid, que está a un paso, como quien dice, y de todos los jugadores, tanto españoles como foráneos que, sin duda, acudirán a comprobar todas las bondades de las que aquí se ha escrito.

(Las fotos de La Faisanera son de Luis Corralo)

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