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Fowler (-17) ganó en Arizona, a pesar de una norma absurda que le obligó a dropar dos veces

En la imagen, Rickie Fowler preparado para dar su tercer golpe en el hoyo 11, approach que se fue al agua; bajo estas líneas un aspecto del hoyo 16, el par 3 del TPC Scottsdale, en Arizona, que se convierte en un Hoyo Stadium durante la celebración del Waste Management Open.

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Rickie Fowler (-17) fue el brillante y justo ganador del Waste Management Open, que finalizó en el Stadium Course del TPC Scottsdale, en Arizona: Jon Rahm (67, 68, 70 y 69) acabó décimo (-10), empatado con otros cuatro jugadores, entre los que se encontraba Xander Schauffele.

Fowler (64, 65, 64 y 74) era claro favorito para obtener una nueva victoria en el PGA Tour, ya que salía en la ronda final, el domingo 3, con cuatro golpes de ventaja sobre su compatriota Matt Kuchar, y con cinco sobre otro norteamericano Justin Thomas, número cuatro del mundo, que era tercero (-15).

Rickie mantuvo una ventaja de tres golpes -había perdido uno-, bajo la lluvia que jarreaba sobre el desierto de Arizona durante la cuarta y última ronda, hasta el hoyo 11, un par cuatro, en el que mandó su bola al agua -perdón, ahora hay que decir zona de penalización a lo que antes se llamaba irse al agua- de tercer golpe, debido a un approach en el que se le fue la mano, por un lado, y por el otro, la bola rodó mucho más de lo que debiera, quizás por el viento y lo mojado del rough.

Hasta allí, a escasos metros del green, Fowler había llegado después de una salida al rough y de un golpe que se quedó corto. Con el tercero, se fue al agua, dropó y se dispuso a dar el quinto golpe. Antes de jugar se acercó hasta el green para ver la distancia y mientras -¡oh, desdicha!- la bola dropada se fue solita al agua.

Vuelta a dropar con una penalidad con lo que en lugar del quinto golpe, que no había dado, jugaba el sexto con el approach; dejó la bola a casi cuatro metros… y ¡milagrosamente! la embocó. Un siete en la tarjeta y un 16 acumulado que le dejaba en cabeza, pero empatado con Branden Grace. Un nuevo bogey en el 12 dejó al sudafricano como líder en solitario.

Afortunadamente para Fowler, que lucha con el sambenito de estar considerado mejor jugador de lo que es y con dificultades para ganar en la última jornada, en esta ocasión supo superar los problemas y con dos birdies en los hoyos 15 y 17, consiguió superar a sus perseguidores: segundo fue Grace (-15) y tercero Justin Thomas (-14).

UNA NORMA ABSURDA

Ahora que estamos a vueltas con las nuevas normas de juego que acaban de entrar en vigor, comprobamos con estupor que los cambios no suelen ser siempre a mejor. Por ejemplo: es absurdo que si una bola recién dropada en una cuesta, se mueva sin que el jugador tenga ninguna culpa -en este caso, Fowler se hallaba a varios metros de distancia- se penalice al jugador por algo que sucede al margen de cualquier intencionalidad. Eso es así y no se hace nada por cambiarlo, como tampoco se prohibe a los jugadores fumar, o mascar tabaco, durante el recorrido oficial. Sin embargo, se cambia la nomenclatura para que, por ejemplo, una bola que va al agua, no esté en el obstáculo de agua, como antes, sino en zona de penalización. Y hay zonas de penalización en las que puede caer la bola y jugarse, con lo cual deja de ser zona de penalización… En fin, para qué seguir.

OTRO TOP TEN PARA RAHM

Jon Rahm, que no fue tentado -y si lo fue no cayó en la tentación- por los petrodólares de Arabia Saudi prefirió jugar en Arizona, estado donde ha realizado sus estudios universitarios y se ha forjado como golfista, no tuvo en ninguna ocasión posibilidades de victoria, pero sí acabó en el top ten, un lugar donde termina casi todos los torneos en los que participa. ¡Y eso ya es bastante! Los triunfos caerán por su propio peso.

Si cuatro de los cinco primeros del ranking mundial fueron al desierto arábigo -ver más información en esta misma página web- , Justin Thoma, el cuarto de los mejores clasificados del ranking mundial, sí jugó en Scottsdale, donde, con su tercer puesto (-14) demostró que fue una buena decisión la de no viajar hasta Arabia Saudi.

Phil Mickelson (68, 75) se quedó fuera del corte, ya que su +1 no le sirvió para estar el fin de semana junto a los 73 profesionales que lo superaron tras haberse establecido en -1, en el TPS Scottsdale, en el Stadium Course, en Arizona.

Adam Long, el rookie de 31 años al que le sonó la flauta en San Diego, hace dos semanas, y que no pasó el corte la pasada semana, tampoco pudo esta vez, en Arizona, llegar al fin de semana y con +5 se quedó fuera del torneo.

La llamada de los petrodólares tuvo efecto en esos cuatro top cinco mundiales -ver más información en esta misma página web-, no solo por la “política económica” del European Tour, ya que en Arabia los premios eran la mitad que en Arizona, donde se repartieron 7.500.000$, sino porque algunos de los jugadores del PGA Tour no son partidarios de jugar este ya tradicional Waste Management Open, donde se reúnen los espectadores más ruidosos de todo el año golfístico,

EL PARTY HOLE

El Waste Management Phoenix Open, patrocinado por una empresa de reciclaje de basuras, se disputa desde hace mucjos años en Scottsdale, en el desierto de Sonora, en Arizona, donde los jugadores se enfrentan en el tee del par 3 del hoyo 16 del Stadium Course del TPC de Scottsdale, a los miles de espectadores que aplauden si la bola de salida llega al green y que abuchean al jugador que no consigue el objetivo.

El hoyo, rodeado de tribunas donde se agolpan los espectadores más ruidosos de América, se convierte en un party hole, donde el deporte del golf se transforma en un espectáculo circense, impulsado por los miles de espectadores que, animados por cervezas y otras bebidas, jalean a los jugadores que ponen la bola en el green y abuchean a los que fallan el golpe desde el tee.

Los aficionados, cerveza en mano, celebran los éxitos y los fracasos a su manera, y no callan ni cuando el profesional golpea la bola; todo ello, claro, aceptado por los participantes, que saben a lo que se enfrentan cuando se apuntan a jugar el torneo y que, en ocasiones, también se apuntan al jolgorio montando algún número; incluso interpretando canciones.

Lejos quedan las epopeyas de los centauros que cabalgaban por el desierto de Sonora, en Arizona. Los westerns parecen salidos de otra época pero ahí siguen en las programaciones de todas las televisiones del mundo occidental… y en algunos países más orientales. Ahora, en el desierto del Oeste americano no se atracan diligencias, ni el Séptimo de Caballería combate contra los indios, sino que, en Scottsdale, cerca de Phoenix, en Arizona, lugar de reposo de enfermos que necesitan ambientes secos, y de jubilados que buscan la tranquilidad del lugar, los vaqueros se han vestido de golfistas y disputan, del 31 de enero al 3 de febrero, un torneo de golf muy especial.

En el TPC de Scottsdale, par 72, robado a las arenas del desierto, se alza el Stadium Course, donde se encuentra el citado hoyo 16, un par 3, diseñado por Tom Weiskopfs, de apenas 150 metros, que es lo más parecido a un estadio de fútbol, rodeado de tribunas que acogen a miles de espectadores que, entre gritos, aplausos y abucheos, son premiados, en ocasiones, por algunos de los jugadores que reparten, durante el recorrido, del tee al green, camisetas, gorras u otros regalos.

Todo sea a favor del espectáculo y, sin que sirva de precedente para otros torneos.

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