Opinión

El Rey que “no quiso” superar a Tiger, reta al Número 1

 

 

(En la imagen, Jordan Spieth se coloca la Chaqueta Verde de Augusta, con la ayuda de Bubba Watson).

 

Terminó con 18 bajo par del campo e igualó el récord de golpes que estaba, y sigue, ahora compartido, en poder de Tiger Woods. Jordan pudo bajar de los 270 golpes… pero no quiso.

Aunque no fuera su idea, en Estados Unidos se ha convertido en el Rey del Golf, en el continuador de la era dorada de Tiger Woods. El tiempo dirá si Jordan Spieth será el sucesor de Tiger, ese Mesías golfístico que estaban esperando los aficionados de todo el mundo, tras la “deserción obligada”, al menos por el momento, del que fuera número 1 del ranking durante tanto tiempo.

Y en especial eran los norteamericanos los que necesitaban un héroe para sustituir a otro: más de once millones de jugadores que son los que han convertido a este deporte en uno de los más importantes del mundo y, desde luego, el más numeroso en cuanto a practicantes se refiere.

Porque si el fútbol, por ejemplo, mueve a millones y millones de fans, el golf mueve millones de practicantes en todo el mundo. Está claro que el golf no tiene seguidores, excepciones aparte, porque casi todos los amantes del golf, son practicantes del deporte, a diferentes niveles, claro.

Pero desde la caída de Tiger en 2009, el golf había sufrido un descenso de popularidad y, consecuencia de ello, y de la crisis económica, de penetración en el mercado deportivo. En los Estados Unidos, lo más notable ha sido la caída de espectadores en los torneos televisivos en los que no estaba Tiger Woods. A pesar de esos seis años durante los cuales se ha arrastrado por casi todas las competiciones en las que ha participado, los canales de TV suspiraban por transmitir pruebas en las que Tiger estuviera presente.

Un buen ejemplo es la subida de espectadores de esta edición 2015 del Masters, en la que la audiencia televisiva subió espectacularmente, a pesar del convencimiento general de que Woods no estaba en su mejor momento y que reaparecía después de varios meses en el dique seco.

Pero todos esos espectadores que se sumaron al atractivo de Tiger, ya han sido conquistados por el nuevo Rey del Golf, el joven texano de 21 años y ocho meses, que ha ganado un Major con cinco meses más que Woods. Tras ellos, Seve y Nicklaus, que conquistaron su primer Grande a los 23.

Jordan Spieth, el nuevo héroe del golf americano, no solo es un espléndido deportista, sino que es un espejo del “modo de vida americano”, en el que muchos de ellos no se ven cuando se miran, pero que la mayoría quisiera ser.

Joven, alto, bien parecido, blanco, en contraste con el gran Tiger… y de apariencia absolutamente normal. Al menos eso se desprende de su comportamiento en el campo de golf, que suele extrapolarse a su forma de ser en la vida, o viceversa.

Ni un solo mal gesto, incluso en los momentos malos, que los hubo, aunque no mucho durante los cuatro días del Masters, sobre todo con el approach; sonriente, respetuoso con sus rivales y con el público y buen conversador en todo momento con su caddie, otro personaje sonriente en el que, según parece, el joven texano se apoya constantemente… y no es para menos. Su caddie, precisamente, ha aportado una buena parte de sus conocimientos al éxito de su pupilo. Sí, porque Jordan, en el colegio de los Jesuitas, en Texas, donde estudió de pequeño, tenía como profesor a Michael Greller, que le enseñaba matemáticas, entonces, y que ahora, a sus 37 años se ha convertido en su caddie sonriente -y millonario, por supuesto-, como hacía durante su etapa de magisterio, con los jóvenes golfistas amateurs.

Fuerte mentalmente como es Jordan, para empezar ha igualado a Tiger en años, pero no le ha quitado el mérito por unos meses. También ha empatado con él en golpes para ganar el Masters. Después de cuatro jornadas, con -18, y 270 golpes.

Y a punto estuvo de hacer 269 y enterrar el récord de Woods. Pero su mente le impidió enterrar también el recuerdo de Tiger. Pudo embocar el putt de par en el hoyo 18 y, teniendo en cuenta cómo pateo durante las cuatro rondas, en Augusta, todo indica que, si se hubiera concentrado algo más, el putt de récord hubiera entrado.

Es cierto que era un momento de nervios y de algo de emoción. No mucha, no de lágrimas como las de, sin ir más lejos, las de su antecesor, Bubba Watson, que es quien le ayudó a colocarse la Chaqueta Verde.

Hasta en eso, el nuevo Rey del Golf es normal. No hizo alardes innecesarios, ni cuando embocó el putt del triunfo. Todo un gesto no hacer gestos innecesarios, ni para celebrar un triunfo, ni para justificar una derrota.

El deporte en general, y el golf en particular, debe dar la bienvenida a esta nueva figura emergente de la que se espera mucho. Ahora bien: hay que ayudarle a que se conserve como es y los medios de comunicación tenemos que ayudarle para que lo consiga.

Pero que nadie se llame a engaño, Jordan quiere ser el número 1, y el hecho de que no superara el récord de Tiger y que solo se conformara con igualar al maestro de los 14 Majors, no significa que se vaya a encoger ante los próximos retos a los que se enfrentará en el futuro.

Simplemente, ha querido ser respetuoso con el pasado y para el texano, Woods, a sus 39 años, ya es el pasado.” Lo que quiero ahora, ha dicho, es enfrentarme a Rory McIlroy, que es el número 1, a ver qué es lo que pasa”. Por supuesto, no voy a poder enseñarle la matrícula con el driver, así que tendré que buscar otras fórmulas para intentar ganarle”.

Y así lo va a hacer, a buen seguro. No será por falta de horas en el campo y en la cancha de prácticas, confirmadas por su alopecia galopante que, como a Martin Laird, el escocés que no sale de la PGA nada más que para ir al Open, si es que se clasifica, lleva trazas de dejarle calvo en pocos años. Y si tiene que cuidar su swing, también tiene que hacerlo con su físico, ya que los aficionados, sobre todo los que están delante del televisor, se acostumbran no solo a las buenas formas, sino a las buenas apariencias. Es lo que hay.

 

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