Opinión

El dedo índice

El dedo índice
Por José Luis Valenciano
Cualquiera que lleve algún tiempo jugando al golf habrá tenido que soportar a un compañero-competidor-aconsejador.
No me refiero al “consejo” tipificado durante una competición como delito en las reglas de golf, sino a esa tan amigable como gratuita opinión ofrecida en el transcurso de una partida entre amigos.
Consejos del tipo de: “estás subiendo demasiado por dentro”, “el plano de tu swing es demasiado horizontal”, “no sacas las manos”, “paras el golpe”, “tu codo derecho está demasiado despegado del cuerpo”, etc, etc.
Cuando esa ayuda procede de un handicap bajo, vale que vale, se supone que algo sabe de esto, que es observador y que te quiere echar una mano, pero esa clase de jugadores no suelen ser muy locuaces, van a su bola, juegan, te compadecen, pero son conscientes de que el único que te puede ayudar es tu profesor.
Pero, ¿qué me dicen cuando el consejo viene de alguien cuyo golf es manifiestamente mejorable?.
Pues al hilo de esto voy a contar una anécdota que data de hace no menos de 25 años, que es tanto como decir de los albores de mi golf, de mi mejor época de membrillo.
Escenario: hoyo 3 de La Herrería en una deliciosa tarde de otoño, fechas antes del asalto inmisericorde de las recalcitrantes moscas escurialenses.
Actores: cuatro jugadores, es decir tres jugadores y yo.
Mi resultado en el hoyo 2, por entonces par cinco, me había relegado a salir el último en el siguiente tee.
Uno tras otro, los tres jugadores le arrean a la bola de tal guisa que las tres, tras un violento “slice”, van a parar al “out” de la derecha volando por encima de los árboles.
Esta escena, repetida tres veces, despertó en mí al “membrillo aconsejador” que entonces llevaba dentro gracias a la lectura de cuantas recetas se publicaban en las revistas de golf y con mi mayor aplomo acomodo mi bola en el tee y antes de disparar les encaro y les espeto:
-“Creo que la posición de vuestro dedo índice de la mano derecha en el “grip” es demasiado dominadora, no es conveniente tener ese dedo tan activo, en realidad se puede decir que ese dedo sobra, es prácticamente innecesario para hacer un buen “grip”
En ese momento Rogelio (así se llamaba uno de los jugadores) me mira, me muestra su mano derecha sin su dedo índice y me dice con sorna:
-“Fíjate si considero innecesario ese dedo, que yo me lo he cortado”.
No recuerdo si mi bola se fue también a hacer gárgaras, lo único que recuerdo fueron las risas de todos y mi firme propósito de no meterme jamás en camisa de once varas.
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