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Masters 09: Ángel Cabrera se puso la chaqueta verde. Yo me voy durante unos días… pero volveré

Escribo cuando el domingo 12 de abril ha traspasado ya  el umbral del lunes. Es día 13 de abril de 2009, pero no es martes y, en cualquier caso, yo no soy supersticioso, así que no hay nada que temer. El Masters de Augusta ha sido toda una fiesta, especialmente este domingo, que en España es lunes, y que ha deparado uno de los mayores espectáculos deportivos que pueden ofrecerse.
La emoción, ingrediente fundamental en toda competición, llevó al torneo a un play off final entre tres jugadores que finalizaron empatados con doce golpes bajo el par del Augusta National, Kenny Perry (68, 67, 70 y 71), Chad Campbell (65, 70, 72 y 69) y Ángel Cabrera (68, 68, 69 y 71), y el argentino, que parecía el que menos posibilidades tenía, después de una mala salida en el hoyo 18, primero del play off, fue quien terminó ganando el torneo, enfundándose la chaqueta en sus 95 kilos de peso y logrando el 1.350.000 $ que se lleva el vencedor de los 7.000.000 $ de premios totales.
Cabrera jugó el último partido con Perry, con quien estaba empatado con once golpes bajo par después de la tercera jornada, y parecía con escasas posibilidades, ya que su vuelta era la única de los aspirantes al triunfo que iba sobre el par del campo. Pero eso fue hasta llegar al hoyo 12. A partir de ahí, tres birdies en los seis últimos hoyos, el 13 y el 15, pares 5 y el 16, par 3, le llevaron a terminar con 71 golpes y empatar con un total de 12 bajo par, para igualar a su compañero de partido y a Chad Campbell, que esperaba en la casa club.
En el primer hoyo del play off, nadie daba un euro por el argentino, que había salido mal y dejó la bola detrás de un árbol. Dio un golpe imposible pero tuvo la suerte de que la bola rebotara en un árbol y saliera a la calle; sus rivales, que estaban en calle a, dieron dos malos golpes, no alcanzaron green y Perry consiguió el par, pero Campbell no. En el segundo hoyo del play off, el hoyo 10, tanto Perry como Cabrera alcanzaron calle del primer golpe, pero Perry no entró en green de segundo golpe y Cabrera, sí. Al argentino le sirvió el par para alzarse con su segundo Grande, después de su victoria en el US Open, en 2007.
Cabrera, nacido en Córdoba, Argentina, hace 40 años, ha jugado diez veces en Augusta y su mejor resultado había sido un octavo puesto en 2006. Un año antes de su nacimiento, en 1968, otro argentino Roberto de Vicenzo pudo haber jugado el play off para ganar la chaqueta verde, pero un error en la tarjeta le dejó fuera de cualquier opción al triunfo.
Pero si Cabrera ha ganado el Masters 09, Kenny Perry lo ha perdido. Con dos golpes de ventaja, a falta de dos hoyos, dos bogeys, producto de los nervios, de la ansiedad o del cansancio físico o mental, le llevaron a entregar el torneo. Su vuelta no era espectacular, iba al par hasta el hoyo 11, pero mantenía el liderato. En el 12, el par 3, corazón del Amen Corner, firmó un birdie con un putt espectacular. Otro en el 15, par 5 y un golpe de casi hoyo en uno, le llevó en el 16 a las puertas de la gloria. Los dos bogeys finales acabaron con sus ilusiones de ponerse la chaqueta verde, a punto de cumplir los 49 años. Iba a haber sido el ganador más veterano de un Grande y, como es lógico también del Masters, donde Nicklaus venció también cuarentón, pero menos, en 1986. Ayer sábado, al terminar su tercera ronda en cabeza por segundo día consecutivo aseguró: “es posible que esta sea mi última vez”. Lástima  que el de Kentucky no haya sabido aprovechar la ocasión de pasearse con la chaqueta verde por el derby de Kentucky, al que acude habitualmente.
La última jornada del Masters 09 tenía, como anticipo, un partido entre los dos grandes del golf mundial, Tiger Woods, el número 1 y  Phil Mickelson el número 2. No había mejor aperitivo para un menú tan jugoso como el de este domingo de Masters. Y tanto Woods como Mickelson cumplieron con las expectativas. Mickelson, con dos chaquetas verdes en su haber (2004 y 2006), hizo nueve primeros hoyos espectaculares, con seis birdies. Un doble bogey en el hoyo 12, el par 3 que le recibió en el agua y no en el green y el bogey del 18 empañaron una segunda vuelta con otros dos bogeys, para un final de 67 golpes, para un total de nueve golpes bajo par. Sus cuatro tarjetas (73, 68, 71 y 67) le dejaron en la quinta posición, detrás de otro solitario, el japonés Shingo Katayama (67, 73, 70 y 68) cuarto con 10 golpes bajo par.
Tiger Woods, que también tuvo su momento de gloria y a punto estuvo de alcanzar a los líderes, terminó con cuatro vueltas (70, 72, 70 y 68) muy regulares, pero sus ocho golpes acumulados bajo el par solo le han servido para empatar en la sexta posición con John Merrick, un norteamericano de 27 años, novato en el Masters y autor de la mejor vuelta del día con 66 golpes, y dos  Steve,  Stricker y Flesch.
De los españoles, mejor no recordar su presencia en esta edición del Masters. Chema Olazábal y Álvaro Quirós no pasaron el corte y Sergio García (73, 67, 75, 74) fue el 38 de 50, con un golpe sobre el par, y Miguel Ángel Jiménez terminó en el puesto 46 (70, 73, 78 y 73) con seis golpes sobre el par.
PERDONEN QUE HABLE DE MÍ
 
Me voy a la cama después de haber disfrutado de un magnífico espectáculo, igual que millones de personas en todo el mundo, aunque soy consciente de que en España solo a un puñado de aficionados nos encanta ver un torneo de golf por la televisión. La mayoría considera a este deporte aburrido, pesado, soporífero, monótono… y en una palabra, innecesario dentro de un mundo televisivo en el que reina el fútbol y donde todo lo que gira a su alrededor, incluidas las motos, la Fórmula 1, el ciclismo y, en especial, el tenis, lo hace gracias a los nombres propios, aunque sean deportes de equipo. Así, Iker, Xavi, Inhiesta, Raúl, Alonso, Pedrosa, Sastre y, sobre todo, Rafa Nadal, se convierten en iconos y talismanes de una sociedad que ha desviado su capacidad de admiración hacia los deportistas profesionales, los únicos que pueden llevar la bandera de España al extranjero sin despertar sospechas, ya que es difícil encontrar, en nuestra sociedad actual, otras deidades a las que idolatrar. La solidaridad y la ciencia están tan poco vistas y tan alejadas de la actualidad, que al final los científicos y las personas solidarias se convierten en bichos raros para los espectadores de la televisión que nos merecemos.
Siento no dejar en esta crónica ese sentimiento de adoración hacia ninguno de los cuatro golfistas españoles que han participado en el Masters y que, por distintos motivos, no han estado a la altura de las circunstancias y no han podido enfundarse la chaqueta verde como lo hicieran Seve y Chema Olazábal en ocasiones anteriores.
Ésta de la madrugada del lunes 13 de abril será, por ahora, la (pen)última de mis crónicas golfísticas. Espero que no pase mucho tiempo hasta que pueda  retomarlas, así como los artículos de opinión y otras informaciones en esta web, pero causas ajenas a mi voluntad y, sobre todo, a mis deseos, me obligan a despedirme -espero- hasta dentro de unos días.
Este lunes, dentro de unas horas, tengo una cita importante, a la que, desgraciadamente, no puedo faltar. Es en el quirófano de un céntrico hospital -como dicen en los periódicos cuando se refieren a los hoteles donde se concentran los futbolistas-, donde me espera un equipo de cirujanos que van a intentar acabar con un cáncer que se manifestó hace un mes, exactamente el diez de marzo, cuando me intervinieron por primera vez de lo que parecía una hiperplasia benigna de próstata y que luego se ha convertido en un problema mayor. Tras la biopsia de las muestras tomadas en aquella intervención, aparecieron unas células cancerígenas a las que hay que contraatacar con cabeza, ciencia y bisturí…Y en esas estamos.
Cuando a los quince días de la operación el doctor que me intervino me llamó a su consulta para darme la que, para mí iba a ser una buena noticia, las cañas se convirtieron en lanzas:
-¡Tiene usted un cáncer!
-¿Qué me dice?
-Pues sí, lo ha detectado la biopsia, está muy localizado pero hay que volver a intervenir.
-Y yo que venía tan contento por lo bien que iba el postoperatorio de la cirugía del día 10…
-Sí, nada parecía indicar que nos íbamos a encontrar con este problema, pero así ha sido.
-Pero… ¿esto es para morirse?
-No, hombre, esto se cura totalmente, pero hay que volver a operar…
-¿Y cuando será eso?
-En cuanto pase un mes. El lunes día 13, después de la Semana Santa, operamos…
De piedra… Me quedé de piedra, como había de ser la cama y como era la cabecera. Y no pensé: “¿Por qué a mí?”, sino “Ya me ha tocado”. Tengo 66 años, parece que son 10 o 15 menos, no solo por el aspecto, sino por la vitalidad… y perdón por la modestia. Pero, el cáncer llega a todas las edades. Así que hay que tomarlo como viene y luchar por salir de ésta, porque ni soy el primero, ni seré el último de los afectados. Y, además viviré para contarlo, que es lo único que sé hacer, mejor o peor, desde hace medio siglo.
Me enfrento a la operación con mucho ánimo y con el convencimiento de que, no solo estoy en buenas manos, sino de que este partido lo voy a ganar, aunque yo no sea Seve, ni Lance Armstrong. Ya que no tengo éxito en los torneos que juego y mi golf no tiene pinta de mejorar, espero, al menos, resarcirme en este otro partido. Parece que no va a ser  tan duro como el que han jugado Seve y Lance, así que estoy deseando volver a escribir de ellos y de sus gestas deportivas y humanas, habidas y por haber, dentro de pocos días y durante muchos años más.
De verdad, de verdad, lo peor de todo es que después de veinticinco años jugando al golf, he perdido el approach. No el palo, cosa que se solucionaría comprando otro wedge, sino el swing. Cuando me recupere espero encontrarlo, aunque el problema es que no sé donde buscarlo.
Mi intención al escribir sobre mí y, en especial, acerca de un mal que aqueja a muchos hombres, a partir de los cincuenta años, es llamar la atención sobre la prevención de la enfermedad. Los médicos están de acuerdo en que, si se toman medidas preventivas y el mal se conoce a tiempo, las posibilidades de curación se acercan al cien por cien. Por eso es tan importante acudir a revisión médica con la periodicidad que se nos recomiende.
Dentro de unos días confirmaré la estadística positiva que se refiere a la curación cuando se llega en el momento oportuno. Estoy seguro. ¡Hasta luego!     
Crónica de la tercera jornada / Sábado 11 de abril de 2009
“Puede que ésta sea mi última vez”. Así de claro se manifestó Kenny Perry (48 años), al terminar su tercera ronda en Augusta 09 coliderando, por segundo día consecutivo, y en esta ocasión con otro compañero de viaje, el argentino Ángel Cabrera (41 años), el primer Grande del año, el Masters. En un año en el que los jóvenes vienen pegando fuerte y cuando se ganan torneos profesionales con menos de veinte años, como en el caso de Rory McIlroy, el amateur Danny Lee, o el japonés Ryo Ishikawa, y cuando un joven de 24 años, como Anthony Kim, es capaz de hacerse once birdies en 18 hoyos durante la segunda jornada de Augusta, es curioso que en la ronda final sean dos cuarentones los que salgan en el partido estelar a luchar por la victoria y por enfundarse la chaqueta verde.
No se como las preparan en Augusta, pero las chaquetas, en caso de vencer cualquiera de los dos jugadores que figuran empatados en la primera posición, con once golpes bajo par, tienen que ser de talla XXL. Es posible que la misma pueda servirles a cualquiera de los, ya que su peso y su altura son parecidos. Aunque el argentino de Córdoba parece más alto, es cinco centímetros más bajo que el de Kentucky. Ángel mide 1.82 metros, y Kenny, 1.87. De peso andan también muy parejos: Perry 99 kilos y Cabrera 95. En cuanto a volumen, ahí puede estar el problema, la barriguita cervecera de los dos cuarentones puede hacer estallar el botón de una chaqueta que no esté hecha a la medida.
De todos modos, la batalla del cuarto día está servida en el Augusta National. Con los dos líderes + 11, parece que, siendo muy generoso -y teniendo en cuenta que entre los seguidores está Tiger Woods, al que nunca se puede descartar en un día final, y Phil Mickelson, que también es capaz de cualquier cosa- solo los 19 jugadores que están, como máximo a 7 golpes de la cabeza, tienen alguna posibilidad de meterse en la lucha definitiva. ¡Y todo por una chaqueta!
En realidad, dejando al margen a Woods y a Mickelson, la batalla por la vestimenta verde y por el 1.350.000 $ que se llevará el ganador de los 7.000.000 $ que es el total de los premios para este Masters 09, está limitada a los jugadores que están a cinco golpes de la cabeza. Según las estadísticas, la mayoría de los ganadores del Masters han salido del último partido de la última jornada.
En cualquier caso, no se puede descartar al líder de las dos primeras jornadas, Chad Campbell (65, 70, 72), para un total de -9, a solo dos golpes de la cabeza, que está haciéndolo bien, pero que fue a estrellarse contra el bunker del hoyo 16, un par 3 que se jugaba con la bandera muy difícil al fondo y a la derecha del green, y perdió ahí los dos golpes que le deberían haber aupado a sumarse al carro de los líderes.
Tampoco hay que olvidarse de Jim Furyk (66, 74, 68) que a solo tres golpes también cuenta, ni de Steve Streaker, con -7, aunque es menos probable. Con menos 6 hay tres jugadores a los que tampoco se espera en la lucha definitiva: Rory Sabbatini, Shingo Katayama y Todd Hamilton. En solitario, un día más, Tim Clark ocupa la novena posición con cinco golpes bajo el par, después de terminar con 72 golpes su tercera vuelta.
Y ya en la décima posición y empatados, están los que han firmado -4, nueve jugadores entre los que se encuentran Tiger, Mickelson…y Anthony Kim, que si es capaz de repetir los once birdies del viernes, sería el lógico/ilógico triunfador.
Pero Perry y Cabrera son líderes sólidos y siete golpes de ventaja son muchos golpes. Kenny Perry (68, 67, 70) ha firmado tres tarjetas bajo el par y su juego, no ya conservador, sino realista, le lleva a superar traumas como el de los dos bogeys del comienzo del Amen Corner, compensados con un birdie en el hoyo 13, un par cinco que el sábado se portó bien con casi todos los jugadores.
En cuanto a Cabrera, (68, 68, 69), parece que el putt le está funcionando mejor que otras veces y no se ha escapado con el driver, lo que le convierte en un enemigo peligroso. Su segundo golpe en el hoyo 18, desde la derecha de la calle, sin apenas tiro para llegar a green, fue todo un homenaje a Seve.
Y de Sergio, poco que decir. El de Castellón volvió a las andadas (73, 67, 75). Después de ganarle al campo el viernes, cosa que no hacía desde 2004, se cascó dos bogeys, al comienzo y al final de la tercera vuelta, y firmó un 75 que le alejó hasta el puesto 25 con solo un golpe bajo el par.
Miguel Ángel tampoco tuvo su día. Los pares tres de la segunda vuelta le hundieron (70, 73, 78) hasta la penúltima posición (46, empatado) y le dejaron con la única esperanza de conseguir llegar al puesto 15 para volver el año próximo. Un doble bogey en el hoyo 12, el par 3 del Amen Corner, en el que se saltó el green con un hierro ocho, y un triple bogey en el otro para 3, el 16, le sumieron en un total de cinco sobre el par del campo.
Augusta sigue siendo un campo dócil, con la mitad de los 50 jugadores que pasaron el corte, bajo par. Si las condiciones del domingo son las mismas, los primeros seguirán siendo los primeros. Si no, al tiempo.
Crónica de la segunda jornada /  viernes 10 de abril de 2009
Y la reacción se produjo. Todo lo que fueron dudas para Sergio García durante la primera jornada del Masters de Augusta, se convirtieron en buenas sensaciones para el jugador de Castellón. A una vuelta de 73 golpes el jueves, respondió el jugador con 67 golpes el viernes para colocarse con cuatro golpes bajo el par 72 del Augusta National. La vuelta de Sergio solo fue superada por Anthony Kim, que pasó a la historia después de hacer once birdies y superó a Nick Price, que en la tercera vuelta de 1986 fue capaz de firmar diez birdies. Kim terminó con 65 golpes que, sumados a los 75 del primer día le colocaron en la cuarta posición (-4) empatado con García, Jim Furyk, el japonés Shingo Katayama y el sudafricano Rory Sabbatini, otro de los que finalizó con 67 golpes.
Esos mismos cinco golpes bajo el par fueron los que auparon al norteamericano Kenny Perry, curtido en mil batallas, al liderato que comparte, de cara al fin de semana, con el líder el primer día, su compatriota Chad Campbell. Los dos, con nueve golpes bajo el par tienen solo un golpe de ventaja sobre el argentino Ángel Cabrera (68 – 68) y dos sobre otro norteamericano Todd Hamilton, que ocupa (-6) la cuarta plaza en solitario. El sudafricano Tim Clark (-5) es quinto y ya en la sexta posición figura Sergio con los cuatro jugadores citados anteriormente.
Si fue un día bueno para Sergio, que hizo 33 golpes por los nueve primeros hoyos. En los segundos se le quebró la racha en el corazón del Amen Corner. En el par tres una mala elección de palo, o el exceso de adrenalina, impulsaron su bola más allá del green del par 3, casi pegada a las azaleas que enmarcan el fondo del green. Un boggie le llevó a menos dos en el día. En el 13, el par 5 en el que finaliza el rincón del “así sea”, un segundo golpe fallido llevó su bola al agua, pero un buen approach y un mejor putt le permitieron firmar el par y salir reforzado al siguiente tee. Y en los cuatro últimos hoyos sucedió lo que todos esperábamos y que significaba romper una racha negativa en los finales del recorrido de Augusta, campo al que llevaba 5 años, desde 2004, sin ganar. Del 15 al 18, tres birdies que pudieron ser cuatro, si el putt del 17 no se hubiera negado a entrar en el hoyo. El del 18, sobre todo, tuvo que saberle a gloria al de Castellón ya que le permitió irse a la casa club en sexta posición y con una sonrisa en la boca, como no le habíamos visto durante toda la jornada del jueves.
Ahí está Sergio, incluso para los que no crean en sus posibilidades. No se si será esta vez, pero que tiene un Grande a la vuelta de la esquina, está claro.
El campo, bien gracias. Durante los dos primeros días no ha sido tan fiero como otros años, especialmente porque los greenes recibían y la bola que iba a la bandera se quedaba donde hacía el pique. Otra cosa fue el viento. Hubo ráfagas que dificultaron el recorrido de algunos jugadores y que, incluso, castigaron a Padraig Harrington con un golpe de penalidad en el hoyo 15 porque la bola se movió en el green cuando estaba dispuesto para patear.
Al final, Harrington (69 – 73) comparte la plaza número 19 con otros ocho jugadores, entre los que se encuentra Tiger Woods (70 – 72), que permanece agazapado con dos golpes bajo el par, y que finalizó con malas sensaciones tras firmar un bogey en el hoyo 18, después de un mal segundo golpe y de una sacada de bunker que se fue demasiado lejos del hoyo. Con ellos, Camilo Villegas, Lee Westwood y un veterano Sandy Lyle que igualó el record de cinco birdies seguidos que el jueves hizo Chad Campbell.
De los cincuenta jugadores que pasaron el corte, 32 están bajo par, lo que es insólito para el Masters de Augusta que, en los últimos años veía como el top ten estaba en números negros, sobre el par.
De cara al fin de semana habrá que esperar a la decisión de los oficiales del campo, cómo preparan los greenes y donde colocan las banderas. Habrá que mirar al cielo porque en la noche del viernes al sábado ha habido un tornado y puede haber afectado al campo. En todo caso, el tiempo previsto para la tercera jornada es de 24 grados centígrados de máxima y 11 grados de mínima. La posibilidad de lluvia es de solo el 20 por ciento, el cielo estará parcialmente nublado y el viento soplará a once kilómetros por hora. El tercer día, el del “movimiento”, preocupa también a Miguel Ángel Jiménez, que acompaña a Sergio, tras pasar el corte (-1) en el puesto 28 y que no está descartado, ni mucho menos, para la victoria final. Difícil es, pero no imposible y cosas más raras se han visto en un campo de golf. Para el domingo, las previsiones son mejores. Sol y ninguna posibilidad de lluvia y viento soplando a 13 kilómetros por hora. Las temperaturas, parecidas al sábado, 23 de máxima y once de mínima.
Entre los que se marcharon para casa, Chema Olazábal y Álvaro Quirós. Dos caras diferentes de la moneda. La veteranía de Chema le llevó a finalizar una buena primera ronda y empezar la segunda con buen pie, pero el cansancio y la falta de competición debido a su enfermedad muscular durante este año, le llevó a firmar cinco bogeys en los últimos diez hoyos y sus tarjetas de 71 y 75, le dejaron (+2) a un golpe del corte.
En cuanto a Álvaro está claro que pagó su novatada. Sus seis golpes de más en el primer recorrido le dejaron fuera de órbita. El segundo día (+3) fue mejor, pero los nueve golpes sobre el par finales, le dejaron sin opción ninguna. Seguro que ha aprendido la lección.
Otros ilustres que se quedaron en el camino fueron: Ernie Els, Retief Goosen, Fred Couples, Stewart Cink, Robert Karlson, Zach Johnson, ganador en 2007… De los cincuentones, ni Greg Norman (+3)  pudo alegrarle el día a su mujer, Chris Evert, que le acompañó durante todo el recorrido, ni Bernard Langher pudo bajar de los seis golpes sobre par. En cuanto a los veteranísimos ocuparon unas dignísimas últimas posiciones. Gary Player se despidió de los aficionados a sus 73 años y, en medio de una gran ovación colocó su bola de dos golpes en el green del 18, pero no pudo terminar con el par. Otro que abandonó, con lágrimas en los ojos –por cierto, al “caballero negro” sudafricano no se le cayeron las lágrimas, fue a Fuzzy Zoeller que, con su hija de caddy no paraba de llorar tras sus enormes gafas negras.
En cuanto a los teen agers, solo Rory McIlroy, el norirlandés de 19 años pasó el corte (+1) y viaja en el tren de cola empatadao con el ganador del año pasado, el sudafricano Trevor Immelman; el japonés Ryo Ishikawa, de 18 años, y el amateur Danny Lee, que ya conoce las victorias en torneos profesionales, tampoco es de la partida final, como los otros cuatro amateurs participantes, que también se han quedado por el camino.
Crónica de la primera jornada / jueves 9 de abril de 2009
 

A una hora muy taurina, cuatro minutos antes de las cinco de la tarde, hora peninsular española (10.56 en Georgia), Sergio García dio su primer golpe en el tee del hoyo 1 del Augusta National Golf Club, en Augusta, Georgia, un campo de 7.435 yardas, par 72, donde se disputa desde el año 1934 el primer Major de la temporada, el Masters de Augusta. Este año 2009, el campo ha sido preparado con el mimo de siempre, pero con la idea de no dificultarlo tanto como el pasado año. Los greenes recibían bien y las banderas no estaban colocadas para fastidiar a los jugadores, sino todo lo contrario. El campo se jugó cómodo para, al menos, los 38 jugadores que bajaron del par, de los 96 participantes. El tiempo, además acompañó con sol espléndido y una ligera brisa que ayudaba a soportar los rayos solares. Como bien señaló Miguel Ángel Jiménez: “Augusta no fue, el jueves, una angustia”. Habrá que esperar acontecimientos los próximos días, tanto por el clima como por la acción de los oficiales que preparan el campo y colocan las banderas.
La prueba de la bondad del campo está en los nueve birdies que colocaron a Chad Campbell, el rellenito norteamericano que se destapó en la pasada Ryder Cup, en el liderato del primer día, con 65 golpes, siete bajo el par, y que incluso batió un record. Ha sido el primer jugador que ha hecho cinco birdies seguidos en la primera jornada de Augusta. Primero dio un golpe menos en los cinco primeros hoyos, y luego 4 seguidos del doce al quince. Solo dos bogeys en los hoyos 17 y 18 impideron a Chad igualar el record de 63 golpes en una jornada de un Grande.
Tras Campbell, Hunter Mahan y el incombustible Jim Furyk, que aparece casi siempre en los puestos de cabeza (-6) y tras ellos, el veterano norteamericano Larry Mize y el japonés Shingo Katayama, con cinco bajo par.
A pesar de que este año son más los jugadores no americanos (57) que los nacidos en los Estados Unidos (39), entre los trece primeros (el top ten llega con los empates a 68 golpes hasta el puesto número 13) hay ocho norteamericanos.
Tiger Woods, gran favorito a pesar de su larga ausencia y gracias a su victoria de hace dos semanas en el Arnold Palmer Invitational, ocupa la plaza 21, con dos golpes bajo el par del campo, y sigue siendo una baza importante para la victoria final. El caso es que el tigre esté en disposición de rugir durante los nueve últimos hoyos del domingo. Si llega en condiciones de remontar, seguro que remonta.
Con Tiger, empatado a 70 golpes en esta primera jornada, Miguel Ángel Jiménez, que es el mejor de los cuatro españoles que están en Augusta. El malagueño hizo cinco birdies (2, 9, 12, 13 y 16), pero se atascó con tres bogeys en el 3, 11 y 15. Ahí está, dispuesto a sobrevivir y más durante el fin de semana. Con ellos, Zach Johnson, ganador en 2007, Nick Watney, Lee Westwood y dos incombustibles, Greg Norman, que lleva de caddy a su hijo Gregory y al que acompaña Chris Evert, su actual mujer, que le hizo de caddy en los pares tres del miércoles, y el alemán Bernard Langher que ya anda haciendo de las suyas en el Champions Tour.
A solo un golpe (-1), está Chema Olazábal, que es un ejemplo de pundonor. Con solo cuatro vueltas en este año, debido a sus problemas óseos y musculares, Chema ha conseguido ganarle al campo, una vez más, y demostrar que sus dos chaquetas verdes no han sido producto de la casualidad. El donostiarra logró cinco birdies (2, 3, 6, 7 y 13), contrarrestados con cuatro bogeys (4, 8, 14 y 17), lo que le llevó a la posición 28, en la que también figuran otros diez jugadores, algunos de ellos como Geoff Ogilvy, Vijay Singh y Trevor Immelman, ganador del pasado año.
Sergio, en principio, era la principal baza española aunque él mismo reconociera que no estaba en su mejor momento. Lleva varios años sin ganarle al campo de Augusta y en este 2009, las dudas se han concentrado sobre su putt, que es el gran calvario del castellonense en este particular Vía Crucis de Semana Santa en que se ha convertido el primer Major de la temporada. Sergio ha cambiado de nuevo al belly putter (el putter largo que se apoya en el estómago), y ni por esas es capaz de enchufar una. Empezó la vuelta de manera anodina, con cuatro pares, hasta que en el hoyo 5 llegó el primer bogey. A partir de ahí, el recorrido transcurrió con más pena que gloria para terminar con 73 golpes, empatado, eso sí, con jugadores de la categoría de Phil Mickelson, Robert Karlsson, Fred Couples, Rory Sabbatini, Ben Curtis, Luke Donald y Camilo Villegas.
Lo malo es que, en el caso de Sergio, no vale aquello de “mal de muchos…” Sergio no está con la mente puesta en la victoria en Augusta y hasta se conformaría con pasar el corte. Y eso es poco conformar para un jugador de la categoría y las posibilidades del de Borriol.
Las jóvenes promesas
Por último, Álvaro Quirós, que debutaba en un Masters y en un Grande, cerró la lista de españoles en el tee del uno, y la volvió a cerrar en el green del 18, del que salió con 78 golpes, seis sobre par, y con la mala sensación de haber hecho tres doblebogeys, en los hoyos 7, 13 y 16, y con la obligación de hacer un vueltón bajo par en la jornada del viernes, porque sino se tendrá que volver a casa. Álvaro ocupa el puesto noventa y tiene de vecino, entre otros, a Gary Player.
En cuanto a los más jóvenes debutantes, el noorirlandés Rory McIlroy, de 19 años, está al par, en el puesto 39, como Paul Casey, ganador la semana pasada del Shell Houston Open; el japonés Ryo Ishikawa, de 18 años, figura el 51, con un golpe sobre el par, como Sergio, y el amateur Danny Lee, es el 70, con dos sobre el par.
La carta de Seve
El miércoles, día de los pares 3 en Augusta, Tim Clark, que hizo un hoyo en uno en el nueve, fue el ganador. En ese torneo familiar y entretenido de los magníficos hoyos cortos de Augusta, Arnold Palmer, Gary Player y Jack Nicklaus, formaron un partido seguido por miles de personas y acompañados por un montón de nietos. Player hizo un hoyo en uno en el hoyo nueve, como Clark, pero desgraciadamente fue para hacer un par, ya que se había ido al agua con un primer golpe. En cualquier caso, con 73 años, golpeó una bola desde el tee en un par tres y la metió de un solo golpe, daba igual si contaba como primero, o como tercero.
Por la noche, durante la cena de los campeones, en la que se dan cita todas las chaquetas verdes que participan en este Masters, incluidas las de los que jugaron solo los pares tres y no disputan el torneo, como Jack Nicklaus y Arnold Palmer, Chema Olazábal leyó una carta de Seve Ballesteros, que el jueves día 9 cumplió 52 años, en la que lamentaba no poder compartir la cena con los presentes y que resultó un “momento muy especial”, como reconoció el presidente del Augusta National, Billy Paine, quien derramó alguna lágrima, igual que la mayoría de los asistentes a la cena, incluido Tiger Woods.
Arnold Palmer fue el encargado, a las ocho menos diez de la mañana de Augusta, las tres menos diez (hpe) del jueves 9, de dar el primer drive de salida a un torneo que siguen millones de personas en todo el mundo y que, en España, al margen de la televisión por cable, tendrá escaso seguimiento en los medios de comunicación de información general, aunque los deportivos se preocupan algo más de lo habitual al ser un grande. Veremos que información dan el domingo y el lunes, con tanto fútbol y tantas motos…
Amen Corner
El Amen Corner, tan temido por los jugadores, forma parte de tres hoyos de Augusta. Ni siquiera son los tres hoyos, sino unos determinados golpes los que reciben ese nombre y, especialmente, el golpe de salida del hoyo 12, un par tres que tiene agua por delante y azaleas por detrás. En realidad, la denominación de Amen Corner se debe a que, si caes en el agua en el hoyo 12, solo queda decir Amén.
Los hoyos 11, 12 y 13, forman ese rincón donde pueden acabar todas las esperanzas y donde cualquier rezo puede finalizar con un resignado “así sea”. Y aunque esos hoyos reciben el nombre de “Amen Corner” por extensión, en realidad, la dificultad estriba en el segundo golpe del hoyo 11, un par cuatro de 505 yardas considerado el más difícil del campo, en el que si no has ido a calle con un golpe de driver de más de 300 yardas puedes olvidar llegar a green de dos golpes; el tiro de salida del 12, par 3, de 155 yardas, y el primero del 13, un par 5 de 510 yardas.

En la foto, un aspecto del hoyo 12, el par 3 del Amen Corner

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