Opinión

Jhonattan Vegas, Hugo Chávez… y Fidel

(En la fotografía, Fidel Castro practicando el deporte del golf en Sierra Maestra, durante los días previos a la Revolución Cubana)
Venezuela es un gran país, en todos los sentidos, con un pequeño reyezuelo al que llaman presidente, y que no es sino un “presi/dicta” que se permite el lujo de reírse de los jugadores de golf, a los que dicen que “son tan flojos que ni caminan les llevan en un carrito”. Sobre ser un mal presidente -ahí están sus decisiones dictatoriales que convierten su presidencia electa en una dictadura- es un político populista de una ignorancia enciclopédica, cuyas palabras acerca del deporte del golf no molestan, porque solo ofende quien puede, y no quien quiere.
 
Lo malo de todo esto es para quienes lo sufren en sus propias carnes. Me refiero a los golfistas venezolanos que, ahora, al menos, tienen la alegría de poder festejar -si no lo prohíbe por decreto el señor dictador- la victoria de un joven compatriota, criollo por más señas, de 26 años, kiniesiólogo y golfista por la Universidad de Texas, que ha conseguido hacer historia para su país, en un deporte que practican millones de personas en todo el mundo, incluso en China, donde pequeños puede que sean, aunque la raza amarilla ha mejorado mucho, pero burgueses no creo.
 
Claro que también es posible que, para cargarse de razón, el “presidicta” prohíba el regreso a su país al joven Jhonattan Vegas, que mide 1.90 metros, que es un armario en el mejor sentido de la palabra, por lo grande y robusto, por haber tenido la desfachatez de dejar al “presidicta”  en calzones, después de haber rajado tanto.
 
A ver cómo le dice el “presidicta” a Jhonattan, un chaval que proviene de las clases más humildes de Venezuela, que empezó a jugar con un palo y una piedra y que. gracias a su habilidad y a su capacidad de trabajo consiguió una beca para estudiar kinesiología y jugar al golf en la Universidad e Texas,  que el campo de golf donde él aprendió a jugar ya no existe porque el jefe ha mandado construir “viviendas sociales” sobre sus fairways, sus roughs y sus greenes;  como si no hubiera suficiente sitio en el enorme predio venezolano donde construir todos los edificios o "viviendas sociales" que se quiera.
En los últimos años, Chávez ha expropiado siete campos públicos de golf… y a los privados les quedan tres telediarios de los venezolanos, hechos a mayor gloria del dictadorzuelo.
 
Porque Chávez la tomó rápidamente con los campos públicos… nada más aprobar la ley de Tierras Urbanas, el año 2009. De los privados, por ahora nada, pero que se aten los machos porque ahora, con más motivo, teniendo en cuenta que son un “hervidero de pequeños burgueses que van en carrito” y que algunos hasta pueden llegar a ganar un torneo en los Estados Unidos, el peso de la Ley caerá de inmediato sobre las Casas Club que se convertirán en huertos o en pistas de petanca, para anunciar sus “viviendas sociales” como edificios con zonas que son una aportación al deporte mundial.
 
Precisamente, Jhonattan Vegas, que lo primero que hizo cuando levantó el trofeo del Bob Hope Classic en California, fue acordarse de Venezuela y enarbolar su bandera, también recordaría  lo mal que lo están pasando los golfistas y lo cierto es que si el golf es un deporte burgués y de clases altas, es solo por la estulticia de los gobernantes que no crean campos públicos para que puedan practicarlo las personas con menos posibilidades económicas.
 
Venezuela es un país enorme, sin problemas de agua para el riego de los campos, con montones de niños que juegan en las calles sin poder prácticar deporte alguno… y mucho menos el golf, si había siete campos públicos y precisamente son esos los que han desaparecido por obra y desgracia de un decreto personal.
 
LAS  RAZONES DEL LOBO
 
"Pero cómo vas a dejar ahí, en pleno Paseo de la Avenida de las Delicias, 30 hectáreas para que un pequeño grupo de pequeños burgueses vayan a jugar al golf”. Así se refería Chávez a un campo de nueve hoyos -porque en treinta hectáreas no caben más- que había en pleno centro de Caracas. Pues dejándolo para que sirva de pulmón a la ciudad, igual que hay parques públicos, lo mismo puede haber campos de golf públicos en los que los niños empiecen a practicar.
 
Si en lugar de cerrarlos, abriera campos públicos de golf, sería posible que salieran más Johnattan Vegas que fueran a Estados Unidos a ganarles los trofeos a los norteamericanos… Pero, claro, Vegas no es un buen venezolano porque juega al golf… que es un deporte de burgueses… Y Venezuela no está por la labor, el presidente solo quiere que haya súbditos y los burgueses suelen ser ciudadanos.
 
LOS QUE VAN EN CARRITO…
 
El golf, entre otras cosas, es el deporte de la vejez. El desconocido -para Chávez y séquito- Tom Watson, a los sesenta años, fue segundo en el Open Británico, el mejor torneo profesional del mundo del golf. Y cada mañana, en todos los campos del mundo, personas de sesenta años de edad y mayores, incluso,  jubilados, despreciados por la sociedad que comete su particular appartheid contra ellos, practican un deporte que les devuelve salud y vida competitiva todos los días del año. Pero claro, los políticos prefieren que los viejos estén en el asilo o en los bancos de las plazas ciudadanas, tomando el sol mientras espera que les llegue su hora de salida… no hacia el tee del uno, sino de subir a la cubierta de la Barca de Caronte.
 
FIDEL Y EL CHE, GOLFISTAS
 
Cuando estaban preparando la Revolución en Sierra Maestra, tanto Fidel como el Ché Guevara, que llegó a ser un buen golfista, según declaraciones de su padre, mataban parte del tiempo que pasaron esperando el momento oportuno para entrar en La Habana y destituir al dictador por una monarquía absolutista y hereditaria, jugando al golf. Y ahí están las muchas fotos, una de las cuales ilustra este artículo, practicando el deporte favorito… de los americanos y de millones de personas en todo el mundo, incluido los países asiáticos que, cada vez, tienen más practicantes. Un deporte que, incluso, ha sido admitido para jugarse de manera oficial, en los Juegos Olímpicos de Brasil, donde tampoco se practica mucho, pero donde están ya preparando los campos para la competición.
 
No hay nada como ignorarlo todo para dedicarse a la política. Y cuanto peores son, más fácil es que resulten elegidos  presidentes de Gobierno. ¡Qué pena!
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