De raf en raf: Olvídame, tanto raf

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Laureano Suárez que no es muy feliz con el raf (rough) para los británicos, prefiere las hierbas para las infusiones.

Los caminos del golf son insondables.  Al menos para mí. Y lo son porque no es que donde menos lo esperas salte la liebre, no, salta un auténtico canguro. Quiero decir que, para asombro de propios y extraños, a veces, la sorpresa que dan el palo y la bolita es mayúscula.
Me explico: suelen ser mis andanzas golfísticas pasto de los pastos. Esto es, que me como el raf en las más de las ocasiones, lo que, a su vez ocasiona, que me coma, no ya las uñas, que no suelo, sino los codos y, por supuesto, el resultado. Pues bien, va a resultar que jugando bajo presión, lo hago mejor. Y lo digo con todas las precauciones del mundo, pero, a los hechos me remito.
Les cuento: quisieron los hados llevarme a Palma de Mallorca para formar parte de un grupo de periodistas españoles y disputar un match contra un equipo germano. Fueron dos espléndidas jornadas de golf, una formando equipo con un compañero y otra individual, ambas en modalidad Match Play.
Pues bien, ante mi propia incredulidad, visité el raf menos de lo esperado y, como consecuencia, mi juego mejoró notablemente. Resultado: vencimos en la modalidad de dobles y en la individual… también. Sí, asómbrense, este forrabolas, investido con los colores del equipo español, fue capaz de aportar dos puntos al casillero de su equipo. Ahora va a resultar que mi desmedida afición a visitar los aledaños de la calle es debida a una estúpida falta de concentración. Todo puede ser.
Pero, siempre hay un pero, siendo honrado conmigo mismo y con mis compañeros, tengo que decir que, a pesar de ganar, tampoco es que jugara bien. Lo que ocurre, a ustedes también les habrá pasado, es que los contrarios eran peores. Porque, para decir la verdad, hubo raf, hubo agua, hubo bolas perdidas y hubo golpes de fortuna. Nada excepcional en un partido de golf, pero los hubo. Y lo que hubo fue un constante apoyo del compi que a pesar de mis temblores, dudas y filazos, no perdió la sonrisa y me animó durante todo el partido.
Así que, aprendiendo de la experiencia, me he prometido a mi mismo aplicarme a dar bolas para ir más recto y ponerme un cilicio cada vez que salga al campo, a ver si así, bien presionadito, me concentro en mandarla a calle, o sea, jugar como dios manda, dicho sea con respeto pero también con su puntito de cachondeo. Raf, querido, vete olvidándome.

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