Gastronomía

Golf, mesa y mantel

 

 

 

 

A veces esto de jugar al golf nos depara sorpresas, afirmación de Perogrullo porque ¿cuál es el día en el que un pitching o un driver no nos da una sorpresa? Casi siempre desagradable, claro. Pero no, no me refiero a eso, sino a otras que tienen más que ver con la geografía o con la gastronomía.

En mis recientes vacaciones de verano figuraban en el calendario dos campos de golf nuevos para mí: Valle del Este y Aguilón, ambos en Almería. Y allí nos dirigimos (por fortuna somos dos golfistas) dispuestos a disfruta de una semana de sol, playa y golf, naturalmente.

Primera sorpresa, sobre la marcha y a punto de salir, decidimos, hacer dos etapas, con una parada en Albacete. Yo había ido una vez a Las Pinaíllas y de verdad que el campo me había gustado mucho. Era cuestión de confirmar esa impresión. Confirmado. El campo está en una condiciones inmejorables y el entorno es todo lo contrario a lo que uno se imagina del desolado paisaje manchego. Es notable comprobar cómo el golfista madrileño se desplaza hasta Valdecañas o Talayuela y va poco por Albacete, cuando este campo nada tiene que envidiar a cualquiera de los otros dos y la diferencia en tiempo es apenas de 30 minutos. Ah! Y además, el buffet de fin de semana es estupendo y barato. Parar en las Pinaillas, buena decisión.

Siguiendo viaje llegamos a Valle del Este. El hotel bien, sin alharacas, funcional, desayuno y cena más que correctos y golf, más o menos. No es especialmente barato ni siquiera para los clientes del propio hotel aunque es verdad que ofrecen varios paquetes de golf que salen más económicos que jugar un día o dos. El campo está bien pero tiene algunos inconvenientes. El primero, en verano el calor hace que las cuestas se sufran tirando del carro. Es buena decisión jugar en buggy. Si eres novato, esto es, no conoces el campo, de pronto en un hoyo no puedes encontrar el green. No lo ves. Puedes estar a treinta metros y no lo ves… El Caddie Máster tampoco te lo advierte así que pasas un mal rato intentando averiguar dónde rayos están el green y la bandera. Y finalmente, en esta ocasión era un poco más complicado jugar porque todos los tees estaban en obras: barro, tubos, mangueras, cables… bien es cierto que esto es circunstancial y a estas alturas ya estará solucionado. Así que aquí sorpresas pocas, excepto lo reseñado de los tees.

La otra sorpresa fue Aguilón, un gran campo. Claro que parece construido por la CIA o similar. Es complicado llegar si no llevas navegador y aún así, el puñetero instrumento te mete en una calle que no va a ningún campo de golf ni a ningún lado. Bueno, preguntando se va a Roma. Pero Aguilón no es Roma ni falta que le hace. Está muy cerca de San Juan de los Terreros, en Almería y de Águilas, en Murcia. A media hora de Águilas y a unos 20 minutos de San Juan. El problema nos decía uno de los responsables es que no los dejan poner carteles en la carretera anunciando el campo. Incomprensible cuando estamos hartos de ver lo contrario.

Este es un campo muy bonito, bien cuidado diseñado por Marco Martín y gestionado por Global Golf. A los jugadores de la capital les extrañará, como a mí, la hierba de los greenes: paspalum, muy diferente a lo que se estila en la meseta. No obstante la bola rueda perfectamente porque el mantenimiento del campo es francamente bueno. El paisaje espectacular, un mar de verde al pie de una pequeña sierra de perfil rojizo bajo un cielo azul brillante. Una pasada. Solo se le puede reprochar que no haya un lugar donde disfrutar de una buena comida. Existe un pequeño bar donde hay bebidas y te pueden preparar un bocata, pero hasta ahí.

El viaje aún nos guardaba una sorpresa más. Después del golf y en busca de manteles más propicios, nos fuimos a Garrucha. Sin conocer, nos dejamos guiar por el ojo. En este caso fue de águila. Justo frente al puerto pesquero, en el 64 del Paseo del Malecón, nos topamos con Casa Adriana, también llamada El Balcón del Puerto. Una antigua casa de familia transformada en bar restaurante. En verano te dan de comer en la terraza del primer piso. De entrada este eslogan: “cocina familiar con constancia y decisión”. Para alguien que junta letras aquello prometía.

Pedimos boquerones. Hacía mucho tiempo que no probábamos algo tan bien hecho. Frescos y fritos en sartén con tal mimo que eran una delicia. Bien es cierto que las raciones no son como las de mi tierra asturiana pero ni falta que hace, “la caló” del sur no demanda tanta energía como las humedades del norte. De aperitivo, una tarrina de buen alioli y luego unas tortitas de camarones de igual factura, en su punto y fritas con buen aceite. Un par de barros de cerveza y un café y a disfrutar de la brisa y de las vistas del puerto.

Pero, ¡ca!, todavía nos aguardaba otra sorpresa. Ésta, a medias gastronómica a medias humanística. Cuando disfrutábamos ya del café y la charla, un señor de edad suficiente para saber donde pisa y qué cosas dice, nos pide permiso para interrumpir. Se presenta como el dueño del local y, ante nuestro estupor, nos viene a ofrecer unas recetas de las que ofrecen a sus clientes en la carta. Por ejemplo: Cuajadera de pota al estilo de Garrucha o Ajo colorao con bollicos fritos al estilo del bajo Almanzora. Sorprendidos y divertidos las aceptamos gustosamente y puesto que el vicio de cualquier periodista que se precia es preguntar, disparamos una batería.

Ya se pueden imaginar… El personaje, ahora hostelero (es el padre del cocinero, Javier Foulquié), fue antes enseñante y da muestras de una erudición sobre la geografía, la historia y la sociología de la zona que, además de asombro mereció nuestra admiración y gratitud por una sobremesa tan sabrosa o más que las propias viandas. La charla duró tanto o más que la comida porque a cada pregunta surgía una respuesta interesante y el diálogo fue como una cesta de cerezas: una cuestión tiraba de la otra y de la otra, de la otra… Total charla, risas, preguntas y cumplidas respuestas convirtieron el almuerzo en lo más enjundioso de un viaje de golf salpicado de algunas sorpresas y de otros aconteceres que no lo fueron tanto.

Un poco más instruidos y llenos de agradecimiento por el condumio excelente y la nutritiva charla, nos despedimos de Juan Fulquié sin dejar de prometerle una nueva visita, para probar su ponderada Bocanegra. Y a fe que mereció la pena.

Y como de la pena a la alegría se pasa en golf en cero coma, la última alegría me llegaría en Burgos. En Lerma, como saben ya casi todos los madrileños que juegan al golf, hay un campazo que no se lo salta un hándicap cero. Pues bien, tuve la fortuna de jugar allí recientemente una graciosísima competición en la que el que gana es el que pierde: la Escozor Cup, que como su propio nombre indica premia el oprobio de quedar últimos.

El galardón lo disputan algunas de las cadenas de televisión de ámbito estatal: Televisión Española, Antena 3, Telecinco y Canal +. Este año, creo que lleva ya catorce ediciones, por primera vez en su historia, el equipo colista y, por tanto, merecedor de tan poco apreciado trofeo, por decirlo finamente, fue Canal +. Es precisamente el canal que posee los derechos de retransmisión del golf y, por tanto, cuenta en sus filas con verdaderos especialistas. O sea que, en su caso, si oprobio es ganar la Escozor, lo suyo es Oprobio+.

El equipo ganador resultó ser, por segundo año consecutivo, el equipo de Radio Televisión Española con su capitana al frente, Elena Jiménez, cuyo rostro les sonará a los lectores porque Elena se ocupa habitualmente de la información que tiene que ver con el baloncesto en TVE. En ese equipo formaba este modesto cronista formando pareja con Ángel Rodríguez, ex de RNE y recientemente jefe de prensa del Málaga CF.

Tras la competición y tras las chanzas a los ganadores/perdedores, todos tuvimos ocasión de disfrutar del hoyo 20, el 19 es el bar, como todo el mundo sabe. Allí, nos sirvieron un excelente cordero de la zona del que los fogones del Club de Golf de Lerma es un avezado y afamado especialista. ¡Cómo no vamos a amar este deporte! Nos permite hacer ejercicio, disfrutar del campo, compartir penas y alegrías con amigos y, definitivamente, gozar de la buena mesa. Así que, ¡¡viva el golf y los escoceses que lo  parieron!!

Direcciones y teléfonos

Golf Las Pinaillas, Ctra. de Requena, Cruce de Motilleja Km. 12; Albacete. Teléfono: 967 19 22 00. www.clubdegolflaspinaillas.com

Valle del Este, Avenida Valle del Sol, 04620 Vera, Almería. Teléfono: 950 54 86 00. www.valledeleste.es/

Golf Aguilón, Urbanización Mundo Aguilón, s/n, 04648 Pilar de Jaravía, Pulpí, Almería. Teléfono: 950 10 95 18, www.aguilongolf.eu

Club de Golf Lerma, Autovía Madrid-Burgos Km 195,5, Lerma. Teléfono 947 17 12 14. http://www.golflerma.es/

 

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