Rimas

Romance: La victoria de doña Elin

Horas antes de la comparecencia en rueda de prensa de Tiger Woods en Augusta, el lunes 5 de abril de 2010,  donde por la mañana ya ha jugado nueve hoyos de entrenamiento con su amigo Mark O’Meara, Basilio Rogado escribió este poema dedicado a la señora de Woods, doña Elin, que reapareció en público en el torneo de tenis de Miami, mientras la revista “Vanity Fair” anunciaba en su número de mayo las fotos y entrevistas exclusivas realizadas con cuatro de las presuntas “ex amantes” de Tiger Woods.
En la ciudad de Miami
y en el mes de abril presente,
en el partido de Rafa
apareció sonriente:
Doña Elin, de espectadora
despertó bella durmiente,
en un torneo de tenis
donde reina un buen ambiente.
Rafa perdió su contienda
-no se puede ganar siempre-,
y ella se lució en el palco
de forma poco prudente:
se anticipó a su marido
y apareció entre la gente
antes de que el golfista
empezara a hacerle frente
a la prensa canallesca
que le ha tratado cruelmente.
“A mí me importa un pimiento
lo que digan los presentes:
aquí soy yo la que manda
hasta en la cuenta corriente.
No queda en el calendario
ningún asunto pendiente;
mi marido en el calvario.
ha estado lo suficiente.
Ya puede volver al golf,
ha cumplido el expediente,
quiere volver a jugar
y hasta sería conveniente
que ya ganase en Augusta”.
El personal reticente
-que piensa que no es el mismo-
creería inmediatamente
que le ha mejorado el swing
después de la cura urgente
que le quitó las angustias
y le dejó sin la fuente
que manaba a todas horas,
sin que hubiera precedente
de un invento tan genial
como fue el agua corriente.
¿Volverá en su caminar
a ser tan inteligente
como para comenzar
una vida diferente
aunque todo siga igual?
Podría seguramente
acallar al personal
con un triunfo contundente
a pesar de que la prensa
en sus páginas ardientes
publiquen todas las fotos
de las amantes calientes
y las hagan coincidir
con el debut inminente
de Tiger en un torneo
que es de los más eminentes.
Pero no conseguirán
por mucho más que lo intenten
poner nervioso al golfista
ni aunque a la madre le mienten
cuando esté en el tee del uno
y pegue su drive potente.
Todo el mundo rugirá
incluso el Tigre valiente
que no desesperará
hasta cuando, finalmente,
llegue al hoyo dieciocho
y golpée firmemente
el putt que puede valer
una chaqueta indecente
como algunos pensarán,
aunque luego, mayormente,
terminarán por ceder
ante el poder de la mente
del que antes era un Tigre
y ahora, un superviviente.
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