Opinión

Adiós a Tomás Martín Blanco: el ejecutivo que mató a la estrella de la radio

A propósito de esas declaraciones de Gonzalo Fernández Castaño durante el desarrollo del torneo Vivendi (exSeve trophy) dirigiéndose al Presidente del Gobierno, nuestro director Basilio Rogado escribió un espléndido artículo del que quiero ahora destacar dos cosas.
La primera es que ese no era el momento de hacer tales de declaraciones. El uso de la libertad de expresión, sagrado, debe hacerse en el marco adecuado, y segundo que Gonzalo, un jugador con un presente excelente pero con un futuro aún mejor, quizá se ha precipitado en su incursión en el mundo de la empresa.
Esto no deja de ser un punto de vista que, por supuesto puede estar equivocado. Cuando se cumplen años, a poco curioso que seas durante el transcurso del tiempo, seguro que se recuerdan un sin fin de casos en los que el fracaso llegó por precipitación.
Ha muerto Tomás Martín Blanco. Es muy posible que su nombre no les diga nada, salvo que sean jóvenes de los años sesenta y aficionado a la Radio.
Tomás fue heredero directo de todos los conocimientos de los grandes pioneros: Bobby Deglané, José Luís Pecker, Antonio Calderón, Vicente Marco… Trabajó con todos ellos y de todos aprendió. No fue un innovador, no fue un revolucionario pero fue un perfecto adaptador de toda esa sabiduría recibida. De cualquier manera sí escribió importantes páginas de la historia de la Radio
Supo ver la evolución de una generación que, saliendo de la adormecedora dictadura, mostró su decisión de buscar su razón de ser, su puesto en la sociedad, su personalidad, su manera de decir ¡basta! y romper con el adoctrinamiento oficial.
El arma de esa generación fue la música y Tomás supo hacer El Gran Musical y El Trotarritmos  dos espacios radiofónicos líderes del género.
Era un presentador perfecto, con gran voz, buena presencia y una considerable cultura. Era licenciado en Derecho.
Formó pareja microfónica con locutoras de la categoría de Alicia López Budia o la trágicamente desaparecida, en plena juventud, Luisa Fernanda Martí.
Pero Tomás, quizá, se precipitó al buscar y conseguir, antes de tiempo, un puesto de ejecutivo. Mientras fue director de Programas Musicales de la Ser, siguió delante del micrófono y fue el impulsor, junto con su equipo, de Los 40 principales pero cuando alcanzó la Jefatura de Programas mató a la estrella.
Fue una verdadera lástima que no continuara en el micrófono porque hubiese creado escuela.
Cuando estaba en México como Director de la Agencia EFE conocí al Corresponsal de la Agencia Associated Press, la potente AP. Era mucho mayor que yo y ese era su último destino antes de su jubilación. Había sido corresponsal en varios países de Europa, Asia y América. Tenía un currículum de cuarenta años de frenético ejercicio profesional.
¿Y cómo sigues siendo corresponsal? -le pregunté con mi mentalidad empresarial española- con tu historial tenías que ser, por lo menos, Vicepresidente de tu empresa.
Porque yo no quiero, gano mucho más dinero que mi propio Vicepresidente y haciendo lo que me gusta– me respondió.
Ese es nuestro problema, que para ganar más dinero y prestigio social es necesario el ascenso. Es nuestro país se produce mucho eso de llegar a la ineficiencia por la eficacia.
No digo con esto que Tomás Martín Blanco fuese ineficiente en el desempeño de sus cargos ejecutivos, todo lo contrario, pero sí mató con ellos a la gran estrella de la Radio que fue y que pudo ser, mas aún, Tomás Martín Blanco.
Para él, nuestro recuerdo.
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