Opinión

El Basilazo

Ya lo dijo el viejo zorro de Sir Wiston: “El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse”. Está bien recordarlo porque si queremos jugar al golf con éxito, y yo quiero, como dice Churchill, hay que fracasar repetidamente.
He puesto aquí por escrito que estaba mejorando y que ya no visitaba tanto el raf. Y es cierto. Lo cual, queridos golferos, como bien sabéis, no significa que los resultados, al final del recorrido sean mucho mejores. Pude constatar tamaña verdad de Perogrullo en mi última jornada de golf, compartiendo partido con el gran jefe de esta página, Basilio Rogado y Pepe Molina, un viejo zorro del green que, como Machado, golpe a golpe, hace del golf poesía.
Rogado, jugador tenaz, compañero festivo y con una moral a prueba de bunkers, rabazos, pérfidas caídas, malezas y cualquier suerte de trampa gofística, me enseñó el otro día dos cosas: que ser bocazas es nefasto y que la tenacidad es el catalizador que hace bueno al talento.
Ufano como estaba este forrabolas de sus mejoras, arrancó con el ímpetu de los triunfadores: par al uno y al dos, y terminó fracasando estrepitosamente en los pares tres donde nunca bajó de cinco. Sí, sí, mucho presumir de jugar en calle pero cuando hay que acertar con el green, y con el put: caca de la vaca.
Aprendí, otra cosa, o mejor dicho, bauticé, sin agua ni bendiciones, sólo con palabras, uno de los golpes que Basilio ha mejorado hasta hacerlo excelso y que el otro día exhibió con la soltura de un pro: el “Basilazo”.
Estamos acostumbrados, entre amigos, a calificar de “golpazo” ese drive que desde el tee vuela alto y recto para aterrizar lejos. Bien, ese “golpazo”, en el caso de Basilio, es un “Basilazo”, término que cambia la bilabial “m” de misil, por la obstruyente bilabial sonora “b”, de Basilio.
Y es que, Basilio, viene del griego antiguo, Basileios, que significa “Rey”. Y eso es Rogado, un rey del swing que ha cambiado el cetro por el driver y le pega que da gloria verlo. Y ahí estaba este forrabolas para fracasar, una vez más, pero para gozar de los “Basilazos” de una plácida mañana de golf.
No sé, si algún día, llegaré al éxito, pero de lo que doy fe es que no pienso desesperarme ante el fracaso si ello conlleva compartir el juego con dos grandes amigos y gozar de sus enseñanzas.
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