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Tiger ha vuelto. Ganó el Arnold Palmer Invitational

Tiger ha vuelto a hacer historia. Después de tres torneos disputados, tras su vuelta desde su operación de rodilla hace ahora nueve meses, Tiger Woods ha demostrado que sigue siendo el número 1… Y seguramente por muchos años. En la tercera vuelta del Arnold Palmer Invitational presented by Masterd Card, que se ha disputado (26 al 29 de marzo) en el campo de Bay Hill Club and Lodge, en Orlando, Florida, Tiger consiguió colocarse en el partido estelar, junto a Sean O’Hair y Zach Johnson. Y en la última jornada fue minando al joven O’Hair, líder indiscutible desde el segundo día, hasta colocarse empatado con cinco golpes bajo el par. Un birdie de Tiger a falta de cuatro hoyos le dieron el liderato, pero un bogey en el hoyo 18, un par tres en el que se le quedó la bola enterrada en el bunker, le devolvió la igualdad y dejó el empate para resolverlo en el hoyo 18. Al final,  un birdey de Tiger para cinco golpes bajo par en el total, y un  par de O’Hair, y el sexto título en este torneo auspiciado por Arnold Palmer, se quedó en las manos de Tiger.

Ha sido una magnífica victoria para Woods, que ahora ya está preparando su presencia en el Masters de Auggusta en la Semana Santa . Si rival, y segundo, con cuatro golpes bajo par, Sean O’Hair, un texano de 27 años, que ha pasado seis cortes de siete torneos jugados esta temporada, y que ha sido top ten en cinco de ellos y 14 en el sexto, ha sido un líder muy sólido en el Arnold Palmer Invitational hasta que llegó el Tigre. Te4rcero fue Zach Johnson, a tres golpes del vencedor.

Tiger Woods, en su tercera salida al campo en un torneo oficial después de su operación de la rodilla, ha acabado con todas las especulaciones, tanto sobre su salud como su estado de forma y ha demostrado que queda número 1 para mucho tiempo.

Tiger, que se apuntó a última hora,  y lo hizo, entre otras cosas, "porque no se puede faltar a una cita con un jugador como Arnold Palmer" y porque es el defensor del título que ganó el pasado año, no está dispuesto a ceder el número 1 del mundo a Phil Mickelson, al que solo aventajaba en veinte décimas, dos semanas antes del Masters de Augusta. Ni Mickelson, ni Sergio García, ahora tercero, han jugado este torneo, aunque si figuran inscritos en el Shell Houston Open que se disputa en  Texas esta semana, y que es la antesala de la primera gran cita del año en  Augusta.  

Aparte de las razones deportivas, las económicas eran también fuertes para participar en este torneo de Orlando: 6.000.000 dólares en premios, de los cuales 1.044.000 han sido para el ganador, además de 500 puntos de la FedExCup. Claro que lo importante para Tiger era volverse a probar después de nueve meses de su operación de rodilla y de sus dos apariciones en  las series Mundiales, el Accenture y el Doral. Si en la primera su paso por el Match Play fue toda una decepción para sus seguidores, tras perder en segunda ronda con Tim Clark, en la segunda ocasión ya terminó en el Top Ten. Y a la tercera ha sido la vencida; es decir, la victoria.

Y como en todos los torneos, las paradojas del golf.  El sudafricano Retief Goosen ganador de la semana pasada en el Transitions Championship, después de cuatro años sin victorias, ha pasado el corte de casualidad, con cinco golpes sobre el par y en el puesto 68, junto con Tom Lehman, también destacado la pasada semana, y otros jugadores empatados en la última posición.

En definitiva, una semana sin españoles, con Miguel Ángel y Olazábal en Sevilla y con Sergio y Álvaro Quirós entrenando para el Masters, pero con la vista puesta en el Shell Houston Open que se juega la semana próxima.

¿CUANDO VOLVERÁ TIGER A SER EL QUE ERA?

No era sólo si era capaz de volver a ser el de antes, sino cuánto iba a tardar en serlo. La pregunta que se hacían los aficionados ya ha obtenido respuesta tras la victoria de Tiger en el Arnold Palmer Invitational.

Era muy posible que Tiger Woods vvolvoiera a ser el jugador que era, un golfista excepcional, con una proyección que podría superar  la de todos sus antecesores sobre un campo de golf, y situado en el ranking mundial a tanta distancia de los demás que, a pesar de haber estado ocho meses sin competir, y de haber perdido en segunda ronda en el Accenture Match Play, todavía era el número 1 del  mundo, a pesar de que su inmediato seguidor, ahora Phil Mickelson, está tan solo a unas décimas del liderato.

Tras su derrota en segunda ronda del Accenture Match Play de la semana pasada, ante el sudafricano Tim Clark,  que a la jornada siguiente perdió ante Rori McIlroy -atención a este joven norirlandés de 19 años, al que en la web de la PGA americana ya dan como el próximo número 2 del mundo, en detrimento de Sergio García, al que en un símil bolsístico sitúan a la baja tras ser eliminado en primera ronda del Accenture ante el sudafricano Charl Schwartzel-, las dudas se han instalado en la mente de los especialistas y de los aficionados. Por supuesto, los seguidores de la “Iglesia de Tiger Woods”, que ya los tiene y muchos, esos no se cuestionan nada, pero el resto de seguidores, no tan radicales ni sumisos, tienen muchas preguntas que en el aire se han quedado sin respuesta, por ahora.

La conclusión después de la primera ronda del primero de los tres WGC que se celebran en los Estados Unidos, era que Tiger  había vuelto mejor que antes, más centrado y mejor preparado que nunca, para sorpresa de un buen número de comentaristas de golf.  Ausente desde su triunfo en el Open USA, hace ahora ocho meses,  a causa de una lesión en la rodilla izquierda, que no es la primera vez que le aparta de los campos de golf, la elección del World Golf Championships-Accenture Match Play para su vuelta a la competición oficial había extrañado a muchos especialistas. Después de más de ocho meses sin jugar competición oficial,  Tiger había escogido un torneo que lleva el nombre de uno de sus patrocinadores, Accenture, y que se disputa en un campo complicado como es el Ritz-Carlton Dove Mountain, situado en Marana, Tucson, Arizona, diseñado por Jack Nicklaus para la ocasión “con cactus y magníficas vistas al desierto de Arizona”, según palabras del “Oso Dorado. La realidad es que el campo, junto al que se construye un hotel de la cadena Ritz Carlton, por supuesto, es un oasis compuesto por 18 trozos de hierba, rodeado de miles de cáctus y con un rouge que no era sino el mismísimo y árido desierto de Arizona.

Pero no solo sorprendía la elección del campo para el regreso de Tiger, sino el hecho de que el Match Play se disputaba durante cinco días, de miércoles a domingo, y en caso de llegar al fin de semana, los jugadores que se presenten en la final tendrían que haber jugado cinco vueltas de dieciocho hoyos -tres, miércoles jueves y viernes y dos más,  cuartos y semifinales, el sábado-. El domingo, para conseguir el título, los dos finalistas jugarían dos vueltas de 18 hoyos cada una.

Total, no parecía el torneo más apropiado, aunque Accenture sea el patrocinador, tanto del campeonato como de Tiger, para regresar después de ocho meses sin jugar competición oficial, y  una nueva operación en su rodilla izquierda. Claro que la bolsa es muy sustanciosa, 8.500.000 dólares, y aunque el dinero no sea la mayor motivación de Tiger, todo contribuyó a la decisión tomada.

Woods ganó su decimocuarto Major el pasado mes de junio, antes de someterse a la citada operación de rodilla que le ha obligado a una rehabilitación que ha durado más de medio año, en concreto serán ocho meses y 254 días los que transcurran desde el play off que Tiger le ganó a Rocco Mediate en el US Open hasta que pegue su primer golpe en el tee del uno en  el Ritz Carlton de Arizona.

"He esperado al nacimiento de mi segundo hijo Charlie Axel el 8 de febrero para tomar mi decisión, después de hablar con mi mujer, Elin", declaró Tiger Woods. Todo parece indicar que Tiger estaba preparado ya hace varias semanasy que ha postergado su aparición hasta después del nacimiento de su segundo hijo. Ël mismo lo dijo antes de empezar a jugar: “estoy listo para la competición. Incluso he mejorado mi juego cort6o porque lo he entrenado mucho”. Quizás por eso no le importaba que el Match Play sea más duro que un torneo normal y anticipó una reaparición que muchos esperaban en el Shell Houston Open, en Texas, del 2 al 5 de abril, justo una semana antes del Masters de Augusta.

El miércoles 25 de febrero, Tiger inició con buen pie la defensa de su título en el World Match Play, que el año pasado le ganó a Stewart Cink. A las 8 y  dos minutos, hora española, Tiger volvió a hacer historia desde un tee del 1. Con madera 3, por supuesto.

La suerte estaba echada, entre otras cosas porque el australiano Brendan Jones, un jugador de 33 años, número 64 del mundo, que ha ganado ocho torneos en el Tour de Japón, no ha llegado a ser un Cocodrilo Dundee, sino una perita en dulce para este Tigre americano que volvía con más ganas que nunca.

Sin embargo, tras la derrota ante Tim Clark (4 y 2), las cañas de los comentaristas, siempre deseando afilar sus uñas, se volvieron lanzas y empezaron a cuestionar el estado de forma de Tiger.

Al número del mundo, sin embargo, el asunto no pareció importarle mucho: "de verdad, estoy muy contento -dijo Tiger- de cómo he golpeado la bola estos dos días". Y aún se sentía más satisfecho porque no se había resentido de la rodilla izquierda operada: "Ha sido esperanzador lo que he visto en el torneo", aseguró. Y añadió: “Según he podido comprobar, la operación ha funcionado: "Después de ir y venir tantas veces por el campo, y en especial en los descensos, puedo decir que mi pierna está bien. Ningún dolor, cero dolor".

Y eso es, desde luego, la mejor de las conclusiones: la salud es lo que importa. Ahora bien, una vez terminado el Match Play, Tiger se fue a casa “a descansar y a meditar”. Le vimos en Doral, a primeros de marzo en el tee del uno del Doral Golf en Florida, intentando arañar buena parte de los 8.500.000 dólares de premios. Y bien que los arañó. Aunque sus comienzos no fueron buenos, al final terminó entre los diez primeros. Esta semana ha vuelto y ha ganado. La pregunta ya tiene respuesta.

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