Opinión

La derrota de los vencedores

Al día siguiente de una cita electoral -política, se entiende- todas las partes buscan en los resultados finales, sean cuales sean, una parte positiva a la que agarrarse para sacar pecho ante su electorado. En las recientes elecciones europeas, ha vuelto a suceder. Unos, los que han ganado, intentan elevar su victoria al cuadrado y convertirla en un éxito que excede del ámbito en que se ha desarrollado. Otros, los que han perdido, no asumen la derrota, sino que la achacan a defectos exógenos: falta de motivación para ir a las urnas, escaso interés de la convocatoria, la crisis generalizada… para al final concluir que en toda Europa, el mejor resultado es el suyo.
En la guerra larvada que vegeta entre una institución y una empresa, ambas privadas, alrededor de un Circuito Nacional de Golf Profesional, es muy posible que ambas partes se consideren vencedoras, cuando el conflicto se encuentra en un punto muerto, al que no se le ve salida, porque falta la volunta de encontrarla.
De un lado la PGAe (Asociación de Profesionales de Golf de España) y del otro la empresa Match Golf andan a la greña por un quítame allá un montante de premios, por el prurito de decidir quien manda más en el aspecto deportivo de un campeonato y, en definitiva, porque la Asociación de Profesionales, que no es la organizadora de los torneos, pretende servirse de los patrocinadores que la empresa privada ha consolidado al cabo de una decena de años y que ha conseguido porque, en realidad, ese es su trabajo: organizar torneos de golf y encontrar el correspondiente respaldo económico para ello.
La PGAe, sin embargo, no creo que tenga como función principal la de organizar competiciones para sus asociados: entre otras cosas porque solo el diez por ciento -o puede ser el veinte, porque es un dato subjetivo, aunque no muy difícil de valorar- de sus miembros, están en condiciones de competir en pruebas oficiales, donde se necesita un nivel que gran parte de los profesionales de golf españoles, en su mayoría dedicados a la enseñanza, no alcanzan.
Si el espejo en que se mira es la PGA europea, ese es otro cantar. La PGA europea es una asociación de profesionales, pero de profesionales en competición, no de profesores de golf, lo que no es mejor ni peor, sino distinto.
Está claro que los profesionales que se dedican a la enseñanza son muy importantes para el futuro del golf, pero su nivel no tiene por qué ser el de un jugador que compita en torneos oficiales. Sin embargo, en la PGA europea, convertida en una empresa que busca sus patrocinadores y organiza sus torneos, para todos, absolutamente todos los jugadores que acceden al ranking oficial, la situación es bien distinta de la española.
Al final, después de transcurrido medio año de conflicto, el Peugeot Loewe Tour sigue su camino y ya va por su cuarto torneo. La decisión de la Junta Directiva de la PGAe de boicotear el Circuito, que lleva once años en funcionamiento y que es la envidia de muchos países de nuestro entorno, ha sido un fracaso. De los ciento cincuenta jugadores -números arriba, números abajo- que participaban regularmente en el Peugeot Loewe Tour (antes denominado con los nombres de otros sponsors) desde hace diez años, ahora los que participan son sesenta o setenta, lo que supone algo menos de la mitad de profesionales competitivos.
Hay profesionales de nombre que se han decantado por hacer caso a la asociación y boicotear el Circuito de Match Golf, como Santi Luna o Miguel Ángel Jiménez (que, al parecer, apoyan las decisiones de la Asociación), mientras que otros de su mismo nivel, como Juan Quirós, o José Manuel Lara, siguen acudiendo a la cita del Peugeot Tour.
Y a las pruebas me remito: el calendario del Peugeot Loewe Tour se ha cumplido hasta el momento y los resultados y la respuesta mediática es el mismo que si no existiera el boicot de la Asociación de Profesionales. En definitiva, lo que ha logrado la PGAe con su rechazo al Peugeot Tour es una escisión virtual entre los profesionales españoles que compiten regularmente. La mitad quiere el Circuito Peugeot Tour y la otra mitad -más o menos, que éstas no son unas elecciones políticas, sino una cuestión de dineros en tiempos de crisis- acepta las decisiones de la PGAe.
Mientras, el Peugeot Loewe Tour continúa su andadura y, hasta donde yo conozco, el boicot de la PGAe no le ha afectado lo más mínimo, ni en los resultados económicos, ni en la respuesta mediática. Claro que para ello, Match Golf ha tenido que recurrir a los organizadores y a los jugadores del Alps Tour que no han hecho ningún asco a incorporarse a un Circuito como el Peugeot Loewe.
Es más, lo que han conseguido en la PGAe es que sean setenta jugadores extranjeros los que vengan a jugar a España, no ya para quitar el sitio a los profesionales españoles, que eso sí sería para que protestara la PGAe, sino para ocupar las plazas que esos profesionales españoles no quieren por los motivos que sean, algunos ya explicados y otros que permanecen tapados y que, quizás, no sean tan honorables como los conocidos.
En el aspecto deportivo, por otra parte, la llegada de profesionales del Alps Tour, circuito satélite del Challenge Tour Europeo, único que tiene acceso directo para lograr la tarjeta para Europa, es una medida que beneficia el espectáculo y la competición, que buena falta hace para que los aficionados acudan a presenciar los partidos.
Total: el conflicto sigue y nadie, por supuesto la PGAe tampoco, quiere dar su brazo a torcer. Si los profesionales españoles piensan que darle la espalda al Peugeot Loewe Tour es todo un éxito, ya pueden presumir de una victoria de la que van a salir derrotados, sin ningún género de dudas.
Además, la PGAe también tiene ahora conflictos con la Real Federación Española de Golf. Abrir nuevos frentes hostiles cuando aún no se han cerrado los que están en pleno desarrollo, no es nada bueno. Más, si es con la RFEG, que esa sí es una institución fuerte, con la que, por supuesto, hay que enfrentarse cuando sea necesario. Pero la medida adoptada por la RFEG de no enviar árbitros a los torneos que organice la PGAe, no ha sido suficientemente bien explicada, o al menos, no comprendida en muchos sectores.
La solución, el diálogo. Es fácil decirlo, pero no es tan difícil poner manos a la obra. Lo que se necesita es encontrar un hombre/mujer bueno que sirva de mediador en el conflicto. ¡Ah! Y que no pertenezca a la RFEG, tal y como están las cosas. Que pongan manos a la obra y, sobre todo, que prevalezca el sentido común.
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