Opinión

Sergio y Jon, brillan; el golf amateur se apaga

 

 

A pesar de la euforia que ha llegado de repente a los jugadores de golf aficionados, en España se vive una decadencia en el golf amateur que debería preocupar a los dirigentes deportivos.

Claro que alguien podría preguntar: ¿cómo es posible que se hable de decadencia del golf cuando hay un joven, Jon Rahm, que ha surgido con tal fuerza que compite con los mejores del mundo, y tenemos en la élite a Sergio García y otros grandes jugadores aunque no estén a la altura de los dos citados?

Item más: ¿cómo se puede hablar de decadencia de un deporte cuando en una misma semana -con final el domingo 21 de enero- dos españoles han ganado en dos Circuitos profesionales diferentes como el Asian Tour -aunque sea un torneo menor- y el PGA Tour, con rivales como Mickelson, Watson y Reed que se quedaron fuera del corte?

Por una parte, según el lugar del puente desde que se mire, lo lógico sería echar las campanas al vuelo e hinchar el pecho con las victorias recientes de Rahm -por orden de importancia del torneo- y García. Pero solo sería una vana ilusión, ya que, además de esconder el ala debajo de la cabeza, como hacen los avestruces, estaríamos edificando castillos en el aire.

Pero, del otro lado, la situación no puede ser más grave: al hecho del descenso permanente de licencias federativas, se añade la «mala prensa» que tiene el golf, y no solo porque los jugadores aficionados no somos capaces de quitarnos de encima el sambenito que nos cubre de oprobio cada vez que decimos que jugamos al golf, sino porque los medios generalistas no se ocupan de este deporte, ni siquiera cuando dos profesionales españoles ganan la misma semana dos torneos en dos Circuitos diferentes.

¿En cuántas emisoras de radio han escuchado la noticia de la victoria de Rahm y García el fin de semana del 21 de enero? ¿Cuántas líneas le han dedicado los diarios de papel -incluidos los deportivos- a esa misma victoria?

Claro que aparece en algunos medios digitales, pero en los que se puede leer, solo unas líneas y después de mucho buscar. Es posible que haya alguna excepción, porque yo soy incapaz de leer todo lo que se publica, pero eso sigue sin arreglar nada.

CADA VEZ SOMOS MENOS

Según datos facilitados recientemente por la Real Federación Española, «el golf español concluyó el año 2017 con 272.084 federados, según los datos del recuento oficial realizado con fecha de 31 de diciembre.

Esta cifra supone un descenso absoluto de 1.401 licencias durante el pasado ejercicio, que en términos porcentuales es un 0.5 % menos que a primero de año, el octavo decrecimiento experimentado en la historia del golf español, que abarca el periodo 2011-2017, coincidiendo con buena parte de la prolongada crisis económica que ha condicionado durante muchos años el desarrollo de muchos sectores de la sociedad española». (Ver más información en esta misma página web).

Las estadísticas no mienten; pueden inducir a engaño en algunos casos, pero no en este, y menos si desde hace ocho años la tendencia es a la baja, en cuanto a licencias federativas se refiere.

Es muy fácil achacarle todo a la crisis y, aunque cada vez seamos menos los practicantes del golf -ya se sabe que el golf no tiene aficionados, sino jugadores-, presumir de las victorias de unos pocos, que no son sino excepciones que confirman una regla bien conocida por todos: los españoles, uno a uno, somos capaces de cualquier cosa; juntos nos las arreglamos para hacernos la vida imposible y no hace falta ahondar mucho en nuestra historia para reconocer nuestros enfrentamientos constantes.

Tal y como decía Hobbes -recordando a Plauto-, «“el hombre es un lobo para el hombre”, y nosotros podríamos reformar la frase para recoocer que el «estado natural del hombre/mujer español/a, es la lucha continua contra su prójimo».

 

HONOR AL INDIVIDUO

Son  muchos los ejemplos a los que podría recurrir: gracias al esfuerzo individual de unos genios que se esfuerzan al límite, no se arredran ante nada y, a pesar de no tener, en su gran mayoría, una base deportiva ni social que los apoye, podemos codearnos con los mejores del mundo y no solo en lo deportivo, aunque en este caso, ese sea el sector al que nos referimos.

Empezando por el golf tenemos en la élite a Sergio García y Jon Rahm, solos ante el peligro como antes estuvieron Seve y Olazábal-. Por la misma razón, tuvimos a Manolo Santana y ahora a otro esforzado Rafa Nadal, en tenis, que es un deporte que cada vez se practica menos, a nivel amateur, en España; a un campeón del mundo, Javier Fernández, en una modalidad «fantasma» en nuestro país como el patinaje artístico; o a Fernando Alonso y Carlos Sainz en distintas modalidades del automovilismo; o a Lidia Valentín, campeona del mundo de halterofilia, o a una medalla de oro olímpica en el insólito badmington, como Carolina Martín…

Pero a nivel amateur, el golf -y otros deportes- ha tenido un bajón en los últimos años que ha dejado en crisis permanente a este deporte: de más de 300.000 federados, se ha descendido, en ocho años a una cifra que ronda los 270.000, y bajando.

Algo mal se debe de estar haciendo -o no haciendo- en las altas instancias federativas para que el golf amateur esté de capa caída y para que, por ejemplo, este año, y van dos consecutivos, tampoco se celebra el Open de España, la tradicional cita anual de profesionales.

Esta  crisis particular se está llevando por delante a muchas instalaciones donde se practicaba el golf, como la del Canal de Isabel II en Madrid, y otras muchas que duermen el sueño de los justos o malviven a la espera de tiempos mejores. Sólo aguantan los campos de la Costa del Sol y aledaños, gracias al turismo que, por ahora, parece que no nos abandona.

 

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