Rimas

Romance: SERGIO Y LA FLAUTA DE BARTOLO

I

La flauta de Bartolo,

todo el mundo lo sabía,

tenía un agujero solo,

y la música salía

cuando el niño la tocaba,

solito y sin compañía.

Siempre daba la lata

pero, ¡como soplaría!

que su sonido estridente

a kilómetros se oía.

El calor no le afectaba

e, incluso cuando llovía,

con la su flauta intentaba

tocar una melodía,

que casi nunca sonaba

como su dueño quería:

sopló con todas sus fuerzas,

hasta ver que no volvía

la magia del instrumento.

II

Y en eso llegó el gran día:

Bartolo tocó su flauta

y al verlo como tañía

el publico entusiasmado

creyó entrar en extasía.

Había llegado la hora,

todo el mundo le aplaudía

y al terminar el concierto

los elogios le envolvían.

Nunca más volvió a tocar,

de la forma que aquel día

y aunque la flauta soplaba

hasta quedarse sin viento,

el son se le resistía.

Y así, hora tras hora

y luego, día tras día.

III

No porque suene la flauta

y parezca melodía

lo que suena en un momento,

ni siquiera el tal Bartolo

virtuoso parecía.

Lo mismo pasa en el golf

y en la vida, ¡que porfía!

La flauta debía sonar

cuando uno desearía.

A Willet, un suponer,

en el Masters llegaría

y, de hecho, lo ganó,

aunque no lo merecía.

Jordan se lo regaló,

al pensar que bucearía

la bola que, por dos veces,

en el agua sumergía.

IV

¿Quien responde la pregunta:

la maldición, qué decía?

Algunos que ganan Grandes

a vencer ya no volvían.

¿Qué fue de Daly y de Curtis.

Dónde está en su biografía

La gloria que ya ha alcanzado

Sergio con sus correrías.

Y Hamilton y Duval,

Y Lawrie, que ganaría

porque a un tal Van de Velde

la olla se le pudría.

Y así, una tras otra,

mil historias contaría.

Y la mejor, entre todas,

pasaría por García

y por ese su partido

que, al final empataría,

con Mickelson en la Ryder,

que en leyenda convertían

tantos birdies, tantos golpes,

tan buenos que llamarían,

al cielo de los golfistas

si es que la Gloria existía.

y V

Sergio ya tiene un Grande:

él mismo se convertía

en un Grande del deporte,

e igual que Seve lo hacía,

a Sergio, aunque es distinto,

siempre se le desafía:

“Tiene que ganar un Major”,

el público le pedía

y puede que aún lo consiga

por ganas no quedaría,

pero si eso no pasara,

nadie recriminaría

la trayectoria ejemplar

del que en Castellón nacía,

que si se pone a soplar,

la flauta no tocaría

ya que, puestos a afinar,

solo un violín sonaría,

porque así suele ganar

el virtuoso García,

que de Niño pasó a Grande,

como sus padres querían.

Un comentario

  1. Jose Luis Valenciano llovera

    ¡Bien por el «vate»!

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