Opinión

El Golf de Oyambre, Ussía y los ecologistas “sandía”

Cuando, de pequeños, estudiamos religión supimos que los enemigos del alma eran tres, a saber: mundo, demonio y carne.
Hoy, mas que maduro y devenido en golfista, sostengo que los enemigos de golf también son (fundamentalmente) tres: el juego lento, las trampas y los ecologistas, esos señores que van por la vida arreándote en la cabeza con la ecología, asegurando (ex cátedra) que aquello que no les gusta es malo y dejando la carga de la prueba al que no opina como ellos, en definitiva “in dubio, contra reo”, justo al revés de como rige en el mundo del derecho.
Podría enfrascarme con mejor o peor fortuna en la tarea de demostrar mi afirmación anterior, pero plumas de mayor altura como la de Alfonso Ussía han dejado perlas como la titulada “Tostón sandía”, que se publicó recientemente en el diario “La Razón” y en la que se refiere a los “ecologistas sandía” y explica el apelativo: “muy verdes por fuera y muy rojos por dentro”. Se refiere Ussía a la manifestación de los ecologistas en Cantabria contra el Real Club de Golf de Oyambre “el más antiguo de la España penínsular, con más de cien años de existencia. Dicen los ecologistas que se manifiestan en defensa de las dunas. Llevan mucho retraso. Las dunas están ahí y han convivido con el golf más de un siglo”.
Escribe Ussía que “los ecologistas creen que el golf es un deporte de ricos y privilegiados y el objetivo de su desaparición es más ideológico que ecológico. Cerca del golf se levantan unos cuantos “campings” -añade Ussía- que desaguan sus porquerías en la playa de Oyambre, pero son intocables porque han llegado a la conclusión de que son establecimientos de esparcimiento y descanso de las clases desfavorecidas. Que le digan a un escocés que van a desmantelar St Andrews, también a la vera del mar, también rodeado de dunas, porque a un grupo de ecologistas se les ha agudizado el antojo”.
El parque natural de Oyambre tiene una extensión de más de 5.000 hectáreas, la mayor parte en el municipio de San Vicente de la Barquera, al oeste de Santander y a solo 25 kilómetros de Santillana del Mar. En Oyambre está representada toda la Cantabria litoral con acantilados, playas, dunas, rías, marismas, praderas, sierras y el espectáculo que enmarca todo este esplendor natural, que son los Picos de Europa.
Durante todo un siglo, el golf de Oyambre ha convivido, como lo hace desde menos tiempo, pero con igual armonía, el Golf del Saler con las dunas mediterráneas, con la naturaleza y con los animales que pueblan su habitat: garzas reales, gaviotas y bandadas de ánades migratorias, así como con la productividad biológica que asegura la riqueza marisquera y pesquera de todo el litoral próximo.
El golf de Oyambre cuida más del medio ambiente que las muchas zonas abandonadas, llenas de troncos muertos o de desperdicios que se encuentran en distintos lugares del parque. Pero, eso sí, otro de los temas por los que los ecologistas llevan treinta años dando la vara es, como explica Ussía “que los terrenos del campo de golf son de propiedad privada y ese es otro acicate para que los ecologistas se vuelquen en su contra”.
Y Ussía finaliza diciendo: “muchos lugareños, humildes propietarios de prados cercanos a la playa de Oyambre, han asumido que esos bienes mantenidos por sus mayores y heredados de sus padres, no valen nada. No pueden levantar ni una casa armónica con el paisaje porque los ecologistas se lo han prohibido. Y ahora, no contentos con ello, pretenden que desaparezca una instalación deportiva y ecológica-¿hay algo más ecológico que un campo de golf?- porque es un deporte de lugareños ricos y veraneantes acomodados. El peligro de los grupos de ecologistas “sandía” es que son muy pesados. Se lían con el tostón y no descansan hasta conseguir su objetivo. Por ahora, la sensatez de los gobernantes de Cantabria ha impedido la demagógica aniquilación del golf centenario. Pero solo por ahora”.
Palabra de Ussía. No me queda nada más que añadir.
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