Torneos

Jordan Spieth (-17), el más rápido en Texas, arrasó en el Colonial C.C. y se olvidó del Masters

 

 

 

 

(En la imagen recogida en las redes sociales, Jordan Spieth, con el trofeo que ganó en el Dean & Deluca Invitational, y con la chaqueta de tartán que le acredita como vencedor).

 

Ver leaderboard del Dean & Deluca

 

Jordan Spieth (-17) fue el más rápido en Colonial C.C. en Fort Worth y consiguió en el Dean & Deluca, su primer torneo en Texas, con un espectacular final que le hizo superar el «Sindrome de la Campana de Oro» que arrastraba desde el Masters. Con esta victoria que le ha convertido en profeta en su tierra, Jordan se ha vuelto a poner una Chaqueta, no verde, pero sí de tartán escocés, mucho más llamativa y simbólica, por lo mucho que representa para él, y se ha olvidado definitivamente de la «Campana de Oro».

Spieth no quería que su partido estelar el domingo 29, frente a Ryan Palmer, en el Dean & Deluca Invitational,  en Colonial C.C. (par 70), en Forth Worth, fuera un duelo entre texanos, al estilo del viejo oeste, aunque incruento, y con un testigo de excepción como Webb Simpson, ya que los tres jugaron en el partido estelar y, al final, el duelo siguió existiendo, pero el rival no fue ni el texano Palmer, ni Simpson, el de Carolina del Norte, sino el georgiano Harris English, que durante los nueve primeros hoyos del domingo, en Colonial, fue en cabeza y con un juego que hacía presagiar lo peor para sus perseguidores.

El número 2 del mundo afrontaba como líder, con un golpe de ventaja sobre Palmer, la última vuelta del torneo. Sobre la cabeza de Spieth y de sus fans, todavía volaba el recuerdo de las dos bolas que envió al agua en el pasado Masters, lo que le hizo perder la Chaqueta Verde y le dejó tocado con lo que se podría llamar «el síndrome de la Campana de Oro (Golden Bell) que es el nombre que le dan en Augusta al hoyo 12, par 3, de 120 metros, que está el medio del Amen Corner.

Y ateniéndonos a sus siguientes resultados: no pasó el corte en The Players y perdió el torneo de la pasada semana en la localidad de Irving, también en Texas, todas las miradas estaban puestas en la cuarta jornada del Dean & Deluca, último de los torneos que se disputan en el estado en que nació Jordan.

Al final de la primera vuelta, Jordan llevaba una tarjeta de 35 golpes, el par del campo, y su juego era correcto, pero se le veía con problemas para hacer birdies, aunque su juego con el putt le savaba de bogeys… por el momento.

«JORDAN: REMEMBER THE MASTERS…»

Y Jordan se colocó en el tee del 10, cuando ya conocía que Harris English se había hecho con el liderato, tras firmar 32 golpes en los primeros nueve hoyos, empezando con un eagle en el par 5 del hoyo 1, para continuar con dos birdies y un bogey en el hoyo 18.

Fue entonces cuando se oyó una voz -siempre hay tontos contemporáneos en todos los lugares, incluso en los campos de golf, aunque sean pocos y huyan- que decía: «remember The Masters, Jordan, remember de Masters».

No pudo ser más inoportuno, metepatas y maleducado, por decirlo de forma fina, ya que, según dicen, el golf es un deporte de caballeros, aunque el susodicho no lo sepa, quien recordó al jugador, metido en plena faena, su desgracia en el hoyo 12 de Augusta. Pero si lo que pretendía el «intruso» era molestar al jugador, lo llevó claro: Jordan le replicó con su juego y con tres ‘birdies’ seguidos en el 10, 11 y el 12, ofreciendo una lección de juego corto, que ni en la mejor de las academias.

Como es humano -no como en la era Tiger, en la que no era un hombre el que jugaba al golf, sino un tigre, como su propio nombre indicaba- Jordan tuvo un bache en el 13, par 3 en el que firmó un bogey tras ir al bunker y salir con un «filazo», sí, un «filazo», que le dejó la bola fuera del green, pero que estuvo a punto de embocar con un magnífico apprach, Total un cuatro que podría haber sido crucial si no hubiera sido por el putt extraordinario con el que consiguió el par en el 14 para salvar el par con un largo putt.

Con el largo putt embocado, Jordan volvió a ser el de 2015, ganador de dos Masters seguidos, cuando el juego corto y el putt eran la seguridad absoluta. Si había empezado con tres birdies, terminó con otros tres, en el 16, 17 y 18. El 16, par 3, con otro putt largo; el 17, con un golpe de magia desde fuera del ‘green’, a donde había llegado tras pasarse del hoyo, y en el 18, con otro putt de más de un kilómetro -es un decir, claro- con el que dejó en silencio a todos los compañeros, pero que levantó una ola de vítores y aplausos entre los muchos espectadores que confirmaban lo que la mayoría estaba deseando: el regreso de un Jordan Spieth que, a sus 22 años, tiene ya ocho victorias en el PGA Tour y, aunque las comparaciones sean odiosas, eso es decir que ha conseguido un triunfo más que Tiger con esa misma edad.

EL DUELO ENTRE TEXANOS

La realidad es que dos texanos, de dos universidades diferentes, rivales entre sí, aunque sean amigos, se podían haber jugado el torneo en el partido estelar que bien podría haber sido un match dentro de un medal. Spieth nació en Dallas, hace 22 años, estudió en la Universidad de Texas, en Austin, al sur,del estado, donde el emblema universitario está formado con los largos cuernos de las vacas de raza «longhorn», protagonistas de tantos westerns; Ryan Palmer, el segundo clasificado en el torneo, nació en Amarillo, al norte del estado y estudió en la Universidad de Texas A &  M -donde los estudiantes son conocidos como «aggies»-, tan importante como la institución en la que estudió Spieth, ya que ambas rivalizan en casi todo, estudios y deportes, con un número estudiantes que se eleva a 50.000 cada una.

Además, si Spieth tiene la residencia en Dallas, que comparte aeropuerto con Fort Worth, ciudad donde se celebra el torneo, Palmer, de 39 años, no solo vive en Fort Worth, sino que es socio del Colonial C.C., campo en el que entrena habitualmente y tiene muchos fans. Jordan quiere ganar su primer torneo en su tierra texana, y Palmer quería, también, conseguir su primera victoria en Texas -para ofrecérsela a su padre fallecido recientemente en un accidente de automóvil- y convertirse en ganador en su propio club, algo que en 69 ediciones del torneo solo consiguió uno de los socios, precisamente el más distinguido del club, que logró cinco victorias y se llamaba Ben Hogan. Una estatua en el campo le recuerda permanentemente.

UN DUELO EN TODA REGLA

Jordan y Ryan, que entrenan juntos a menudo, estuvieron jugando un recorrido de prácticas el martes pasado en Colonial. El domingo 29 ninguno utilizó el color habitual de su universidad: naranja quemado para Jordan, y granate para Palmer: ambos fueron de azul -más oscuro el de Palmer-, pero ambos ofrecieron, junto al resto de jugadores que lucharon por el título, un magnífico espectáculo.

Harris English, que empezaba con dos golpes de desventaja con respecto a Spieth, le empató nada más salir, con su eagle en el hoyo 1, pero al final tuvo que resignarse al juego corto y al putt del texano y se quedó (-14), segundo, a tres golpes del vencedor.

Ryan Palmer y Webb Simpson (-13), empataron en la tercera posición, y el quinto fue otro norteamericano, Kyle Riefers (-12).

Spieth, el rayo que no cesa, ha vuelto a intentarlo en Texas, su tierra natal, mientras Rory McIlroy y Sergio García descansaron  esta semana, después de sus triunfos respectivos en Irlanda y Texas. Los tres, más Jason Day, se verán las caras en The Memorial, en Ohio, en Muirfield Village, el campo de Jack NIcklaus, donde las espadas estarán en alto. Por cierto la victoria del español en el AT&T Byron Nelson, le hizo ascender tres posiciones en el ranking mundial y ya es decimosegundo, con vistas a volverse a colocar en el top ten.

«EL SINDROME DE LA CAMPANA DE ORO»

Spieth, nacido en Texas, que buscaba ganar su primer torneo en casa, consiguió en Colonial olvidarse del «Síndrome de la Campana de Oro», que le persigue desde que envió su bola dos veces al agua en la última jornada del Masters 2016, con lo que no pudo ponerse una Chaqueta Verde encima de la que llevaba por ganar en 2015.

El pasado año el ganador de este torneo fue Chris Kirk. Entonces aún no se llamaba Dean & Deluca, que es una tienda de exquisiteces comestibles, algo parecido a las tiendas «Gourmet» de El Corte Inglés, que debuta en el PGA Tour y que está en plena expansión por todos los Estados Unidos. En esa edición 2015, Spieth acabó segundo, empatado con otros dos compatriotas, Brandt Snedeker y Jason Bohn. Naturalmente todos ellos estarán en el tee de salida del Colonial C.C. nombre del campo y con el que se conocía popularmente a este torneo, que reparte 6.700.000 $, de los cuales 1.206.000 $ serán para el ganador.

No es posible comentar.