Opinión

Chanson D’automne

De golpe, como disfrazada de invierno, ha llegado a Madrid la primera oleada del otoño y ha impregnado de melancolía el ambiente.
Las pocas hojas que quedaban en los plátanos madrileños han sido barridas por la lluvia caída durante la noche.
Hace frío; los armarios se abrirán en la rebusca de la ropa olvidada desde tantos meses atrás.
Pronto nos quitarán la hora de luz del crepúsculo que nos ofrecía cuartelillo en nuestro ocio golfístico, sin que nos compense la anticipación de la luz de la aurora.
Algún anuncio de turrón nos recordará que estamos a punto de rendir cuentas del año transcurrido.
Cada mañana, junto con el café, nos ofrecerán en el bar rutinario un décimo de lotería.
Salvo las cigüeñas, todas las aves migratorias estarán comprobando los efectos de la “primavera” norteafricana….
… y, como única oposición a este advenimiento, una efímera primavera de flor cortada invadirá los cementerios, recordándonos que estamos de paso y que la única inmortalidad a la que podemos aspirar se extinguirá cuando nadie nos recuerde.
Escribo hoy estás líneas porque estas otras
Les sanglots longs des violons de l’automne
blessent mon coeur d’une langueur monotone.
las escribió Paul Verlaine hace muchos años y dieron inicio al desembarco aliado en Normandia.
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