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¡¡¡INJUSTA!!! victoria de Cantlay (-21), por hándicap, sobre Rahm (-20), en el Tour Championship

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(En la imagen, Jon Rahm en la cuarta jornada del Tour Championship).

Insisto: ¡¡¡INJUSTA!!! victoria de Patrick Cantlay en el Tour Championship. Solo el absurdo sistema de «hándicap inverso», ideado por los «ilustres e ingeniosos» cerebros del PGA Tour, lograron que el norteamericano, más seco que la mojama pero, eso sí, un jugadorazo que no se inmuta por nada y juega de una manera sencilla y eficaz y es capaz de embocar todos los putts que se le pongan por delante, sea cual sea la distancia y tengan las caídas que tengan, ganara un torneo que, en justicia, debería haber sido para Jon Rahm, y quien sabe si no para Kevin Na, el pequeño gran hombre que, sin el hándicap inverso e injusto -repito una vez más y no me cansaré de decirlo- debería haber salido a play off con el español para dilucidar el triunfo.

Al final, un 21 de Cantlay por un 20 de Rahm, que no refleja la realidad de lo ocurrido en el East Lake G. C. (par 70), en Atlanta. Y es que todo suena a despropósito. ¿A cuento de qué viene lo de dar golpes a los «mejores» por parte de los «peores», cuando es un torneo en el que participan los 30 jugadores que han conseguido colocarse en esa treintena de «privilegiados» gracias a sus actuaciones a lo largo del año?

¿Dónde está la lógica? Por muchas estadísticas que tengan los norteamericanos, por más datos que ofrezca el PGA, la mayoría innecesarios, quien puede explicarme por qué hay que darle diez golpes de ventaja al jugador que llega líder al último de los torneos de la temporada del circuito americano.

Su ventaja es su trabajo, no una decisión de los despachos, cuando menos imposible de entender, al menos desde mi punto de vista. Y creo que aunque me expliquen los motivos en un seminario sobre el tema, no llegaría a entenderlos, ni a comprenderlos nunca.

CUESTIÓN DE SABER SUMAR

La situación es anómala en todos los sentidos. Cualquiera que vea la clasificación del Tour Championship puede pensar, no que los responsables del circuito sean unos genios, sino que ni siquiera saben sumar.

En dicha tabla clasificatoria que certifica los resultados obtenidos, hay un error tan de bulto, que no es de recibo. Patrick Cantlay, a la sazón firmó cuatro tarjetas de 67, 66, 67 y 69. Como el par del East Lake es 70, la suma da un total de 269 golpes, es decir, once golpes bajo el par del campo. Sin embargo, en esa misma línea de números, al ganador se le aplica un -21, en lugar de un -11 -que es lo que hizo realmente-, lo cual a los poco avisados en este mundillo golfístico, les parecerá que los señores del PGA Tour, no saben ni sumar.

En el caso de Jon Rahm, sus cuatro tarjetas de 65, 65, 68 y 68, suman un total de 266 golpes, es decir, tres menos que el total de Cantlay. Sin embargo, en la tabla figura como segundo, debido a los cuatro golpes que le daba al californiano, de 29 años, por decisión aleatoria de los insignes responsables del PGA Tour.

En cuanto al tercero, Kevin Na (66, 67, 66 y 67), la suma de sus golpes es de 266, con lo que empataba (-14) con Rahm, en cualquier otro torneo. Y sin embargo, su resultado final fue de -16.

Para no insistir más: el cuarto clasificado (67, 67, 65 y 70) fue Justin Thomas (-15), que en buena lid, hubiera empatado (-11) con Cantlay en la tercera posición; al menos eso dice la tabla clasificatoria donde las matemáticas, como el algodón frente a la suciedad, no engaña.

Y eso así sucesivamente. Total, en condiciones normales, sin ese hándicap inverso, los colíderes finales hubieran sido (-14), Jon Rahm y Kevin Na, que se hubieran jugado el bonus de 15.000.000$ en un emocionante play off que habría hecho las delicias de millones de aficionados.

Todo ello, al margen de la calidad indudable de unos y otros jugadores que si están entre esos 30 primeros, es porque se lo merecen, y no necesitan ayudas de ningún tipo.

LA PRUEBA DEFINITIVA DEL ABSURDO

Pero hay una prueba definitiva de lo absurdo de la fórmula de lo que yo llamo el «hándicap inverso»: los puntos que se otorgan para el ranking mundial. Resulta que esos puntos se dan a los jugadores sin contar el hándicap citado. Así que ese sí que es un detalle que dice todo en contra de la fórmula inventada por los señores del PGA Tour, no sé con que fines.

El caso es que Jon Rahm demostró, una vez más, que es el mejor, el número 1 del mundo, el que siempre está optando a victoria, o casi, para alegría de todos los aficionados españoles al golf y al deporte en general. Y eso, a pesar de los problemas que le ha causado la pandemia, que le privó de una victoria en The Memorial cuando la tenía a tiro de piedra y que le impidió representar a España en los JJ.OO de Tokio. Esta derrota de despachos no quita para nada el mérito del jugador español de Barrika concretamente, que está muy cerca de Bilbao.

Lástima, porque si hubiera sido del mismo Bilbao, no se les hubiera ocurrido a los señores del PGA Tour obligarle a dar cuatro golpes de ventaja a Patrick Cantlay. Esto es broma, por si acaso alguno no lo ha entendido así.

BUENA ACTUACIÓN DE SERGIO GARCÍA

Sergio García (-7) con cuatro tarjetas de 68, 70, 66 y 69, que daba 10 golpes a Cantlay al comienzo del torneo, fue de menos a más y acabó decimocuarto, empatado con Rory McIlroy, Cameron Smith y Louis Oosthuizen. Casi nadie al aparato. Un paso adelante de García para asegurarse la llamada de Padraig Harrington, capitán del equipo europeo de la Ryder Cup.

 EL RANKING INVERSO

Esta prueba, que corona al mejor jugador de la temporada del circuito norteamericano se juega con la fórmula novedosa del «hándicap inverso». Tal y como se contempla en la imagen, bajo estas líneas, los 30 participantes en este último torneo de la temporada, juegan bajo una fórmula en la que los mejores no dan golpes a los peores, sino al revés.





Así Patrick Cantlay, tras su victoria la pasada semana en el BMW Champìonship, salía en el partido estelar con diez -he escrito bien ¡¡¡DIEZ!!!- golpes de ventaja sobre los cinco últimos clasificados. Por supuesto, esos cinco últimos clasificados, y los cinco anteriores, que le dan nueve golpes al número 1 de la FedEx juegan ya solo por el dinero y, algunos, por el placer de jugar. Porque en un torneo de treinta jugadores, si los primeros reciben golpes de los últimos -lo de los golpes no lo tomen al pie de la letra-, es casi imposible, aunque esto es el golf y la madre que lo parió, una victoria que no sea de los cinco primeros clasificados.

Para que nos entendamos: Tony Finau, que era el segundo y jugaba la primera ronda del torneo en el partido estelar con Cantlay, lo hacía con -8; Bryson DeChambeau, tercero, después de perdonar en Maryland a Cantlay tenía de salida un -7 y Jon Rahm, que tenía como compañero, en el encuentro anterior al estelar al californiano -¡pin, pan pun… vaya partido espectacular!- lo hacía con -6.

Cuatro golpes de ventaja en un torneo a cuatro jornadas pueden ser muchos, pocos… Pero, ¿por qué esa idea de premiar a los buenos, cuando en el mundo amateur, el hándicap se hizo para ayudar a los malos?

Y si cuatro golpes son mucha ventaja, imaginen a García dando diez golpes a Cantlay. ¿Absurdo, no?

GARCÍA: EAGLE Y NADA MÁS

Ya que escribo de García hay que resaltar su magnífico comienzo, pero… El caso es que el castellonense, el otro español entre los 30 mejores del ranking FedEx, firmó un increíble eagle, embocando de dos golpes, el segundo de casi 150 metros, en el hoyo 1, par 4 de poco más de 400 metros, considerado como el octavo más difícil del recorrido. Aquello era para tirar cohetes. Pero en el hoyo dos, par tres, García firmó un bogey y otro en el hoyo 6, par 5. Luego vinieron dos birdies en la segunda vuelta, en el 12 y el 18, pero la ilusión del principio se quedó en eso, en vana ilusión porque su tarjeta de 68 golpes le dejó (-2) en el puesto 23. Algo es algo.

EL HÁNDICAP PARA QUIEN LO NECESITE, ¿O NO?

El golf es el único deporte -al menos que yo sepa- en el que se penaliza a los que juegan bien y se beneficia a los que lo hacen peor (ver el romance «El hándicap y la cerveza» en esta misma página web-. Eso es así en lo que se refiere al golf amateur, lo cual no deja de ser un error, si tenemos en cuenta que la práctica del hándicap no sirve solo para que los amigos no te ganen siempre las cervezas, sino para que algunos listos utilicen el hándicap para ganar torneos de aficionados donde hay buenos premios. Recuerdo el Rolex, entre ellos, y lo hago con nostalgia, porque hace ya tiempo, entre la crisis y el Covid que las empresas ya no patrocinan premios con regalos de categoría.

Está bien el hándicap, ya digo, para los partidos de amigos de club porque así se hacen más interesantes, pero en los torneos, aunque sean de aficionados, los hándicaps altos son los que tienen ventaja sobre los bajos y esto no solo no es equitativo -dejemos la justicia para otros asuntos- sino que no estimula a los malos a mejorar con entrenamiento y esfuerzo; antes al contrario: «cuanto más alto tenga el hándicap, más puntos me dan así que, para que voy a perder el tiempo en el campo de prácticas».

Y si en el terreno amateur en los torneos debería primar la fórmula scratch antes que la de hándicap y los premios deberían ser para los que mejor juegan, en el terreno profesional, donde todos participan con las mismas cartas, es absurdo que se den golpes a los mejor clasificados después de una temporada en la que todos, en general, han tenido que sufrir mucho, al margen de lo que se hayan divertido y del dinero que hayan ganado.

¿ABSURDO O LÓGICO?

A mi esta fórmula de puntuación me parece absurda y quizás sea porque no llego a entenderla. Si los 30 mejores acceden a esta final, los 30 deberían tener las mismas oportunidades, ¿por qué entonces el PGA Tour se empeña en facilitar el torneo a los que están en lo más alto del ranking FedEx?

Debe de haber una explicación lógica a la que yo no tengo acceso. Es posible que, en un mundo como el del circuito norteamericano, donde todo son estadísticas y datos exhaustivos, lo de dar golpes a los buenos sea un acierto pero, desde mi punto de visa, es incomprensible. Y ahí lo dejo.



CRÓNICA DE LA TERCERA JORNADA

A falta de la última jornada en el Tour Championshp, que finaliza el comingo 5 e Jon Rahm (-18), es segundo, solo dos golpes de Patrick Cantlay (-17), en el Tour Championshp, en Atlanta.

Rahm (65, 65, 68) ha remontado dos golpes al líder Patrick Cantlay (67,66) en tres rondas, pero hay que tener en cuenta que el vasco daba cuatro golpes al norteamericano al empezar el torneo, el jueves 2 de septiembre, debido al sitema de ranking inverso con el que juegan los 30 mejores del ranking este último torneo de la temporada 20/21 del PGA Tour.

Justin Thomas (-15) es tercero, pero todo parece indicar que el triunfo final se dilucidará en el «match play» que enfrentará en el partido estelar a Rahm y Cantlay.

Rahm está jugando muy bien, pero Cantlay (67, 66, 67) no parece humano y juega con una sencillez asombrosa, de tee a green y emboca todos los putts sean de la distancia que sean y a pesar de las caídas que tengan. Y menos mal que en la segunda parte del recorrido del sábado tuvo un bajón, con bogeys en los hoyos 11, 14 y 16, que fueron los que hicieron posible que Rahm no se alejara de la cabeza más de la cuenta,

El español, que firmó el jueves una tarjeta (-5) de siete birdies y dos bogeys dio la sensación de que iba a por todas, como siempre; en este caso con la decisión de lograr una victoria en esta última prueba de la temporada del PGA Tour, que reparte 40.000.000$ entre los 30 mejores clasificados en el ranking FedEx.

El viernes, de nuevo, otra tarjeta de -5, con seis birdies, tres de ellos consecutivos, del 16 al 18, y solo un bogey. Toda una prueba de regularidad que no hace sino confirmar su buen estado de juego durante toda la temporada, a la que solo venció, en dos ocasiones -el Memorial y los JJ.OO- el Covid 19.

El sábado, con un juego más conserador. quizás y no con tanto tino en los greenes como en días anteriores, el de Barrika firmó solo tres berdies contra un bogey, en el hoyo 8, lo que le alejó un golpe sobre el que ya le sacaba el norteamericano.

La pareja Cantlay & Rahm vuelve a jugar el partido estelar el domingo 5 de septiembre. A lo que parece, aunque esto es golf y nunca se sabe, ambos se disputan el torneo, a modo de match play, pero con la sombra de Justin Thomas que, aunque está a cinco golpes de su compatriota y a tres de Rahm, es alargada.

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