Rimas

Romance de los Guiñoles: de Roland Garros a la Ryder, pasando por el Tour de Francia

Romance
De los Guiñoles a la Ryder, pasando por Roland Garros y el Tour de Francia
I
Si la envidia fuera tiña
los franceses estarían
desde Lyon a París
rascándose todo el día.
Como el comer y el rascar,
-según dice la teoría-
solo es cosa de empezar,
igual que en gastronomía
los franceses en deportes
ser los primeros querrían.
Y aunque saber cocinar
requiere sabiduría
es más difícil ganar,
sobre la tierra batida,
un campeonato de tenis
que pelar una sandía.
II
¿Desde hace cuantos años
no demuestran su alegría
al ganar un Tour de Francia?
Ni en Roland Garros vencían:
¿recuerdan la última vez
que en el fútbol competían
para ganar la Eurocopa,
o siquiera la Euroliga? 
 Se quedaron con la Ryder
que Madrid se prometía
para el dos mil dieciocho,
aunque ellos bien sabían
que ningún francés golfista
en el tee del uno habría.
Aunque es posible que el arte
donde ganar sí podrían
sería el de un deporte
bien llamado cetrería.
Entre halcones y vampiros
o perros, ¡vaya jauría!,
buscan premios y medallas
en juegos de minorías:
el billar o la petanca,
o cualquier otra movida
III 
Los guiñoles nada importan,
no son más que tonterías,
porque no ofende quien quiere
sino el que hacerlo podría;
y en la tele es una farsa
  una caja tonta y fría
donde hacen el ridículo
los que dicen tonterías.
 Lo importante es el trasfondo,
la señal de cobardía
la impotencia de un país
que guarda en la sacristía
todo el rencor que acumula
desde que salió de España
como toro en estampía.
Siendo el Primer Imperio,
 se dejó la gallardía
y con el rabo entre las piernas
se fueron sus señorías,
sin doblegar a un país
que nunca se rendiría,
ni en el siglo diecinueve,
ni en los nuevos que vendrían.
IV
Y ahora busca en los despachos,
porque no encuentra otra vía,
los triunfos que se le escapan
en acciones deportivas.
Se quedaron con Picasso,
a Ballesteros querrían
y si Nadal se llamara
Jean Baptiste, ¡quién diría!
estarían fascinados
cantando su gran valía.
Un Molière, un Victor Hugo
que más cosas pedirían:
un Rodin, un Renoir, un Monet…
Solo se conformarían
si Nadal fuera francés
y la torre Eiffel pondrían,
hechizados a sus pies.
V
Ya les dolía Indurain
cuando en el Tour se salía,
como Perico Delgado
que por su casa corría,
aunque  campaba en las Francias,
con su bicicleta impía.
Y ahora viene Contador
a repetir esa hombría
de ganar el Tour de Francia,
machada, más bien diría,
habiendo nacido en Pinto,
que es de Madrid cercanía.
¿Y si fuera de París?
¿quién los cojones tendría
después de casi dos años:
quién le condenaría?
y VI
Podría ser clembuterol
o alguna otra guarrería,
pero si fuera francés,
¿qué juez se atrevería
a ponerle el cascabel,
estando de cacería,
al gato de aquel Marqués?
Por Carabás conocía,
y era la voz de su amo,
aunque el amo no tenía
victoria alguna en batalla,
ni siquiera deportiva.
Y lo que ellos desearían
es que hubiera Ballesteros
nacido en Francia aquel día
cuando vio el mundo en Pedreña,
dando al golf genealogía.
El gallo de los franceses,
por supuesto cantaría,
pero como no es posible,
ese gallo ya… ni pía.
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