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Jason Dufner (-10), campeón del PGA Championship, en Nueva York. Jiménez y Cabrera, a 12 golpes; Sergio a ¡18!

 

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Y Jason Dufner y su amigo Keegan Bradley se fundieron en un abrazo cuando el golfista nacido en Cleveland, Ohio, hace 36 años embocó el putt ¡de boggie! ganador que le sirvió para tomarse la revancha de su derrota en 2011, ante el propio Bradley. Dufner lograba así la victoria en el PGA Championship que se le negó hace dos años en Atlanta, cuando el propio Bradley le arrebató un título que tenía al alcance de la mano y que perdió por su mala cabeza y por mandar una bola al agua en el hoyo 15. Dufner tenía cinco golpes de ventaja, a falta de cuatro hoyos y la perdió a beneficio de Bradley, con el que tuvo que salir a disputar el play off. ¡Y lo perdió!

 

Entonces, al más puro estilo americano -«juro que nunca más volveré a pasar hambre»- Dufner aseguró, igual que hizo Adam Scott en situación parecida: «no dejaré que esta derrota marque el rumbo de mi carrera». Y así ha sido. Tras un virtual mano a mano con Jim Furyk, con el que estuvo empatado hasta los hoyos finales, el dolmingo 11 de agosto, Dufner se destacó y, a pesar de terminar con dos boggies, en los hoyos 17 y 18, los únicos que hizo en toda una vuelta que finalizó con 68 golpes, dos bajo el par 70 del East Course, par 70, de Oak Hill Country Club en Rochester, Nueva York.

 

Y luego vino el abrazo con Bradley, que le esperaba a la salida del green del 18, junto a la mujer de Dufner, Amanda, y ambos jugadores se fundieron en un fuerte abrazo. ¡Aquí está la grandeza del golf! Rivales y amigos de verdad. ¿Se imaginan a Nadal y Jokovich o Federer fundiéndose en un abrazo tras la victoria de uno de ellos en un torneo del Grand Slam de Tenis? O a Messi y Cristiano Ronaldo abrazándose porque el Madrid o el Barça habían conseguido ganar la Champions? ¡Pues eso!

 

En lo que se refiere a la clasificación final, Dufner aventajó en dos golpes a Jim Furyk (-8) y la tercera y cuarta posiciones fueron para los dos suecos que jugaban en el penúltimo partido: Henrik Stenson, tercero (-7) y Jonas Blixt, otro que entra en el recinto de los elegidos, cuarto (-6). Rory McIlroy fue octavo (-3) demostrando una notable mejoría, y Tiger Woods, al que le persigue el mal fario de los Majors, acabó el 40 (+4), con más pena que gloria.

 

LOS ESPAÑOLES, NUEVA DECEPCIÓN… Y VAN…

 

Lo mejor es no esperar nada de nuestros jugadores en los torneos Grandes. Luego, si suena la flauta un día, mejor que mejor. Lo cierto es que los Majors están lejos de las posibilidades de los golfistas españoles actuales. Claro que en esto del golf no se puede pontificar y lo que hoy es blanco, mañana puede ser negro. Está dentro de lo posible que Sergio, por ejemplo, pueda ganar un Grande, aunque parece poco probable. Sería bueno para él, como es lógico y, además para el golf profesional masculino español que está de capa caída y que solo tiene una esperanza de futuro que se llama Miguel Ángel Jiménez… y está a punto de cumplir los cincuenta años.

 

En esta ocasión de los tres que pasaron el corte, Jiménez y Cabrera-Bello terminaron empatados (+2) en el puesto 29 y Sergio García, acabó (+8) en el 62, a ¡18 golpes! del ganador.

 

Claro que peor lo hizo Mickelson -y el que no se consuela es porque no quiere- que terminó antepenúltimo, empatado con Matteo Manassero en el puesto 72, de 74 jugadores, con +12, a ¡22 golpes! de Dufner.

 

LA VICTORIA/REVANCHA DE DUFNER

 

Y Jason Dufner esbozó una sonrisa para terminar. Solo levantó ambos brazos y apretó los puños, en apenas un breve y veloz vuelo. Solo Amanda, su mujer, podría decir si dejó algo más de emoción al llegar a casa. 

 

Y al acabar el torneo dijo: «ha sido un día duro. Probablemente no me ha golpeado todavía. No puedo creer que me esté pasando esto…. Decidí que me iba a tener confianza, poner mi mejor cara y jugar agresivo y tratar de ganar» Y estoy feliz porque es un gran paso en mi carrera.» Cuando finalizó el partido, Furyk y Dufner se dieron la mano, como si acabaran de sellar un acuerdo de negocios. Luego, abrazó a su esposa, Amanda, y le dio un golpecito en el trasero. A continuación -¿o fue antes?- se fundió en un abrazo con su amigo/rival Keegan Bradley, que fue uno de los impulsores de la creación del «Dufnering»

 

EL DUFNERING

 

Hasta ahora Dufner era más conocido por sus técnicas de relajación que por sus victorias como golfista. Entre los que se encuentrandetrás de la locura «Dufnering» de principios de este año 2013, está precisamente Bradley. 

 

La historia ocurrió así: Dufner fue a una escuela primaria en Dallas como campeón defensor en el Byron Nelson Championship. Allí mientras enseñaba técnicas de relajación a los niños, le hicieron una foto en la que aparecía el golfista apoyado contra la pared, totalmente relajado y con los ojos casi en blanco. La pose, en la que el golfista parecía más un zombie que otra cosa, fue imitada en todo el mundo, a través de las redes sociales y del #dufnering.

 

Ahora a Dufner ya se le conoce por algo mucho más importante, entre otras cosas, además de su victoria en Nueva York, por haberse convertido en el sexto jugador en ganar un Major con una ronda de 63, la de la segunda jornada, el viernes 9 de agosto, igual que Tiger Woods, Greg Norman, Raymond Floyd, Nicklaus y Johnny Miller. 

 

Es el tercer gran campeón por primera vez del año, y el decimoquinto en los últimos 19 Majors, que nunca había ganado la grande.

 

Un total de 75 jugadores pasaron el corte, establecido en +3 y del que quedaron fuera Gonzalo Fernández Castaño (+6) y Pablo Larrazábal, que está descorazonado porque «llevo cinco años en el gimnasio y he perdido 20 metros con el driver. Solo se lo gano a Tom Watson y a unos cuantos veteranos más…», terminó +10.

 

 

EL MALEFICIO DE WOODS

 

Tiger Woods mantuvo su sequía de 18 Majors sin ganar, y esta vez ni siquiera tuvo una oportunidad. «No me he dado muchas oportunidades y, desde luego, no le pegué a la pelota lo suficientemente bien para estar en la pomada», aseguró el número 1 del mundo.

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