Opinión

Manuela Carmena: Cimarrón en el Club de Campo Villa de Madrid

 

 

 

 

Doña Manuela Carmena, a la sazón futurible alcaldesa de Madrid llevaba en su programa para la Alcaldía una propuesta que consiste, en pocas palabras para no ser pesado y porque ya es suficientemente conocida, en cerrar el Club de Campo Villa de Madrid.

Lo cierto es que la propuesta de doña Manuela dice concretamente: “que el actual Club de Campo Villa de Madrid S. A. se convierta en parque público abierto a todos (como la Casa de Campo). Para financiar su mantenimiento y no cargar las arcas municipales, determinadas instalaciones -piscina, etc- tendrán precios populares”.

Y sigue el proyecto: “la zona de hostelería sería una Escuela Pública de Hostelería (con restaurante para prácticas y algo de autofinanciación).

Acabáramos: aquí llega el quid de la cuestión: “el inmenso campo de golf (sic) se convertirá en Escuela-Granja Pública. Se financiaría en parte vendiendo sus productos a coste a Residencias Públicas de Mayores, Colegios Públicos”.

“Ahora Madrid” se ha ratificado en el cumplimiento de su programa en el sentido de que “ampliar el uso del Club de Campo al ciudadano de a pie, usado históricamente por la aristocracia no es un plan urgente, pero sí algo que se llevará a cabo. Primero debemos estudiar la situación jurídica y económica del Club, que, como es conocida, no es muy buena”.

Como casi todo lo que hacen los políticos, el proyecto tiene trampa. Porque no se trata de “abrir el Club de Campo a los ciudadanos de a pie”, como se dice, sino de ir contra el deporte del golf, como hacen tantos ignorantes que no ven lo que no quieren ver. Porque no van a cerrar las instalaciones de padel, ni de tenis, ni de hockey –donde acaba el equipo del Club de obtener un título femenino de Liga, como se dice bajo estas líneas.

UN PROYECTO CONTRA EL GOLF Y LOS GOLFISTAS

No, contra lo que se va es contra el golf y los golfistas porque quieren convertir el campo en “Granja escuela”. ¿Y qué pasa con la hípica? Como son muy amantes de los animales, en lugar de destinarlos a competir en Concursos de Saltos, los dejarán para que muevan la noria de la Granja Escuela, una vez que volvamos al pastoreo y la labranza, que es lo que preconizan estos falsos progresistas. Líneas abajo propongo a los “ahoramadridistas” lo que hacer con los caballos de la zona de hípica.

Millones de jugadores en todo el mundo, gran parte de ellos jubilados -claro, “aristócratas históricos” jubilados- que, en lugar de estar en los asilos tomando el sol y aparcados hasta morir, tienen el valor, las ganas y la necesidad, de acudir a jugar nueve hoyos –o dieciocho si se tercian- todas las veces que pueden… y consiguen hora para jugar, lo cual está muy difícil debito al abarrote -perdón, mejor decir “petao”- que es la palabra que utilizan los modernos.

Cada vez son más los jugadores que practican el deporte del golf, sobre todo en los Estados Unidos –claro que ese no es buen ejemplo para los ahoramadridistas-. Pero lo que ni sospechan estos ignorantes es que en Asia es un deporte emergente, con los coreanos, del Sur claro, porque los del Norte andan en otras guerras que, quizás, sean más afines a estos falsos progres, en cabeza del golf profesional en todo el mundo y con los chinos, sí, los chinos, con un número de jugadores que crece sin cesar y allí nadie se rasga las vestiduras.

El campo de golf, recorrido negro, del Club de Campo, es una instalación magnífica, que incluso podría haber sido sede de los Juegos Olímpicos si se hubieran concedido a Madrid en 2020. Y la Ryder, que no llegó a ser, podría haber tenido también un escenario en este campo, si los políticos y los progres que estaban en contra en la capital de España y que ahora suspiran porque la Ryder llegue a Cataluña, a Gerona y a Barcelona, en 2022, no hubieran metido la pata entonces, como la quieren meter ahora.

UNA “PARTIDA ARISTOCRÁTICA”

Voy a contarles cómo es la partida aristocrática que yo juego en el Club de Campo cada vez que se consigue una hora para cuatro personas: un jubilado del BBVA, un médico de familia, a punto de jubilarse, un votante de Podemos, con dos hijos en diferentes ejecutivas del partido, y yo mismo, periodista jubilado que escribe esta web por “terapia ocupacional”. No digo sus nombres y apellidos porque no les he pedido su autorización: pero todos tienen nombres, dos apellidos y carné de identidad, y pagan sus cuotas cada seis meses.

Hay otro ilustre periodista, maestro de articulistas, que se llama Raúl del Pozo, que vela por su salud cada fin de semana y juega al golf, eso sí, en buggie -que eso estará más penalizado todavía-, porque es un aficionado y poco sospechoso de ser un aristócrata histórico.

Por supuesto, algún aristócrata habrá. ¿Hay que despojarles del título para dárselo a un buen republicano? ¿Hay que quitárselo también al Duque de Suárez y a don Vicente del Bosque? Cuando puedan, háganlo con arreglo a la ley y si España se convierte en una República, democrática, claro, entonces el título ya no le va a servir ni a Felipe VI.

En cuanto a los caballos, además de amarrarlos a la noria para sacar agua del pozo, regar los huertos y dar de beber a los animales de la Granja, hay otra posibilidad -solo es una idea- que ofrezco de forma altruista, a doña Manuela y compañía.

CIMARRON EN EL CLUB DE CAMPO

Si han visto la película “Cimarrón” -y si no lo han hecho dense prisa porque los progres quieren quitar los western de Telemadrid, para fastidiarles la siesta a los jubilados que se duermen tan ricamente entre “tiros históricos”- sabrán que el protagonista, Glenn Ford, y su mujer, María Schell, participan en una inhumana carrera para hacerse con parcelas gratuitas en el lejano Oeste. Naturalmente van a caballo, en carreta, a la carrera, o como uno buenamente podía. La cinta fue dirigida por Anthony Mann en 1960, y es un remake de la que se hizo en 1931, basada en un libro de Edna Ferber, publicado en 1929.

Como en el Club de Campo no hay carretas, pero sí caballos, propongo a doña Manuela y compañía, que esos caballos de saltos, que ya no van a servir para nada, los pongan a disposición de aquellos madrileños que quieran conseguir una parcelita en el “inmenso campo de golf”, para plantar sus frutas y hortalizas y venderlas al costo, a mayor gloria del bien común.

Después, los caballos quedarían sueltos para que corrieran, y saltaran, a sus anchas por el “inmenso” y destrozado campo de golf y se convirtieran en verdaderos cimarrones, que son los animales domésticos -y el caballo podría considerarse así- que se escapan de sus dueños, o son soltados por sus amos, y se asilvestran y se convierten en eso, en cimarrones.

LA IGNORANCIA ES MALA CONSEJERA

Sí, es mala consejera la ignorancia, pero peor aún es utilizarla para engañar al prójimo a base de medias verdades y tópicos como lo de que el CCVM ha sido “históricamente usado por la aristocracia”.

¿A qué aristocracia se refiere doña Carmena? ¿Quizás a la que está enfrente del Club de Campo, en el Real Club de la Puerta de Hierro, donde las puertas sí son de hierro y no como en el CCVM, donde el único problema es que no caben más de los que son?

De los 27.000 abonados del Club de Campo, el porcentaje de “aristócratas históricos” debe de estar en un porcentaje tan bajo, como en cualquier otro sector de la sociedad.  Nueve mil aficionados al golf juegan en su “inmenso campo de golf”, como aseguran los ignorantes que han participado en la propuesta del programa de “Ahora Madrid”.

Y es que desconocen -porque no lo saben, como dirían en mi pueblo, que es Madrid, ahora y siempre- que un campo de golf no es inmenso, sino un espacio deportivo con unas dimensiones determinadas, acordes a un reglamento, donde se practica un deporte olímpico, con una historia que esa sí sería aristocrática si se le diera a la palabra un significado que no fuera peyorativo.

Y es que, con escasa tradición en España, hemos tenido un genio como Severiano Ballesteros o como Chema Olazábal, o como Sergio García, o como Miguel Ángel Jiménez, ninguno de ellos aristócrata, sino hijos del pueblo -esos de “a pie” como dicen los de doña Manuela que mantienen su falso progresismo con lenguajes ya superados- que han conseguido llegar desde muy abajo, a la cima deportiva mundial, gracias a su propio esfuerzo.

LOS “ARISTÓCRATAS HISTORICOS QUE SE FUERON

Si en algún momento hubo “aristócratas históricos”, se fueron del Club de Campo, entonces Real Sociedad Hípica Española Club de Campo, cuando el viejo profesor, don Enrique Tierno Galván, héroe para algunos, villano para otros, “abrió las puertas del complejo deportivo para que entraran los madrileños que lo solicitaran”. Hasta entonces lo disfrutaban solo unos pocos, muchos de ellos militares del Cuerpo de Caballería, que tenían en la Hípica, que daba nombre al Club -entonces muy importante en el Ejército, con Yeguadas Militares incluidas-, un coto reservado. Al abrir la mano don Enrique, un nutrido grupo de “aristócratas históricos” se marcharon del CCVM y crearon su propia “Real Sociedad Hípica Club de Campo” muy cerca de la zona deportiva del  RACE (Real Automóvil Club de España) en la salida de Madrid por la carretera de Burgos.

Desde entonces, época en la que el periodista que suscribe se apuntó en la lista de entrada y consiguió, esperando la cola, como debe de ser, acceso al nuevo y denominado, a partir de aquel momento, Club de Campo Villa de Madrid, el número de abonados ha crecido notablemente y esos “ciudadanos de a pie” ya están dentro.

Por supuesto sigue habiendo lista de espera, pero es que ya no cabe un alma más. Pero lo fácil es “hacer del Club de Campo, una ampliación de la Casa de Campo”, cuando lo lógico sería ofrecer, ya que hay tanta demanda, más ofertas como las existentes, creando un CC en cada salida de Madrid: norte, sur, este y oeste… por lo menos.

LA ENVIDIA SIGUE SIENDO TIÑA

Igual que en las democracias funciona la fórmula del “quítate tú para ponerme yo” y en ninguna se ha descubierto la manera de hacer trabajar a los políticos en una sola dirección, la del bien común, porque si no se le pusieran piedras en el camino de los que gobiernan, nunca llegarían al poder los de la oposición; en el caso del CCVM pasa lo mismo. “Que se vayan los que están, para ir nosotros”, cuando la manera de arreglar el problema es ofrecer nuevos complejos deportivos en otras zonas de Madrid.

En el Club de Campo hay 9.000 jugadores de golf aficionados con licencia: el diez por ciento de las personas que tienen licencia federativa. ¿Qué van a hacer con ellos los de “Ahora Madrid”? Como son/somos “aristócratas históricos” habrá que echarlos a la calle. En los últimos meses han entrado cerca de 3.000 familias que han pagado religiosamente –perdón por lo de religiosamente, pero no es con segunda intención- una entrada de 3.000 € que, por supuesto, doña Manuela no tiene intención alguna de devolver.

Dice los “ahoramadridistas”, que no madrileños, que el tema del CC no es urgente, pero que se va a hacer porque “primero debemos estudiar la situación jurídica y económica del Club, que, como es conocida, no es muy buena”. ¿En qué quedamos: antes de estudiar la situación jurídica y económica, ya saben que ·no es muy buena como es de todos conocido” Pues si la conocen ya, ¿por qué tienen que estudiarla?

TRES MILLONES DE BENEFICIO EN EL ÚLTIMO AÑO

Alfonso Segovia, gerente del Club de Campo Villa de Madrid desde hace tres años, explicó durante una visita acompañando al equipo de Hockey femenino del Club de Campo, ganador de la Liga, el martes 26 de mayo, a la alcaldesa saliente, Ana Botella, que la situación económica del Club no es deficitaria:

“En el último año, aseguró Segovia, hemos logrado tres millones de beneficios. Cuando llegué, se debían varios millones en concepto de IBI atrasado pero nos pusimos al día». Respecto al uso aristocrático de las instalaciones explicó: “en los últimos años se retiraron todos los privilegios a aquellos que usaban las instalaciones sin pagar: futbolistas, periodistas afines, políticos… y en los últimos tres años -previo pago de 3.000 euros a fondo perdido y 730 euros de cuota de mantenimiento anual-, hemos admitido a 3.000 abonados y a sus familias. También hemos abierto al público las escuelas deportivas. De hecho, muchos antiguos abonados, que no son socios porque no se trata de una acción que se pueda traspasar como en otros clubes, se quejan de que hemos abierto demasiado el acceso. Entre semana, cualquier persona puede jugar al tenis por 14,80 euros».

Y a pesar de que el propio presidente del Club, José Manuel Berzal, concejal del Ayuntamiento de Madrid, ha asegurado que “el Club de Campo no le cuesta un euro a los madrileños” y manifiesta su intención “en caso de que fuera necesario”, de crear una plataforma para defender los intereses de los abonados del Club de Campo.

Mientras, los “ahoramadridistas” insisten en que “dentro del convenio firmado hay cosas extrañas”, en referencia al abono, por parte del Ayuntamiento, de cuatro millones de € por el uso del estanque de tormentas situado en el complejo y que según el gerente del campo son el pago de “los daños que se causaron al club durante el tiempo que se estuvo construyéndose el estanque”.

El Club de Campo Villa de Madrid, donde hay 250 empleados, tiene una concesión del Ayuntamiento hasta 2025 y su gestión corre a cargo de una sociedad mixta compuesta por tres socios, el Ayuntamiento de Madrid, con el 51%, Patrimonio Nacional con el 24,5% y la Real Sociedad Hípica Española Club de Campo con otro 24,5%”.

No es posible comentar.