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Miguel Ángel Jiménez, padre y maestro con los niños de Cudeca, en Valle Romano

 

La agenda de un campeón de golf que juega en los principales torneos profesionales de los Circuitos europeo y americano es sumamente apretada. Aún más, si se enfrenta, en unos días, a un complicado reto en el que comparte doble protagonismo: el de jugador y organizador del Open de Andalucía de Golf, que se celebra esta semana en el Parador de Golf de Málaga.
Aún así, Miguel Ángel Jiménez quiso realizar un parón para dedicárselo a los más pequeños y a favor de una causa benéfica. Fue el día del padre, 19 de marzo, y, como un padre más y a la vez maestro, “se enfrentó” a una treintena de golfistas de entre 3 y 9 años, que recibieron una clase de iniciación de mano del mejor profesor posible.
Este clinic para niños formó parte de la agenda de actividades del IV Torneo de Golf Benéfico Colegio Internacional Torrequebrada, que se celebró en Valle Romano y a beneficio de Cudeca, fundación sin ánimo de lucro, que ofrece cuidados y asistencia especializada a personas con cáncer avanzado y apoyo a sus familias.
En la cancha de prácticas de Valle Romano, los más pequeños disfrutaron de su momento especial de la mano de Jiménez: “Mirad -les dice- tenéis mucha suerte, porque estáis empezando a jugar desde muy pequeñitos y podéis llegar muy lejos. Yo empecé en el mundo del golf un poco tarde, con 15 años”.
En lo primero que insiste Miguel Ángel es en el grip, la manera correcta de coger el palo, y en la posición del cuerpo para hacer el swing. Se detiene con cada uno de los más de treinta pequeños que atienden la clase, y no los deja hasta que consiguen la postura adecuada y un golpe “casi” perfecto.
A la par, el maestro de golf les hace una demostración de golpes largos: “¿Hasta dónde queréis que llegue?”. “Hasta la luna, hasta un avión…”, contestan con las manos levantadas, pisándose la palabras unos a otros. Y… casi, algunas de las bolas superan la red de protección del campo de prácticas y se pierden por el monte.
La generosa participación de Miguel Ángel Jiménez no se quedó solamente en la clase de los niños. Regaló a la organización un banderín de la última Ryder Cup, en la que fue miembro del triunfante equipo europeo, firmada por todos los jugadores del mismo y que se destinó a una subasta benéfica tras la entrega de premios del torneo.
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