Opinión

De raf en raf: no estoy contento

No estoy contento. O sí. En realidad, no sé. Me explico: ya no frecuento tanto el raf. Y estoy contento por ello. Pero, siempre hay un pero, por otro lado, no estoy contento porque, sí no visito el raf ¿qué diablos puedo yo contar en esta sección que se llama, precisamente, “De raf en raf”. Tendré que ingeniármelas.
El culpable de este lío es, naturalmente, Basilio Rogado. Sí, sí, Basilio Rogado, sin rezo, ni mazo ni ruego alguno: B. Rogado o el Cid Romanceador. Atentos: según el DRAE, rogado, además del participio del verbo rogar, es “persona que le gusta que le rueguen mucho antes de acceder a lo que le piden”. Estos del DRAE no conocen a Basilio, está claro. A este camarada no hay que rogarle nada, solo tienes que decir: “Basi, vamos a jugar”. No digas a qué. Antes de que termines de decirlo ya tiene el Big Bertha en la mano y te mira como un Pointer cuando dices: ¡escopeta!
Tamaña acusación debe tener una base. Hela aquí: este animoso caballero, amante del golf, bienhumorado, jocoso, trabajador, buen amigo y gran conversador, entre otras muchas virtudes, tiene una página web dedicada, como no podía ser de otra manera, al golf. Así que, como es amante del golf, trabajador y buen amigo, me instó (que verbo este de “instar” ¿verdad?, que redicho el jodío), esto es “insistió con ahínco” en que escribiese en ella. Y, claro, ¿de que puede escribir un forrabolas? Pues de sus cuitas. ¿De qué si no?
Y en eso estaba yo, tan contento con la prosa como descontento con el juego. Y ahí vuelve a ser culpable Rogado. Su mal ejemplo (juega casi todos los días) me arrastró de nuevo a visitar canchas de prácticas, campos de golf ¡y hasta su jardín para hacer “aprochitos”! La consecuencia es que mis golpes ya no son tan erráticos como solían. Resultado: visito menos el raf, estoy más contento con mi juego pero tengo poco que contar. ¿Qué hago? ¿Dejo de jugar? ¿Dejo de llorar por escrito? No sé, la verdad.
He pensado reinventarme con una sección que se llame “En la puta calle”, con perdón para las honradas hetairas, poniendo el sobresalto en el título porque ¿ya me contarán que mérito tiene jugar en calle que es lo que hay que hacer? Pero, además de malsonante, no tendría gracia. Y este maravilloso juego, si no te relajas, no te ríes de ti mismo y de sus extravíos, no se disfruta por entero.
Así que, aquí estoy, en la duda: contento en el green, mosqueado en el folio, tratando de averiguar si es mejor eso o lo contrario. De momento, mañana me voy a jugar y ya les contaré si se me ha ocurrido algo.
No es posible comentar.