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McIlroy enamorado de la Wozniacki: nuevo romance

NUEVO ROMANCE A RORY MCILROY: ANTES LE LLAMABAN ROCIÍTO; AHORA ES EL SEÑOR DE WOZNIACKI
Rory McIlroy, el brillante ganador del US Open y el nuevo ídolo de la afición mundial, nació en un pueblecito cerca de Belfast, llamado Hollywood. De allí, de manera obligada, tenía que nacer una estrella. Rory tiene 22 años y aprendió a jugar al golf en el club de su pueblo. Un club, el de Hollywood, que según uno de sus responsables, “en el que hay que ser cojo para jugar, de tantos desniveles como tiene el campo, en el que siempre hay que jugar con un pie por encima del otro”.
Así las cosas, Rory, al que los componentes de la llamada “Armada Española” rebautizaron, al comienzo de su carrera en el Tour Europeo y de forma cariñosa, como “Rocíito” por su parecido con Rocío Carrasco (Jurado) Mohedano, está hoy en la cresta de la ola ya que ha accedido al número 2 en el ranking mundial de golfistas.
Como suele suceder, aunque no se le haya subido el pavo a la cabeza, cosa que ni se sabe, ni importa demasiado, McIlroy ha abandonado a su novia de siempre, la que tenía desde casi niño en su pueblo hollywoodense y se ha “unido sentimentalmente” como dicen ahora los cursis, ni más ni menos que con una número 1, la tenista Caroline Wozniacki.  Graeme McDowell, el golfista también norirlandés, íntimo amigo de McIlroy colgó la foto adjunta, en Twitter al finalizar el HSBC de Shanghai en el que la buena actuación de Rorty le permitió ascender al segundo puesto del ranking mundial de golf.
Todos estos y muchos más, son suficientes motivos para que Basilio Rogado actualice el romance que dedicó al golfista tras vencer el US Open, en el verano de 2011:
I
Y le llamaban Rociíto
los de la Armada Española,
ahora le dicen don Rory
pues es nombre que más mola.
Le conocían por sus rizos
y su rostro de amapola,
pero el chaval escondía,
tras su carita manola,
todo el talento del mundo
encerradito en su chola.
En Hollywood ha nacido
una estrella con vitola,
no es un puro, ni un artista
pero tiene la aureola
del triunfador aguerrido
que espera a porta gayola,
a que salga su enemigo,
aunque sea de golf la bola
y no un torazo cornudo.
II
Esconde bajo la gorra
el su pelo de escarola;
ahora lleva menos rizos,
pero ni la vil Dalola,
que era hermana de Dalila,
y no trabajaba sola,
pudo con este Sansón
que se recortó los pelos
sin decir una parola.
No tiene un pelo de tonto
y la lengua la controla,
barbilampiña la cara
que parece una acerola,
camina con paso firme,
bien estirada la gola.
Sus andares no son finos
pero aunque no haga cabriolas
cuando llega al tee del uno,
todo el mundo le hace la ola.
III
No solo los convecinos
de un Hollywod, que no es trola,
aunque no sea el de Brad Pitt,
sino un pueblo de la costa
en ese Norte de Irlanda
donde, y no es de carambola,
suenan tanto los golfistas,
como discos en gramola.
Allí los niños que juegan,
no se saltan a pidóla,
-sí, con acento en la ó,
que así rima hasta con cola-,
y en lugar de al escondite,
no al inglés, con pistola;
van a la cancha de golf
y se hinchan a dar bolas,
porque los triunfos en Grandes
no los sirven en charola.
IV
¿Será el sucesor de Tiger
el hijo de la señora
que de pequeño en la cancha
no dejaba de dar bolas?
Es pronto para decirlo,
pero lo que se avizora
no parece dejar dudas.
Entrarán en la perola
muchos más torneos pequeños
con los “Majors” a la cola
en espera de que Rory,
don Rory, con su vitola,
consiga hacernos vibrar
cuando le pegue a la bola
para dejarla a dos metros
del green en la banderola.
V
Al Tiger ya se asemeja
por sus conquistas sonoras:
nada más que a la Wozniacki
con su carita graciola.
Ella es la número uno,
del tenis, la jugadora;
él es el número dos
del golf, dándole a la bola,
y, a pesar de ser segundo,
es pareja encantadora.
¿Será fiel el jovenzuelo?,
¿le hará por siempre la ola?
a la guapa deportista,
a la que ahora enamora.
¿O será una nueva muesca
para sus palos de alcoba?
Todo eso lo veremos
de aquí a muy pocas horas,
quizás días, puede que años…
Posan la mar de contentos,
dicen mamola, mamola
al pajarito sin cola
y sonríen, ¡que hay motivo!,
para sus fans de consola.
Y si hay dos que bien se adoran
irán a la vicaría
si la cosa acaba en boda.
MORALEJA
… Y este cuento se ha acabado,
por ahora.
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