Opinión

Sobre el cierre de Green Canal, en Madrid

 

 

En febrero de 2007, José Luis Valenciano, arquitecto y, a la sazón, presidente del Club de Arquitectos jugadores de Golf, escribió en “Golfinone” un artículo sobre la petición del Colegio de Arquitectos para que se detuvieran las obras del campo de golf en los terrenos del Canal de Isabel II en el centro de Madrid.

Lo curioso del caso es que el entonces decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, Ricardo Aroca Hernández-Ros, tiene un hijo que juega al golf y que participó como alevín en el pasado Campeonato de España de pitch & putt que se celebró en Gijón en el verano de 2016. La quinta columna reaparece en cualquier momento.

 Aquellos polvos trajeron estos lodos y si Dios no lo remedia, que parece que no, a pesar de las muchas protestas habidas y por haber, nos quedamos sin la cancha del Green Canal, unas magníficas instalaciones deportivas abiertas a todo el mundo, que para sí las quisieran tener en las zonas céntricas de cualquier capital del mundo, como muchos de nosotros nos quedamos sin abuela.

 

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Leo en un diario de tirada nacional que el Colegio de Arquitectos, mi colegio profesional, “pide parar las obras del campo de golf en Canal”. Juro que no soy el autor del proyecto, ni siquiera sé quién lo ha redactado, pero la breve noticia que transcribe lo que parece ser la postura de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, por lo breve COAM, me ha producido un cierto desasosiego.

 

Parto de la base de que no soy, ni puedo ser, objetivo. Todos los que me conocen saben que cuando por prescripción facultativa me acerqué al mundo del golf caí en “esa enfermedad que se contrae sin darse cuenta y solo se cura amputando ambas manos al interesado”. Aún así,  aceptando de antemano mi débil posición, no tengo más remedio que romper una lanza, mejor “un hierro siete” por un proyecto largamente acariciado: una cancha de prácticas de golf en pleno centro de la ciudad.

 

No conozco las andanzas administrativas de este proyecto, por lo que no puedo opinar sobre el contenido de las licencias ni sobre su tramitación, pero me fastidia que sean precisamente los representantes de mi organización profesional quienes se opongan a la conversión de la “tapadera” de los depósitos del Canal de Isabel II en una cancha de prácticas de golf. Y no solo de golf, sino también padel y creo que algún deporte mas.

 

Seguramente al barrio le vendría bien una zona verde recreativa, pero, ¡caramba!, digo yo que tampoco le van a venir mal unas instalaciones deportivas. Pero, claro,  la idea está  contaminada por  la palabra “golf”.

 

Entre mis mejores compañeros de partida cuento cada fin de semana con un taxista, un fontanero, un fresador, dos antiguos caddies, un catedrático de filosofía pura, el chofer jubilado de una condesa, un jubilado de IBM, etc,  o sea gente normal. Y puedo asegurar que nada les hubiera gustado  más que haber tenido “a tiro de metro” un campo de prácticas en el que aprender y luego perfeccionar la práctica de uno de los juegos más nobles y formativos que el hombre blanco ha inventado.

 

Para qué hablar del buen uso que harían de esa cancha los innumerables jugadores que pueblan el descampado situado en el margen derecho de la vía que une la carretera de Castilla con Pozuelo, jugadores que se baten el cobre entre los matojos de lo que en términos coloquiales se llama “St. Andrews”, campo rústico donde los haya.

 

Un buen recinto deportivo, con control de acceso y precios populares, eso podría ser “Canal Golf” y, por qué no, con una parte destinada a solaz de jubilados y niños.

 

No estoy seguro de que un parque de 6 hectáreas no acabara lleno de vagabundos o “drogatas”, “trileros” y “tomadores del dos”, además para eso ya tenemos el Parque del Buen Retiro.

 

Por todas esas razones, y algunas mas que no caben en este escrito repentizado, levanto una voz contra lo que opinan mis representantes profesionales, y pido a mis representantes municipales y de la Comunidad que no les hagan caso y construyan esa cancha de golf.

 

José Luis Valenciano

Madrid, 7 de febrero de 2007

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