Opinión

CRONICAS AQUILEANAS “IV”: Lo peor es que los días son todos iguales

Parece mentira lo largos que son los días cuando dependes de unas muletas para cualquier mínimo desplazamiento o sencillo quehacer. Más todavía cuando necesitas de otra persona para multitud de tareas domésticas elementales y no digamos si la actividad es “outdoor”.

 Aún así y como consecuencia del adiestramiento que obtienes con el paso de los días, vas realizando determinadas acciones mejor y en menos tiempo, pero, ¡oh cielos!, te percatas de que el ahorro de tiempo va en contra de la necesidad de “consumir tiempo”, de llenar horas y horas de aburrimiento.
La dificultad te hace apoltronarte muchas horas al día en un sillón e, idiotizado, mirar la televisión con la vana ilusión de entretenerte.
Tengo el dedo pulgar de la mano derecha con tendinitis de tanto apretar el botón de cambio de canal en un compulsivo e infructuoso zapping.
Así, tengo vistas unas treinta y cinco películas, pero en desorden, es decir, veo los últimos quince minutos de una determinada  película de acción y al día siguiente igual pillo la parte central y no me entero de nada hasta que tres días mas tarde me entero de cómo empieza, pero para entonces confundo el final de ésta película con otra que tenia unos bombazos similares…., en fin, un lío.
También veo golf, pero me desazona no poder coger un palo e intentar reproducir un swing que acaba de hacer tal o cual golfista, sobre todo ahora que estaba empezando a salir del insufrible síndrome de “soqueta” permanente.
Por otro lado debo confesar que ese alborozo gratificante que, tras la primera ducha, hizo que me sintiera como Luis XIV, ha dado paso en las últimas operaciones de aseo integral a la sensación de ser “el cojo manteca a remojo” y eso que en casa no tengo cabina telefónica que destrozar a “muletazos”.
Hoy, con un despliegue de medios logísticos digno del presidente de USA, me han llevado a comer a la maravillosa terraza del restaurante del Club de Campo Villa de Madrid, disfrutando de un día primaveralmente espléndido. He sido feliz durante tres horas.
Se trata, pues, de una lucha denodada y desigual por salir de la rutina diaria, pero, eso si, sabiendo que la semana tiene 10.080 largos minutos que llenar y menos mal que 3.360 de ellos los paso en la cama durmiendo….
A todo esto, se me olvidaba: el tendón bien cosido y parece que en trance mas o menos lejano de volver a servir para caminar.
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