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Un Cierro Grande y once feroces furacos

En mi bolsa hay catorce palos. El decimoquinto me lo dio un lector que me reprochó, tal vez con razón, que me había olvidado del Cierro Grande, un campo de golf situado muy cerca de la localidad del occidente asturiano de Tapia de Casariego. No era cuestión de olvido sino de que yo escribía sobre Tol, un hermoso campito de nueve hoyos situado, por cierto, apenas a tres kilómetros de Cierro Grande.

Así es la vida del desdichado periodista. Escribes sobre alguien y se quejan. No escribes sobre alguien y también se quejan. Paciencia, resignación y disculpas a todos aquellos aficionados sobre cuyos campos no puedo escribir por el simple hecho de que no los conozco. “Ten paciencia hijo y da gusto a estos señores”, dijo Don Quijote en una ocasión a Sancho. Y eso trataremos de hacer: dar gusto a ese lector y hablar del Cierro Grande.

Es raro. Es bonito. Es complicado. Es interesante. Como ven, con apenas ocho palabras se puede a veces definir bastante bien una cosa. ¿Raro?, sí, tiene 11 hoyos (en bable “furacos”). ¿Bonito?, como cualquier parte del campo asturiano: árboles, mucho verde, flores, setos… ¿Complicado? Para quien lo juega por primera vez sí. Algunos hoyos son muy largos (el 4, 485 metros), uno de ellos es ciego (el 5), hay árboles que dificultan muchos tiros, no está bien señalizado… ¿Interesante? Mucho, hay que pensar bien donde quieres poner la bola para no penar. Calles anchas pero con masas forestales a los lados y bunkers al acecho siempre con la boca abierta.

Total, un campazo para poner a prueba a todos los desdichados que, como yo mismo, llegan allí y se enfrentan, no solo a su propia impericia, sino a todas las trampas que cualquier campo te pone con mayor o menor claridad. ¡Ah Cierro Grande, Cierro Grande! Qué lástima que estés a más de 500 kilómetros de mi casa porque si no, ten por cierto que te visitaría con la asiduidad de un amante hasta poder llevarte al huerto. No, no, al vivero de al lado no, a ese huerto en el que crecen los pares y brillan los birdies como si de orquídeas o gazanias se tratara.

Id, queridos lectores y comprobad por vosotros mismos si es que miento como un bellaco o, por el contrario, mis impresiones son similares a las vuestras. Disfrutaréis tratando de doblegar a ese Cierro que es Grande y taimado y sobre todo, tendréis la oportunidad de llenaros los ojos de alegría en medio de ese paraíso del que la canción dice: “donde quiera que yo muera, que me entierren en el viento y él, en sus alas me lleve, a dormir en tu regazo, para siempre, para siempre”. Asturias siempre, con Cierro o sin cierro es: Grande.

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