Opinión

El ufano infante

 

 

(En la imagen, Sancho IV de Castilla en una miniatura medieval del siglo XIII. Wikimedia Commons).

 

Cierto es, y me acuso yo el primero, que los periodistas en ejercicio somos a veces insoportables y mequetrefes. Pero, como en todo en la vida siempre hay quien gane. Es el caso del conocido jugador de golf de Borriol de nombre Sergio y de apellido García.

 

Viene al caso el comentario ante la actitud impresentable que el ¿deportista? mantuvo recientemente con nuestro compañero Miguel Ángel Barbero, buen aficionado al golf y cualificado comentarista de este deporte. Miguel Ángel le solicita que anime a los espectadores que no siguen habitualmente el golf a ver la próxima Ryder Cup que se disputará en París próximamente. La respuesta de este pollo es inconcebible: “no sé, que lo vean si quieren. Si no lo quieren ver, que no lo vean. ¿Qué quieres que te diga?”

 

¡Ole ese salero español, esa cortesía, la gracia y el donaire de un caballero! A mí la respuesta del gañán me sugiere esa escena del personaje de Mota, el Cansino Histórico que pasa de la admiración más alta al insulto descarnado: “mugroso, hartosopas, bigotezorra, tobillocabra, hocicopollo, tripasdehule, zamarro, estomagante, bailaferias, pisamonas, ojosapo, ansiarrota, potroso, maestroagujas, tontolhaba a las tres…” etc.

 

Podría yo agregar a tal sarta de hilarantes improperios algunos del castellano medieval que, puesto que no se había inventado el golf no vienen al caso pero que gustosamente podrían aplicarse a quién muestra desidia, galvana e insolencia ante un informador que pregunta con respeto y sentido. Helos aquí por su orden: feo, férvido, follón, gañán, gárrulo, hediondo, hipócrita, holgazán, huerco, infame, insipiente, insidioso, lerdo, leve, malsín, mendrugo, mezquino, mulcator, necio, obtuso, orate, pelmazo, penoso, perezoso, pigro, pusilánime, rafez, rastrapajo, renacuajo, rijoso, sabandija, sandio, torticero, truhán, ufano, zafio, zote.

 

Todos ellos están documentados en textos literarios entre los siglos XIII y XV. Lástima que no podamos aquí ni citarlos todos ni explicarlos, aunque algunos perviven en nuestra lengua, unos con el mismo significado de su nacencia y otros justo con la contraria, pero así de viva es la lengua. La historia y la literatura contienen más hechos y verdades de las que solemos imaginar. Ya el profeta Isaías (S VIII a.C) dijo algo que bien podríamos aplicar a nuestro cuento: !Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

 

Amargura es una buena palabra para describir este sucedido. Pero, hurtándole la hiel que tienen mis reflexiones y queriendo ser benévolo con aquel que saca los pies del tiesto más de lo que es conveniente, tomaré uno de esos vocablos del tiempo de Sancho IV de Castilla: ufano.  Entendíase entonces que tal calificativo se aplicaba a la persona “envanecida, presuntuosa y soberbia, que mira a otros por encima del hombro”. Con eso le llega de sobra a nuestro antiguo “infante”.

 

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