Opinión

CRONICAS AQUILEANAS (VI): Redescubrimiento de la radio

A lo largo de estas dos últimas semanas transcurridas desde mi anterior crónica aquileana he curado la “tendinitis” de mi dedo pulgar abandonando el mando a distancia de la TV y refugiándome en la radio mientras trabajo algo, basándome en la consideración de que de poco sirve que se cure el tendón si para entonces he fallecido de inanición y, conmigo, mi Lola y todos mis gatos.
La radio, aparte de la inmediatez de la información actualizada de modo permanente, permite hacer otras cosas a la vez (además de mascar chicle como el Prince Charles), por ejemplo trabajar o escribir estas líneas.
Pero también te ofrece la posibilidad de asistir pasmado a la seguridad con la que los diferentes tertulianos (siempre los mismos y no tantos) hablan de cualquier cosa, de cualquier materia sea cuál sea como si fueran cada uno de ellos un compendio de los siete sabios de Grecia, esto es: Cleóbulo de Lindos, Solón de Atenas, Quilón de Esparta, Bías de Priene, Tales de Mileto, Pítaco de Mitilene y Periandro de Corinto. 
En estas dos semanas hemos podido conocer todo tipo de opiniones  -dictadas desde la comodidad de un estudio-  acerca del mejor modo de solucionar el conflicto suscitado por el secuestro del atunero Alakrana en aguas del océano Índico, incluyendo la complicación causada por la detención de dos de los piratas y el periplo sufrido por el presunto menor por diferentes hospitales y centros de reclusión.
Debo reconocer que se han propuesto y justificado actuaciones de todo pelaje.
Soluciones que van desde el abordaje al estilo de película americana mediante el uso de submarinos (preferiblemente convencionales ya que los nucleares, además de demasiado aparatosos, habría que pedirlos prestados), hasta el pago del rescate por parte del armador. Y, como siempre, entre ellas todo un universo de propuestas.
No querría estar en el pellejo de la ministra de Defensa, menos aún en el de las familias de la tripulación del barco y para que hablar de la situación de los secuestrados… ¡que soledad en esta tormenta!
Mi solidaridad con las familias y con los pescadores y mi deseo de que se alcance pronto una solución y se pueda recuperar sana y salva y cuanto antes a toda la tripulación del Alakrana, eso por delante.
Pero no quiero terminar estas líneas sin hacer una reflexión acerca de la actuación, una vez más, del juez de jueces, de la actuación de su señoría el juez Garzón Real (no confundir con el garzón común, de menor porte y plumaje menos vistoso) quién por enésima vez ha mostrado un defecto de difícil cura: su incontinencia procesal.
Solo que en este caso, él tiró la primera piedra y ahora le toca a otro “desfacer” el entuerto.
Sic transit gloria mundi…. y mi tendón en reposo y sin dar demasiada lata.
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