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Sherlock Holmes “resucitó” en el Royal Cromer Golf Club, en Norfolk, durante un partido entre Conan Doyle y un periodista

(En la imagen, uno de los tees del Royal Cromer Golf Club, en Norfolk, Inglaterra, junto al Mar del Norte, en el que Sir Arthur Conan Doyle "resucitó" a Sherlok Holmes. En la foto inferior, del archivo de Wikimedia Commons, la Gran Pirámide de Keops, desde el hotel Mena House, bajo la cual hay un campo de golf en el que jugó Conan Doyle).
Con el estreno a comienzos de este año de la segunda entrega de una película sobre el famoso detective inglés, Sherlock Holmes, protagonizada por el actor Robert Downey Jr, y con la emisión de una serie sobre Sherlock, pero en época actual, en Antena 3, los jueves a las 22.30, la figura del detective creado por Sir Arthur Conan Doyle, vuelve a ponerse de actualidad y con él, también la intensa relación del autor con el mundo del golf que, sin embargo, no trasmitió a su personaje. (Ver más información sobre el tema en esta misma página).
Pero si el detective no era muy dado a prácticar otros deportes que el boxeo y el “sillón-bol” desde el que su mente resolvía casos extraordinarios, sí lo era su creador. Conan Doyle fue todo un deportista en su juventud, aunque no lo parezca por los retratos que de él se conservan, con su mirada cansada y su enorme bigote. Sin embargo, fue boxeador, practicó el fútbol y el rugby y fue un excelente jugador de criquet, casi profesional, con un record de cien carreras en un partido. Además fue un esquiador pionero, un aeronauta que subía en globos de aire caliente y… sobre todo, un aceptable golfista.
Gracias al deporte del golf, que conservó cuando fue cumpliendo años y tuvo que dejar otros deportes que requerían un mayor esfuerzo físico, Conan Doyle llegó hasta los 71 años en pleno estado de forma y fue, sobre todo, gracias al golf, que practicó hasta casi los setenta años.
Incluso durante sus viajes a Egipto, jugaba en el campo de nueve hoyos contruído por los británicos bajo las Pirámides de Giza, e incluso recibía clases de los profesionales del campo, británicos como los diseñadores y como él mismo. El campo, que tiene la característica de contar con dos tees de salida para cada uno de sus nueve hoyos, está situado frente al lujoso hotel Mena House Oberoi, que fue el palacio de un Rey de Egipto llamado Khedives Ismail y sirvió de alojamiento para personalidades como el propio Rey Faruk y la Reina Victoria, durante un viaje en el que visitó las famosas Pirámides.
Conan Doyle, que llegó a decir, en una ocasión, que hasta en la Tumba de Ramsés se podría encontrar algún bunker, era un apasionado del golf, por eso es tan extraño que escribiera muy pocas páginas dedicadas a este deporte, dentro de su extensa producción dedicada al detective privado, que consta de cuatro novelas y 56 cuentos.
En su autobiografía “ Memorias y aventuras” menciona el golf, pero muy de pasada. Además, en ninguno de los museos dedicados al detective figuran bolas de golf, ni palos, aunque, eso sí, las pipas, las gorras de cazador, el abrigo con capa y las lupas, no faltan en ninguno, ni siquiera en el de Baker Street 221 B, donde, a pesar de que era una dirección ficticia, sigue vivo el recuerdo de Holmes en forma de un tipo que, a la puerta de dicha vivienda, ataviado como el detective y fumando en pipa, se fotografía con los turistas, a cambio de algunas libras.
A pocas calles de distancia, en Harley Street, Conan Doyle se estableció, en 1891, como oculista, a pesar de no haberse especializado en el estudio del ojo humano. Pero aquellos eran otros tiempos y, en medicina, casi todo valía. Como los clientes tardaban en llegar, el autor se dedicó, en sus muchas horas libres, a continuar con su carrera, ya iniciada con algunas narraciones de aventuras y un par de novelas históricas que no tuvieron mucho éxito.
EL OFTALMÓLOGO QUE SE PASÓ A ESCRITOR
… Y entonces, surgió en la mente del “oftalmólogo” la idea de activar la imagen del detective Sherlock Holmes, que había figurado ya en alguno de sus relatos, publicando en la revista The Strand -lo que ahora sería The New Yorker-, en julio de 1891, “Un escándalo en Bohemia, que fue un gran éxito y la puerta que le abrió el camino a la fama. Tanto, que Doyle, convertido en un célebre escritor, abandonó la medicina y se dedicó a escribir y a disfrutar de su ocio y el dinero que ganaba con sus narraciones. Y empezó a jugar al golf.
Y lo hizo en el Sheringham Golf Club, en Norfolk, donde su nombre aparece varias veces en el libro de visitas. Y lo curioso es que, en una de esas menciones aparece su nombre al lado de otro de los miembros del club apellidado Moriarty, que debía ser su bestia negra, el que le ganaba todos los whiskies que se bebían al terminar cada partido, porque el de Moriarty fue el nombre que eligió para denominar al gran enemigo de Holmes, enemigo que aparece, precisamente, en la película recién estrenada este comienzo de 2012.
Corría entonces el año 1893, cuando Conan Doyle, que había nacido en Edimburgo, en 1859, tenía 34 años. En esa época a su esposa Luisa se le diagnosticó una tuberculosis que padeció durante trece años y que llevó a la pareja por un largo periplo en sanatorios. En uno de esos viajes, en un balneario de Suiza, Sir Arthur que se dedicaba por entero a escribir y a cuidar a su mujer, tuvo tiempo para recibir clases de golf y mejorar su hándicap hasta dejarlo, según se cuenta, en un dígito.
El escritor jugaba al golf, sobre todo, para aliviar el estrés que le producía la enfermedad de su mujer y, a veces, a decir de sus biógrafos, “se sentaba a escribir inmediatamente después de un partido de golf y no paraba de hacerlo hasta que su cerebro dejaba de funcionar."
MUERTE Y RESURRECCIÓN DE SHERLOCK HOLMES
Fue en el invierno de 1893, cuando Doyle tomó la extraña e incompresible –para sus biógrafos- decisión de “matar” a su personaje más querido/odiado. El legendario detective cayó al fondo de las cataratas de Reichenbach en el cuento "El problema final".  La reacción a la “muerte” de Holmes, por parte de sus muchos admiradores, fue inmediata y estremecedora: la gente comenzó a usar brazaletes negros en público y hasta a la Familia Real le pareció que “había sido una decisión molesta”.
Pero Doyle, como tantos otros creadores de personajes de ficción con tanto éxito, se volvió celoso del triunfo en sociedad de Holmes. Resentido con el detective, que le impedía escribir otro tipo de narraciones menos populares, acabó con el sagaz personaje, aunque al poco tiempo aseguró que había tenido que matar al “pobre hombre” porque lo que el autor sentía hacia él era como haber comido una sobredosis de paté de foie gras.
Pero Holmes “resucitó” ocho años después, en 1901 y la exhumación se realizó precisamente… en un campo de golf: el Royal Cromer Golf Club, en la costa de Norfolk.
Cromer es una localidad turística donde Oscar Wilde acudía de vacaciones con su familia y donde el escritor practicaba el golf. El campo, uno de los favoritos de Doyle, fue su inspiración para el regreso de Holmes. Durante un partido con el periodista Fletcher Robinson, al que había conocido durante la navegación de regreso de la Guerra de los Boers en Sudáfrica, Robinson, natural de Devon, contó a Doyle una leyenda local en la que aparecía un perro gigante y sobrenatural en los páramos de Devonshire, que la inspiración del autor convirtió en actor principal de “El sabueso de los Baskerville”.
De esta forma, gracias a un partido de golf, Sherlok Holmes volvió de las tinieblas y fue protagonista de toda una segunda parte de historias detectivescas. Por “resucitar” a Holmes, Doyle recibió de los editores del periódico The Strand, donde el libro fue publicado, el doble de lo que cobraba antes de “matar” a su personaje más querido/odiado: cien libras por mil palabras, lo que resultaba mucho dinero para los comienzos del siglo XX.
ROYAL CROMER GOLF CLUB
El hotel Royal Links, donde Doyle y Robinson iniciaron una colaboración que no se sabe muy bien hasta donde llegó, fue derribado hace años, y la Casa Club original fue reemplazada por otra, pero el campo de Royal Cromer sigue abierto, junto al Mar del Norte, para los muchos ingleses que juegan en sus calles anchas, con muchos promontorios, greenes pequeños y complicados y muchos bunkers.
No hay nada en el entorno que recuerde al perro de los Baskerville, ni siquiera en los días de niebla, aunque si sopla el viento, junto a los acantilados, en algunos hoyos, por ejemplo en el 13, un largo par 3 cuesta arriba, haga desagradables algunas partes del recorrido, incluidos los últimos hoyos, junto al Faro que orienta marineros y desorienta golfistas.
Royal Cromer Golf Club fue fundado en 1888 y logró su estatus de Real, gracias al Príncipe de Gales. Fue diseñado por Tom Morris, aunque se ha remodelado a lo largo de los años y está considerado como uno de los mejores campos de Norfolk, un condado al este de Inglaterra, que limita al oeste con Lincolnshire,  al oeste y al suroeste con Cambridgeshire y al sur con Suffolk. Está a orillas del Mar del Norte y su capital es Norwich.
Sus calles transcurren a orillas de un acantilado con espectaculares vistas y cuenta con todas las características de un recorrido costero con muchas colinas arenosas, abundantes tojos y helechos, junto a verdes valles.
Para reservar o ponerse en contacto con el Club: llamar al Secretario / Director, Gary Richardson al 01263 512884. 
 
(Fuentes: Biografía de Sherlok Holmes de Hesketh Pearson y Wikipedia)
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